Italia detiene a un neonazi que preparaba una matanza de feministas y judíos
Un italiano de 22 años simpatizante de grupos supremacistas blancos fue detenido este viernes por asociación terrorista.
Detenido el presidente de una asociación antifeminista por intentar agredir a un guardia civil frente a la casa de Iglesias y Montero
Francisco Zugasti, presidente de la asociación Projusticia y conocido por sus reivindicaciones antifeministas, ha sido detenido por atentado a la autoridad tras intentar agredir a los guardias civiles que vigilan el domicilio del vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, y la ministra de Igualdad que le requirieron para que abandonara el lugar.
Arabia Saudí condena a una activista feminista a cinco años de prisión
Un tribunal de terrorismo de Arabia Saudí condenó este lunes a la destacada activista de los derechos de la mujer Loujain Al-Hathloul a cinco años y ocho meses de prisión.
La extrema derecha europea vuelve a oler a dinero público
La extrema derecha europea lleva años vendiendo una misma mercancía política: patria, orden, limpieza, soberanía y odio bien envasado para consumo electoral. Pero cuando se levanta la alfombra, lo que aparece no suele ser épica nacional. Aparecen contratos. Aparecen proveedores. Aparecen empresas amigas. Aparece, otra vez, dinero público. El 30 de junio, las autoridades francesas realizaron registros en Francia y en otros países europeos por la sospecha de malversación de fondos comunitarios en torno al antiguo grupo Identidad y Democracia, donde se agrupaban eurodiputados y eurodiputadas de extrema derecha de Francia, Países Bajos e Italia. La operación afecta también a España, Italia y Bélgica, según reveló Le Monde y confirmó la Fiscalía Europea.
La investigación no nace de un rumor ni de una pelea interna. Nace de un informe de la Dirección General de Asuntos Financieros del Parlamento Europeo que, en julio de 2025, señaló un posible gasto indebido de 4,33 millones de euros entre 2019 y 2024. Dinero asignado para el funcionamiento parlamentario. No para alimentar redes clientelares, ni para regar empresas próximas, ni para construir maquinaria partidista bajo envoltorio institucional. Según las informaciones publicadas, el grupo habría destinado fondos a asociaciones ajenas a su actividad y a contratos adjudicados sin licitación pública. Le Monde detalla incluso una posible división: 700.000 euros en donaciones sin relación con el grupo parlamentario y 3,6 millones de euros en contratos a empresas cercanas.
José Manuel Soto y el negocio del “no”: cuanto más ultra, más rentable
José Manuel Soto volvió a la televisión y volvió a hacer lo que ya forma parte de su personaje público: colocar una frase reaccionaria en horario de consumo masivo y esperar a que el incendio haga el resto. Esta vez fue en De Viernes, tras su paso por Supervivientes 2026, donde recuperó sus declaraciones sobre el consentimiento y la Ley del solo sí es sí. No para rectificar. No para matizar. Para insistir.
Años atrás, Soto escribió en redes que un “no” podía ser “un no”, pero también “un ya veremos” o un “cúrratelo un poco más, chaval”. Añadió otra frase todavía más reveladora: “Si un ‘no’ fuera siempre un ‘no’, muchos no hubiéramos venido al mundo”. La frase quedó ahí, como quedan tantas cosas en este país: flotando entre el chascarrillo machista, la nostalgia del señorito y la coartada de “solo era una opinión”. Pero no era una opinión cualquiera. Era una forma de negar el centro mismo del consentimiento.
El 28 de junio, en Telecinco, lejos de admitir que aquello fue un disparate, Soto volvió a la carga: “Eso fue cuando la Ley del solo sí es sí, que cuando una mujer te dice que no, es que no. Y eso no es así”. Después remató la faena: “Hay veces que una mujer te dice que no y al siguiente día te dice que sí. En ese momento, no. Pero tú sabes perfectamente que las mujeres cuando te dicen que no, a veces te están diciendo: ‘Cúrratelo un poquito más’”. Ahí está el problema. Entero. Sin maquillaje.
Siempre es igual: tocar poder para cobrar más
Siempre es igual. Llegan hablando de “gasto político”, de “burocracia”, de “chiringuitos”, de “administración elefantiásica”. Llegan con la motosierra en la boca y la calculadora en el bolsillo. Pero cuando pisan moqueta, la motosierra desaparece. La calculadora, no. La calculadora sirve para otra cosa: para repartir cargos, levantar nuevas direcciones generales, abrir despachos, colocar nombres y convertir la promesa de austeridad en una nómina pública más abultada.
El segundo Gobierno de coalición de PP y Vox en Castilla y León no ha venido a adelgazar nada. Ha venido a ocupar. El 29 de junio, en un Consejo de Gobierno extraordinario que ni siquiera fue comunicado previamente, el Ejecutivo de Alfonso Fernández Mañueco aprobó una nueva estructura autonómica que rompe su propio techo: por primera vez, los altos cargos superarán el centenar. La derecha que decía venir a desmontar el “gasto político” acaba de construir una administración con al menos 105 personas en la cúpula: presidente, vicepresidenta, diez consejeros y consejeras, once viceconsejerías, diez secretarías generales, 63 direcciones generales o cargos asimilados y nueve delegados territoriales.
De la Espriella y la nueva pinza ultra sobre América Latina
Abelardo de la Espriella todavía no ha tomado posesión y ya se mueve como lo que es: una pieza más de una red reaccionaria que ha entendido perfectamente el momento. Su investidura será el 7 de agosto, pero el alineamiento empezó antes. El 21 de junio, tras ganar la segunda vuelta en Colombia, el abogado ultraderechista empezó a recibir felicitaciones, llamadas, guiños y bendiciones políticas de una constelación que no se improvisa. Trump al fondo. Vox al lado. Ayuso sonriendo desde Madrid. Noboa en Ecuador. Mulino en Panamá. Fujimori en Perú. Y Lula como excepción incómoda en Brasil.
No es diplomacia. Es bloque.
La operación tiene una estética conocida: seguridad, libertad, democracia, desarrollo. Palabras grandes para tapar una política pequeña: más frontera, más policía, más mercado, más subordinación a Washington. La ultraderecha ha aprendido a hablar como si defendiera pueblos mientras prepara gobiernos para las élites. Le llaman recuperar credibilidad internacional. Quieren decir volver al redil. Le llaman aliados firmes. Quieren decir socios ideológicos. Le llaman lucha contra el narcotráfico. Quieren decir militarización con permiso de Estados Unidos.
Ester Expósito contra el ‘puritanismo rancio’: “Me parece hipócrita que se apropien de nuestro discurso para quitarnos libertad”
Ester Expósito se sentó el 24 de junio en el sofá de Henar Álvarez, en Al cielo con ella, y no fue precisamente para esquivar el asunto. La actriz abordó la polémica de la Casita de Bad Bunny, esa parte del escenario del cantante puertorriqueño en la que apareció bailando y que, por lo visto, ha servido para que media España descubra una nueva emergencia nacional: una mujer joven moviéndose como le da la gana.
Antes de entrar al barro, Expósito hizo algo bastante más honesto que muchas de las personas que la han señalado. Aclaró que la demanda de diversidad le parece necesaria. “Que se pida diversidad y cuerpos distintos de mujeres me parece maravilloso y estoy totalmente de acuerdo”, vino a decir. Queremos ver la realidad. Mujeres distintas, cuerpos distintos. Hasta ahí, ningún problema. El problema empieza cuando esa reivindicación se utiliza como coartada para montar otro juicio moral contra una mujer concreta. Otra vez. Siempre otra vez.
Tucker Carlson rompe con Trump: cuando el monstruo descubre que el imperio también lo devora
ucker Carlson no se ha vuelto progresista. Conviene dejarlo claro desde la primera línea para no caer en entusiasmos baratos. Tucker Carlson sigue siendo Tucker Carlson: un comunicador reaccionario, una figura central de la derecha dura estadounidense, un propagador de bulos, un arquitecto televisivo del resentimiento blanco y una de las voces que más ayudó a normalizar el trumpismo como espectáculo político. Pero que alguien así rompa con los republicanos dice mucho del nivel de descomposición interna del monstruo.
La ruptura se hizo oficial en una entrevista grabada el 18 de junio en el pódcast Can’t Be Censored. Allí, el antiguo comunicador estrella de Fox News lo dijo sin demasiada vuelta: “No voy a apoyarlos. No hay ninguna posibilidad de que lo haga”. No hablaba de los demócratas. No anunciaba una epifanía democrática. Hablaba del Partido Republicano, el mismo bloque político al que dice haber apoyado durante 35 años, el mismo aparato que lo convirtió en altavoz, símbolo y agitador.
Vox y sus patriotas de Bruselas: mucho gritar contra Europa y luego tocar la caja
La ultraderecha europea tiene un problema muy serio con el dinero público. Lo odia en los discursos, lo demoniza en campaña, lo llama despilfarro cuando sostiene derechos sociales, lo convierte en “chiringuito” cuando financia políticas feministas, climáticas o de memoria democrática. Pero luego llega Bruselas, aparecen las auditorías, se levantan las alfombras y la patria empieza a tener forma de factura, contrato opaco y subvención irregular.
El grupo Patriots for Europe, donde está inscrito Vox, tendrá que devolver 276.967 euros de fondos de la Unión Europea utilizados de forma indebida en 2024, según una auditoría del departamento financiero del Parlamento Europeo difundida por Politico y recogida por elDiario.es. No hablamos de un matiz administrativo perdido en la letra pequeña. Hablamos de donaciones impropias, incumplimientos de contratación pública y contratos concedidos mediante procedimientos irregulares.
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Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
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