Vídeo | Henar Álvarez retrata la hipocresía de la “libertad de expresión” en España: mucho llanto mediático y demasiados juzgados
“Hemos pasado de ‘no se puede decir nada’ a demandar monólogos, perseguir chistes y llevar humoristas a los juzgados mientras quienes controlan televisiones y periódicos se hacen pasar por víctimas.”
Henar Álvarez soltó en RTVE algo que mucha gente piensa y muy poca dice en prime time: que la supuesta “dictadura woke” es, en gran parte, una cortina de humo montada por quienes llevan décadas teniendo todos los micrófonos. Y claro, escuece.
Facu Díaz en tribunales. Quequé declarando por chistes políticos. Las seis de La Suiza condenadas por sindicalismo. LalaChus denunciada por una estampita. Monólogos feministas interrumpidos por cargos del PP porque alguien “se sentía incómodo”. Pero luego los que hablan de censura son los mismos de siempre. Los que nunca dejaron de ocupar platós, radios y portadas.
Y Henar lo resumió con una frase brutal: suena “como si Ana Rosa se quejara de que los alquileres están altos”.
El silencio de Zapatero deja al Gobierno atrapado en su propio desgaste
El problema no es solo judicial. Es moral, simbólico y político. Las y los ministros salen a hablar con una incomodidad visible, obligados a defender la presunción de inocencia de alguien que no habla y a proteger un legado que ahora queda sometido a una presión brutal. Félix Bolaños pidió en el Senado que se deje trabajar a la justicia y que no se condene a una persona que todavía no ha declarado. Elma Saiz defendió el “legado incuestionable” de Zapatero. Óscar López afirmó que sigue confiando plenamente en su inocencia. Todo eso puede sostenerse. Pero suena frágil cuando el protagonista principal guarda silencio.
Barceló, la SER de Oughourlian y el precio de poner la radio al servicio del poder
La SER ya no parece estar cambiando de voces. Parece estar cambiando de dueño político.
La salida de Àngels Barceló no es solo una noticia de radio. Es una señal. Cuando en una redacción empiezan las reuniones discretas, las órdenes sobre qué temas conviene bajar y las frases tipo “menos novio de Ayuso”, el problema ya no es de parrilla. Es de poder. De quién manda. De quién decide qué se cuenta y qué se tapa suavemente para no molestar demasiado. PRISA gira, Oughourlian aprieta y la SER se enfrenta a una pregunta incómoda: ¿sigue siendo una emisora con periodistas o empieza a ser una marca con instrucciones?
Los porqués de la sanción de 3 meses a Vito Quiles en el Congreso
No fue por preguntar.
Vito Quiles se queda 3 meses sin credencial de prensa en el Congreso. Y no, no es censura. Es el resultado de grabar sin permiso, perseguir a Zapatero por los pasillos, publicar imágenes consideradas obtenidas ilícitamente y acumular más de una decena de procedimientos abiertos por saltarse las normas. Lo que algunos llaman “libertad de expresión” empieza a parecerse demasiado a barra libre para intimidar. El Congreso no es un plató ultra. Y el periodismo no es una excusa para convertir el acoso en contenido.
Aznar vuelve a dar la orden: “el que pueda hacer, que haga”
Aznar ha vuelto a hacerlo.
25 segundos de vídeo, una frase y toda una forma de entender el poder: “el que pueda hacer, que haga”.
No dijo casi nada. Y lo dijo todo. Porque cuando Aznar habla de “hacer” no está pensando en la gente peleando por la sanidad pública, por la vivienda o por llegar a fin de mes. Está llamando a filas a quienes tienen influencia, contactos, despacho, toga, micrófono o dinero.
La derecha no necesita siempre gritar. A veces le basta con una contraseña.
Y esta vez la contraseña llega en plena tormenta por el caso Plus Ultra, con Zapatero imputado, Felipe González pidiendo elecciones y el bloque conservador oliendo sangre política. Viejos expresidentes, viejas redes, viejas ganas de mandar aunque no les toque.
La nostalgia es una trampa política para blanquear la desigualdad
La nostalgia también miente
Nos venden el “antes se vivía mejor” como si fuera una verdad de sobremesa. Pero ese antes tenía mujeres sin autonomía, trabajadoras y trabajadores sin derechos, personas LGTBI perseguidas, pobreza normalizada y silencio obligatorio. No era paz. No era orden. Era privilegio para unos pocos y obediencia para casi todas y todos.
El artículo va de eso: de cómo la derecha convierte la nostalgia en una trampa política para blanquear desigualdad, machismo y represión. Porque cuando alguien dice que quiere “volver atrás”, conviene preguntar algo muy simple: atrás, exactamente, para quién.
La guerra de Binoche contra la ultraderecha francesa: Canal+ quiere disciplinar al cine europeo
Cuando el mismo grupo controla el dinero, las pantallas y la difusión, la libertad cultural deja de ser un derecho y empieza a parecer un privilegio condicionado.
Vito Quiles, de agitador ultra a fugitivo de juzgado: el manual del acosador que juega a esconderse de la Justicia
El personaje que se pasa el día hablando de “libertad” y “valentía” lleva años esquivando citaciones judiciales, huyendo del Congreso y dando órdenes para que no recojan comunicaciones de los juzgados a su nombre.
Sí. Ese mismo.
Ahora salen más detalles del caso Vito Quiles: desde la causa por presuntas injurias y calumnias hasta la investigación por colarse hasta 17 veces en trenes AVE pagando billetes más baratos. El supuesto azote del sistema convertido en un presunto polizón profesional.
La FAPE señala a Vito Quiles y Bertrand Ndongo: “Nada tienen que ver con el periodismo”
La principal federación de periodistas del Estado respalda la suspensión de sus acreditaciones en el Congreso y denuncia una estrategia de agitación ultra basada en el acoso y el sabotaje mediático Durante años se ha intentado vender como “periodismo incómodo” lo que muchas y muchos…
Bardem señala la cobardía de Hollywood ante Gaza: “La neutralidad ya no es posible”
El actor carga contra el silencio de quienes pueden denunciar la masacre en Palestina y no lo hacen mientras Hollywood castiga a las voces críticas
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Aquella protesta no fue una anécdota. Fue una advertencia histórica. La presión popular obligó a cancelar el congreso y convirtió a Génova en símbolo antifascista.
Hoy, la ciudad vuelve a la calle contra la ultraderecha de Meloni. Porque la memoria no es nostalgia: es defensa propia.
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