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No se le retira la credencial por preguntar, sino por grabar sin permiso, publicar imágenes obtenidas ilícitamente, no respetar negativas expresas y acumular una cadena de incidentes que ya no caben bajo la coartada de la libertad de prensa.
PORQUE GRABÓ SIN PERMISO Y CONVIRTIÓ EL CONGRESO EN ESCENARIO DE ACOSO
La sanción de 3 meses a Vito Quiles en el Congreso no nace de una pregunta incómoda. Conviene dejarlo claro desde el principio, porque la extrema derecha vive de fabricar mártires con material de saldo. No se le castiga por ejercer el periodismo. No se le castiga por fiscalizar al poder. No se le castiga por incomodar a un expresidente. Se le sanciona porque, según la Mesa del Congreso, cometió 2 infracciones graves del reglamento el pasado diciembre de 2025.
El primer porqué es sencillo: grabó sin permiso. Tras un acto institucional en la sala Constitucional del Congreso, Quiles utilizó un teléfono móvil y un micrófono para grabar y seguir a José Luis Rodríguez Zapatero hasta el ascensor. No era una rueda de prensa. No era un canutazo aceptado. No era una entrevista concedida. Era una persecución por los pasillos de una institución pública. Y las personas acreditadas como redactoras, según el informe de los letrados, no tienen autorización para realizar grabaciones de vídeo.
Ahí empieza todo. Porque la acreditación de prensa no es un pase VIP para acosar. Es una herramienta de trabajo. Sirve para informar, preguntar, contrastar y cubrir la actividad parlamentaria. No para convertir cada pasillo en una emboscada con cámara. La libertad de prensa no consiste en imponer una entrevista a quien ya ha dicho que no.
El segundo porqué es igual de grave: no respetó la negativa de la persona interpelada. La normativa interna establece que las entrevistas o peticiones de declaraciones solo pueden producirse con permiso de la persona entrevistada. Y si esa persona no quiere responder, las y los representantes de los medios deben respetarlo. Sin seguimientos. Sin persecuciones. Sin ese numerito agresivo que luego se vende en redes como si fuera valentía democrática.
El tercer porqué remata el cuadro: publicó las imágenes. Según el informe, una funcionaria de la Dirección de Comunicación le advirtió minutos después de lo ocurrido de que no podía grabar imágenes y de que, si las había grabado, no podía publicarlas. Quiles respondió que solo había tomado audio. El letrado sostiene que eso era falso, porque después difundió las imágenes en X, las comentó y las apostilló. No fue un error técnico. No fue un malentendido. Fue una decisión.
Y aquí está el fondo. La Cámara considera que esas imágenes fueron “obtenidas ilícitamente”. Esa frase pesa. Pesa porque desmonta el relato del perseguido. Pesa porque señala una práctica concreta. Pesa porque obliga a distinguir entre periodismo y hostigamiento. Una cosa es preguntar. Otra es grabar donde no se puede, perseguir a alguien que no quiere declarar, recibir una advertencia y publicar igualmente el contenido para alimentar una campaña personal.
PORQUE NO ES UN CASO AISLADO, SINO UNA FORMA DE ACTUAR
El cuarto porqué de la sanción está en la reiteración. La retirada de la acreditación durante 3 meses es la primera sanción firme que recibe Quiles, pero no llega en el vacío. El texto señala que acumula más de una decena de procedimientos abiertos por presuntas infracciones del reglamento del Congreso en los últimos meses. Más de una decena. No estamos ante un episodio puntual, ni ante una torpeza aislada, ni ante una exageración burocrática. Estamos ante un patrón.
Ese patrón incluye grabar en zonas sin permiso, torpedear el desarrollo de ruedas de prensa y dificultar el trabajo de las y los periodistas. Ese es otro porqué. Porque el Congreso no solo protege a diputadas y diputados. También debe proteger a las trabajadoras y trabajadores de la institución, a las responsables de comunicación, a las y los profesionales acreditados y al funcionamiento mínimo de la vida parlamentaria. Sin ese mínimo, lo que queda no es transparencia. Es ruido organizado.
La Mesa eligió la sanción más grave prevista para las infracciones graves. Los letrados habían planteado una horquilla de entre 11 días y 3 meses. El órgano de gobierno optó por el máximo. No por capricho, sino por la reiterada conflictividad atribuida a Quiles. Y la cosa puede ir a más: la acumulación de varias sanciones graves en los próximos meses podría derivar en una infracción muy grave, castigada incluso con la retirada indefinida de la acreditación de prensa.
El quinto porqué tiene que ver con el intento de la ultraderecha de presentar cualquier límite como censura. Ya ocurrió cuando el Congreso reformó su normativa el año pasado para atajar las actividades de agitadores de extrema derecha. PP y Vox votaron en contra. Ese dato explica mucho. Explica quién quiere reglas y quién prefiere convertir el Parlamento en un plató de confrontación permanente. Explica por qué luego se habla tanto de “libertad de expresión” cuando lo que se está defendiendo, en realidad, es la impunidad para acosar con micrófono.
El caso de Bertrand Ndongo ayuda a entender el clima. La Mesa también encarrila su expulsión en firme por 3 meses, aunque le ha dado un último plazo de 15 días para presentar alegaciones. Su procedimiento nace de una interrupción agresiva en una rueda de prensa de Sumar el 25 de noviembre de 2025, cuando se enzarzó a gritos con responsables de prensa del grupo parlamentario. El informe aprecia 2 infracciones graves, aunque menciona como posible atenuante que la interrupción fue breve y que acabó desistiendo. La Mesa, aun así, considera que debe aplicarse sanción de gravedad.
Y todavía queda otro porqué, casi grotesco: el Congreso baraja vetar por motivos de seguridad la entrada de Quiles y Ndongo en unas jornadas sobre “libertad de expresión” organizadas por Vox el 1 de junio en sede parlamentaria, con presencia prevista de OKDiario, EDATV o El Gato al Agua. La escena resume la época. Quienes estiran las normas hasta romperlas se presentan luego como víctimas de las normas. Quienes convierten el acoso en contenido se disfrazan de defensores de la prensa. Quienes degradan el espacio común hablan de libertad cuando quieren decir barra libre.
Los porqués de la sanción son estos: grabar sin permiso, perseguir a quien no quería declarar, publicar material obtenido ilícitamente, acumular incidentes y usar la credencial como arma política. Lo demás es propaganda con acreditación colgada al cuello.
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