Opinión | Diego Fuoli en El Hormiguero: un sueño fascista
¿Por qué nos dejamos arrastrar tan fácilmente por soflamas y consignas contrarias al mínimo respeto cuando estamos apretados unos contra otros y formamos una masa? Muy simple y muy preocupante: porque necesitamos la aprobación de quienes nos rodean en ese momento.
Évole retrata a Vito Quiles: el sarcasmo contra el cinismo disfrazado de periodismo
Jordi Évole no necesitó levantar la voz. Le bastó con una frase cargada de veneno fino para dejar señalado el problema. El 28 de junio, la polémica ya estaba servida: Évole respondió en X a Vito Quiles después de que este se diera por aludido por unas declaraciones del presentador de Lo de Évole en el Festival de las Ideas y la Cultura (FIC), organizado por elDiario.es y celebrado en Rivas-Vaciamadrid los días 26 y 27 de junio.
“Por Dios, don Vito. Usted piense lo que quiera sobre mí. Ante todo, libertad. Y disculpe que igual le he pillado persiguiendo al novio de Ayuso y le estoy interrumpiendo en su maratoniana jornada laboral”, escribió Évole. Luego remató: “Su cinismo nos marca el camino. Feliz domingo”. Sarcasmo, sí. Pero no solo sarcasmo. También diagnóstico.
El PP ya no necesita controlar todos los medios: le basta con pagar el clima
La estrategia no nace en Aragón, pero en Aragón se ve sin maquillaje. El Partido Popular ha entendido que gobernar ya no consiste solo en aprobar presupuestos, privatizar servicios o colocar a los suyos en los puestos clave. También consiste en ocupar el aire. Marcar conversación. Llenar tertulias. Premiar obediencias. Hacer que la crítica parezca ruido y que la propaganda parezca paisaje.
Madrid fue el laboratorio. Isabel Díaz Ayuso convirtió la comunicación política en una guerra permanente: eslogan, bronca, victimismo, bandera y medios girando alrededor del personaje. Todo muy moderno, muy agresivo, muy de manual. Pero detrás de la épica prefabricada hay algo bastante menos heroico: dinero público, campañas institucionales, gasto en publicidad y una red mediática que no vive solo de audiencias, sino también de contratos. El relato de la “libertad” se paga. Y se paga con dinero de todas y todos.
De la Espriella y la nueva pinza ultra sobre América Latina
Abelardo de la Espriella todavía no ha tomado posesión y ya se mueve como lo que es: una pieza más de una red reaccionaria que ha entendido perfectamente el momento. Su investidura será el 7 de agosto, pero el alineamiento empezó antes. El 21 de junio, tras ganar la segunda vuelta en Colombia, el abogado ultraderechista empezó a recibir felicitaciones, llamadas, guiños y bendiciones políticas de una constelación que no se improvisa. Trump al fondo. Vox al lado. Ayuso sonriendo desde Madrid. Noboa en Ecuador. Mulino en Panamá. Fujimori en Perú. Y Lula como excepción incómoda en Brasil.
No es diplomacia. Es bloque.
La operación tiene una estética conocida: seguridad, libertad, democracia, desarrollo. Palabras grandes para tapar una política pequeña: más frontera, más policía, más mercado, más subordinación a Washington. La ultraderecha ha aprendido a hablar como si defendiera pueblos mientras prepara gobiernos para las élites. Le llaman recuperar credibilidad internacional. Quieren decir volver al redil. Le llaman aliados firmes. Quieren decir socios ideológicos. Le llaman lucha contra el narcotráfico. Quieren decir militarización con permiso de Estados Unidos.
Almeida convierte el Ayuntamiento en una agencia de colocación del PP
Hay gente que tarda meses en encontrar empleo. Hay jóvenes con máster, idiomas, alquiler imposible y contratos basura que encadenan entrevistas para cobrar poco más que la supervivencia. Hay trabajadoras y trabajadores públicos que opositan durante años para acceder a una plaza con garantías. Y luego está Madrid. O mejor dicho: el Madrid del PP, ese ecosistema donde algunas puertas no se abren por mérito, sino por parentesco político, cercanía institucional y una red de favores que ya ni se molesta en disimular.
El Ayuntamiento de José Luis Martínez-Almeida ha tardado un solo día en recolocar a F. T., pareja de Jorge Rodrigo, consejero de Vivienda, Transportes e Infraestructuras de Isabel Díaz Ayuso, después de su salida forzosa de la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo. Un día. Ni una semana de luto administrativo. Ni una pausa para guardar las formas. Un día para salir de una empresa pública donde su contratación había sido cuestionada por la Oficina Antifraude y entrar como personal eventual en el equipo del alcalde.
La SER gira a la derecha y Barceló y Aroca se van dejando el recado en antena
La Cadena SER vive una sacudida que ya no puede venderse como renovación, relevo generacional o ajuste interno. Hay demasiadas piezas moviéndose a la vez. Demasiados nombres. Demasiadas salidas. Y, sobre todo, demasiadas señales. La despedida de Ángels Barceló de Hoy por hoy, hace una semana, no fue solo el cierre de una etapa radiofónica. Fue un mensaje. Medido, elegante, pero clarísimo. “Yo ya soy la página de la izquierda y ahora toca completar la de la derecha”, dijo la periodista. La frase no necesitaba subtítulos.
Barceló no habló desde la rabieta. Habló desde el conocimiento de quien ha visto por dentro cómo se desplaza una casa. Cómo cambia el tono. Cómo se ajustan las voces. Cómo se empieza a llamar “equilibrio” a lo que muchas veces es simple domesticación editorial. Cuando una emisora empieza a tener miedo de parecer demasiado incómoda para la derecha, el problema no es la izquierda: el problema es quién manda.
El enigma León XIV: la izquierda aplaude al Vaticano sin que la Iglesia cambie una coma
El paso de León XIV por España ha dejado una imagen difícil de digerir: siete minutos de aplausos en el Congreso de los Diputados tras el sermón del pontífice. Siete minutos. No en una basílica, no en una plaza vaticana, no en un acto privado de creyentes. En la sede de la soberanía popular. Allí donde deberían hablar las leyes comunes, no los dogmas. Solo Podemos y BNG rechazaron la presencia de un líder religioso en ese espacio. El resto, de derecha y de izquierda, se puso a batir palmas como si la aconfesionalidad del Estado fuera un adorno constitucional para domingos sin misa.
El Papa habla de “plaga”, pero deja fuera a las víctimas que más incomodan a la Iglesia
El Papa habló de “plaga”, sí. Pero mientras pronunciaba palabras sobre escucha, justicia y reparación, las asociaciones de víctimas de abusos sexuales en la Iglesia se quedaban fuera, esperando una puerta que nunca se abrió. La Iglesia vuelve a hacer lo que mejor sabe hacer: administrar el dolor ajeno sin perder el control del decorado.
Barceló, la SER de Oughourlian y el precio de poner la radio al servicio del poder
La SER ya no parece estar cambiando de voces. Parece estar cambiando de dueño político.
La salida de Àngels Barceló no es solo una noticia de radio. Es una señal. Cuando en una redacción empiezan las reuniones discretas, las órdenes sobre qué temas conviene bajar y las frases tipo “menos novio de Ayuso”, el problema ya no es de parrilla. Es de poder. De quién manda. De quién decide qué se cuenta y qué se tapa suavemente para no molestar demasiado. PRISA gira, Oughourlian aprieta y la SER se enfrenta a una pregunta incómoda: ¿sigue siendo una emisora con periodistas o empieza a ser una marca con instrucciones?
Madrid vuelve a gritar contra el negocio de la vivienda: “Nos cuesta la vida”
El 24 de mayo miles de personas volverán a tomar las calles mientras alquileres disparados, fondos buitre y gobiernos complacientes convierten vivir en Madrid en un privilegio para ricos.
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Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
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