Blackwater en Ecuador: Noboa convierte la seguridad pública en negocio mercenario
Daniel Noboa anunció en marzo de 2025 una “alianza estratégica” con Erik Prince, fundador de Blackwater, para reforzar la lucha contra el “narcoterrorismo” y proteger el espacio marítimo frente a la pesca ilegal. La frase suena limpia, casi administrativa. Seguridad, crimen organizado, cooperación, control. Ya conocemos ese idioma. Es el idioma con el que se privatizan las guerras, se blindan los negocios y se vende como eficiencia lo que en realidad es renuncia democrática.
El museo de la mentira: la ultraderecha chilena quiere maquillar el golpe de Pinochet
La ultraderecha chilena ha encontrado una nueva forma de insultar a la memoria democrática: proponer un “museo de la verdad” para reinterpretar los años de Salvador Allende antes del golpe de Augusto Pinochet. No es una ocurrencia inocente. No es una disputa académica. No es un debate sereno sobre archivos, testimonios y complejidades históricas. Es otra cosa. Es una operación política para envolver el pinochetismo en papel institucional y venderlo como neutralidad.
Del uribismo a la ultraderecha TikTok: Colombia cambia de caudillo, no de amenaza
No es el fin del uribismo. Es su versión tuneada para la era Milei. Esa es la trampa. Presentar la pérdida de centralidad de Álvaro Uribe como una derrota limpia de su proyecto político permite olvidar lo esencial: muchas de sus obsesiones siguen intactas. La seguridad entendida como castigo. La patria convertida en propiedad privada. El enemigo interno como combustible electoral. La izquierda tratada no como adversaria democrática, sino como amenaza existencial. Cambia el rostro. No cambia el veneno.
La educación pública habla desde abajo: es la hora de los profesores y profesoras
El curso 2025-2026 no acaba en silencio. Acaba con ruido. Con huelgas. Con acampadas. Con profesoras y profesores organizándose desde abajo porque, cuando la institución no escucha, la dignidad aprende a hablar por su cuenta. En el País Valencià, una huelga indefinida iniciada el 11 de mayo y suspendida temporalmente ha colocado a las asambleas docentes en el centro del tablero. En Catalunya, más de un mes de paros territoriales y generales ha demostrado que se puede sostener el conflicto sin quemar a la gente. En Madrid, ya se prepara una huelga indefinida unitaria para el inicio del próximo curso. También hubo protestas en Galiza y Aragón.
El acero vasco, las armas de Israel y una jueza que señala lo evidente
Cuando se investiga a activistas, el Estado no suele tener tantos escrúpulos. Cuando el foco se acerca a una gran empresa, al acero, al negocio militar y a Israel, aparece de pronto la delicadeza procesal. Sidenor exportó 42 partidas de acero no aleado a IMI Systems LTD, fabricante israelí de armamento, mientras Gaza estaba bajo investigación internacional por crímenes de lesa humanidad y genocidio. Una jueza ha dicho lo evidente: España no podía mirar hacia otro lado. Tenía que preservar pruebas. Porque el genocidio no se sostiene solo con bombas. También se sostiene con contratos, proveedores, silencios y juzgados que deciden no molestar demasiado.
El jefe del Pentágono convierte el aniversario del Día D en un discurso xenófobo contra las personas migrantes
Utilizar el aniversario del Día D para hablar de una supuesta “invasión migratoria” no es patriotismo. Es propaganda ultra envuelta en banderas. Pete Hegseth convirtió la memoria de quienes murieron luchando contra el fascismo en un mitin xenófobo sobre pateras, fronteras y “defensa de Occidente”. Y cada vez lo esconden menos.
Mientras miles de personas mueren en el Mediterráneo y en la ruta hacia Canarias, la extrema derecha occidental habla de seres humanos como si fueran un ejército enemigo. No hablan de guerras, saqueo o hambre. Hablan de “invasión”. Porque deshumanizar siempre fue el primer paso.
A Henar Álvarez no le molesta el traje: le molesta el patriarcado disfrazado de opinión
Henar Álvarez no hizo un monólogo sobre ropa. Hizo una radiografía del patriarcado moderno. Ese que te llama “libre” mientras decide si una mujer va demasiado tapada, demasiado sexy, demasiado masculina o demasiado visible.
Porque esa es la trampa: nunca aciertas.
Si llevas falda corta, te cosificas. Si llevas traje, “vas de hombre”. Si hablas alto, molestas. Si ocupas espacio, incomodas. Y mientras tanto, miles de opinadores profesionales fiscalizando cuerpos femeninos desde redes sociales como si estuvieran rellenando formularios de aduana moral.
“Lo que les molesta es que seas la protagonista”, remató Henar. Y ahí está el núcleo de todo. No es la corbata. No es la falda. No es el maquillaje. Es la autonomía. Una mujer que no pide permiso, que no se disculpa y que encima se ríe de quienes intentan disciplinarla.
Israel ya no oculta su maquinaria de propaganda: el ejército forma soldados para manipular conciencias dentro y fuera del país
Israel ya ni siquiera intenta esconderlo.
Mientras nos hablaban de “combatir la desinformación”, el Ministerio de Defensa israelí llevaba meses formando soldados y personal de inteligencia en propaganda, manipulación psicológica y operaciones para “influir en la conciencia pública” dentro y fuera del país.
Cursos sobre guerra psicológica, propaganda, segmentación de audiencias, entrenamiento de influencers y técnicas “Black Hat” para distribuir contenido saltándose las normas de plataformas como Facebook y Google. Literalmente enseñando cómo manipular narrativas y esquivar controles digitales.
Perú vuelve a contener el aliento: Sánchez roza la presidencia mientras el fujimorismo prepara otra guerra contra las urnas
Perú vuelve a contener el aliento. Otra elección decidida por décimas. Otra noche en la que el fujimorismo empieza a hablar de “prudencia”, “espera” y “calma” justo cuando los votos rurales empiezan a desmontar el relato que daban por hecho.
Los conteos rápidos apuntan a una victoria mínima de Roberto Sánchez frente a Keiko Fujimori. Muy mínima. Dentro del margen de error. Pero suficiente para que la derecha peruana y sus aliados internacionales entren en modo alarma. Porque no es solo una elección. Es el choque entre un país agotado de élites corruptas y autoritarias y otro que intenta salir de una década de caos institucional, golpes parlamentarios y presidentes derribados uno tras otro.
Y claro. Fujimori ya deja caer lo que todos esperaban.
Que quizá el resultado no sea legítimo si ella pierde.
Lo mismo que hicieron en 2021 contra Pedro Castillo. Meses de acusaciones sin pruebas, impugnaciones masivas y campañas mediáticas para sembrar dudas sobre el voto popular. El problema no es la democracia cuando gana la derecha. El problema aparece cuando vota la periferia, el campo, el sur pobre y olvidado del país.
Porque ahí sigue latiendo el antifujimorismo.
Keiko Fujimori no es una candidata cualquiera. Es la hija de un dictador condenado por crímenes de lesa humanidad, desapariciones forzadas y masacres. Y aun así ha conseguido reunir detrás de ella a la derecha tradicional, la ultraderecha regional, el trumpismo latinoamericano y hasta apoyos internacionales vinculados a Vox y al aparato republicano estadounidense.
Mientras tanto, Sánchez ha levantado una coalición enorme y contradictoria, sí, pero unida por algo muy simple: impedir el regreso definitivo del fujimorismo al poder.
Perú se juega mucho más que una presidencia. Se juega si acepta otra vez que una minoría poderosa convierta las urnas en sospechosas cada vez que pierde.
E. Jean Carroll y la maquinaria de barro tras denunciar a Trump por violación
Trump perdió dos veces en los tribunales contra E. Jean Carroll. Dos veces.
Un jurado le atribuyó responsabilidad por abuso sexual y difamación en 2023, con 5 millones de dólares de indemnización. Otro jurado elevó la cifra a 83,3 millones en 2024 por sus ataques continuados.
Y aun así, Carroll no ha cobrado ni un céntimo. Ahora, encima, el Departamento de Justicia la investiga por posible perjurio.
Una mujer denuncia. Gana. Vuelve a ganar. No cobra. Y acaba bajo sospecha.
No quieren justicia. Quieren escarmiento.
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