La educación pública habla desde abajo: es la hora de los profesores y profesoras
El curso 2025-2026 no acaba en silencio. Acaba con ruido. Con huelgas. Con acampadas. Con profesoras y profesores organizándose desde abajo porque, cuando la institución no escucha, la dignidad aprende a hablar por su cuenta. En el País Valencià, una huelga indefinida iniciada el 11 de mayo y suspendida temporalmente ha colocado a las asambleas docentes en el centro del tablero. En Catalunya, más de un mes de paros territoriales y generales ha demostrado que se puede sostener el conflicto sin quemar a la gente. En Madrid, ya se prepara una huelga indefinida unitaria para el inicio del próximo curso. También hubo protestas en Galiza y Aragón.
El acero vasco, las armas de Israel y una jueza que señala lo evidente
Cuando se investiga a activistas, el Estado no suele tener tantos escrúpulos. Cuando el foco se acerca a una gran empresa, al acero, al negocio militar y a Israel, aparece de pronto la delicadeza procesal. Sidenor exportó 42 partidas de acero no aleado a IMI Systems LTD, fabricante israelí de armamento, mientras Gaza estaba bajo investigación internacional por crímenes de lesa humanidad y genocidio. Una jueza ha dicho lo evidente: España no podía mirar hacia otro lado. Tenía que preservar pruebas. Porque el genocidio no se sostiene solo con bombas. También se sostiene con contratos, proveedores, silencios y juzgados que deciden no molestar demasiado.
El jefe del Pentágono convierte el aniversario del Día D en un discurso xenófobo contra las personas migrantes
Utilizar el aniversario del Día D para hablar de una supuesta “invasión migratoria” no es patriotismo. Es propaganda ultra envuelta en banderas. Pete Hegseth convirtió la memoria de quienes murieron luchando contra el fascismo en un mitin xenófobo sobre pateras, fronteras y “defensa de Occidente”. Y cada vez lo esconden menos.
Mientras miles de personas mueren en el Mediterráneo y en la ruta hacia Canarias, la extrema derecha occidental habla de seres humanos como si fueran un ejército enemigo. No hablan de guerras, saqueo o hambre. Hablan de “invasión”. Porque deshumanizar siempre fue el primer paso.
A Henar Álvarez no le molesta el traje: le molesta el patriarcado disfrazado de opinión
Henar Álvarez no hizo un monólogo sobre ropa. Hizo una radiografía del patriarcado moderno. Ese que te llama “libre” mientras decide si una mujer va demasiado tapada, demasiado sexy, demasiado masculina o demasiado visible.
Porque esa es la trampa: nunca aciertas.
Si llevas falda corta, te cosificas. Si llevas traje, “vas de hombre”. Si hablas alto, molestas. Si ocupas espacio, incomodas. Y mientras tanto, miles de opinadores profesionales fiscalizando cuerpos femeninos desde redes sociales como si estuvieran rellenando formularios de aduana moral.
“Lo que les molesta es que seas la protagonista”, remató Henar. Y ahí está el núcleo de todo. No es la corbata. No es la falda. No es el maquillaje. Es la autonomía. Una mujer que no pide permiso, que no se disculpa y que encima se ríe de quienes intentan disciplinarla.
Israel ya no oculta su maquinaria de propaganda: el ejército forma soldados para manipular conciencias dentro y fuera del país
Israel ya ni siquiera intenta esconderlo.
Mientras nos hablaban de “combatir la desinformación”, el Ministerio de Defensa israelí llevaba meses formando soldados y personal de inteligencia en propaganda, manipulación psicológica y operaciones para “influir en la conciencia pública” dentro y fuera del país.
Cursos sobre guerra psicológica, propaganda, segmentación de audiencias, entrenamiento de influencers y técnicas “Black Hat” para distribuir contenido saltándose las normas de plataformas como Facebook y Google. Literalmente enseñando cómo manipular narrativas y esquivar controles digitales.
Perú vuelve a contener el aliento: Sánchez roza la presidencia mientras el fujimorismo prepara otra guerra contra las urnas
Perú vuelve a contener el aliento. Otra elección decidida por décimas. Otra noche en la que el fujimorismo empieza a hablar de “prudencia”, “espera” y “calma” justo cuando los votos rurales empiezan a desmontar el relato que daban por hecho.
Los conteos rápidos apuntan a una victoria mínima de Roberto Sánchez frente a Keiko Fujimori. Muy mínima. Dentro del margen de error. Pero suficiente para que la derecha peruana y sus aliados internacionales entren en modo alarma. Porque no es solo una elección. Es el choque entre un país agotado de élites corruptas y autoritarias y otro que intenta salir de una década de caos institucional, golpes parlamentarios y presidentes derribados uno tras otro.
Y claro. Fujimori ya deja caer lo que todos esperaban.
Que quizá el resultado no sea legítimo si ella pierde.
Lo mismo que hicieron en 2021 contra Pedro Castillo. Meses de acusaciones sin pruebas, impugnaciones masivas y campañas mediáticas para sembrar dudas sobre el voto popular. El problema no es la democracia cuando gana la derecha. El problema aparece cuando vota la periferia, el campo, el sur pobre y olvidado del país.
Porque ahí sigue latiendo el antifujimorismo.
Keiko Fujimori no es una candidata cualquiera. Es la hija de un dictador condenado por crímenes de lesa humanidad, desapariciones forzadas y masacres. Y aun así ha conseguido reunir detrás de ella a la derecha tradicional, la ultraderecha regional, el trumpismo latinoamericano y hasta apoyos internacionales vinculados a Vox y al aparato republicano estadounidense.
Mientras tanto, Sánchez ha levantado una coalición enorme y contradictoria, sí, pero unida por algo muy simple: impedir el regreso definitivo del fujimorismo al poder.
Perú se juega mucho más que una presidencia. Se juega si acepta otra vez que una minoría poderosa convierta las urnas en sospechosas cada vez que pierde.
E. Jean Carroll y la maquinaria de barro tras denunciar a Trump por violación
Trump perdió dos veces en los tribunales contra E. Jean Carroll. Dos veces.
Un jurado le atribuyó responsabilidad por abuso sexual y difamación en 2023, con 5 millones de dólares de indemnización. Otro jurado elevó la cifra a 83,3 millones en 2024 por sus ataques continuados.
Y aun así, Carroll no ha cobrado ni un céntimo. Ahora, encima, el Departamento de Justicia la investiga por posible perjurio.
Una mujer denuncia. Gana. Vuelve a ganar. No cobra. Y acaba bajo sospecha.
No quieren justicia. Quieren escarmiento.
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El Rocío vuelve a convertirse en una romería de muerte animal mientras las instituciones miran hacia otro lado
¿Cuántos animales tienen que morir para que alguien diga basta en El Rocío?
Este año ya van 18. Caballos desplomados. Mulas abrasadas en un camión. Bueyes atados al sol sin agua. Y mientras tanto, las instituciones maquillando cifras y hablando de “cólicos” para no llamar a las cosas por su nombre.
No es tradición si el sufrimiento forma parte del espectáculo. No es cultura si nadie responde por los animales que revientan en mitad del camino. Y no, no son “casos aislados”. Llevamos años viendo lo mismo. Año tras año. Cadáver tras cadáver.
Hemos contado todo lo que no aparece en los comunicados oficiales. Las cifras. La opacidad. Las inspecciones sin explicación. El negocio que se esconde detrás de una romería convertida en postal intocable.
Peinado aprieta contra Begoña Gómez pese al informe de la UCO
Peinado aprieta contra Begoña Gómez pese al informe de la UCO
Primero llega un informe de la UCO que no encuentra ingresos opacos y desmonta una de las grandes insinuaciones del caso. Después, el juez Peinado cita de nuevo a Begoña Gómez, Juan Carlos Barrabés y Cristina Álvarez para el 9 de junio y agita la posibilidad de que puedan “eludir” la Justicia.
Así funciona el barro cuando se viste de procedimiento.
Una causa impulsada por acusaciones de extrema derecha, cuatro delitos sobre la mesa, dos años de investigación y un relato que sigue avanzando aunque algunas piezas clave no encajen. Porque el objetivo ya no parece solo judicial. También es político, mediático y profundamente corrosivo.
Cuando una resolución necesita invocar a Fernando VII para hablar de reuniones en Moncloa, quizá el problema no está solo en los hechos investigados. Quizá también está en la escenografía.
Netanyahu expande la guerra en Líbano y llama seguridad a una ocupación
Netanyahu acaba de dejarlo bastante claro: el alto el fuego en Líbano vale lo que Israel quiera que valga.
Desde el 17 de abril había una tregua. Sobre el papel. Porque sobre el terreno el ejército israelí no se ha ido, sigue ocupando parte del sur de Líbano y ahora presume de ampliar operaciones, tomar “posiciones estratégicas” y reforzar una supuesta zona de seguridad dentro de territorio ajeno.
Traducción: ocupación.
Desde el 2 de marzo, la ofensiva israelí ha dejado más de 3.200 personas asesinadas y más de 1 millón de desplazadas en Líbano. Aldeas demolidas, infraestructuras civiles destruidas, nuevas órdenes de evacuación y más de 100 objetivos bombardeados en una sola noche.
Y mientras tanto, Washington mira, calcula y bendice. El Gobierno de Trump habría dado luz verde a la escalada, con una condición casi obscena: no destrozar Beirut demasiado. Como si el problema fuera la intensidad estética de la destrucción y no la destrucción misma.
Israel vuelve a repetir el guion de la ocupación de Líbano. El mismo fracaso. La misma soberbia. La misma maquinaria de guerra vendida como defensa.
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Taty Almeida no muere: deja una acusación eterna contra los verdugos y sus herederos
Taty Almeida murió el 14 de junio, a los 95 años, pero la noticia no puede escribirse como una necrológica amable. Sería casi una falta de respeto. Taty no fue una señora buena que “buscó a su hijo”. Fue una acusación viviente. Una mujer que convirtió el dolor en expediente político, la ausencia en pancarta y la maternidad en una forma de resistencia contra el Estado asesino, sus cómplices civiles y sus herederos ideológicos.
Su hijo, Alejandro Almeida, fue secuestrado y desaparecido el 17 de junio de 1975 por la Triple A, antes incluso del golpe militar del 24 de marzo de 1976. Tenía 20 años. Era estudiante de Medicina, militante, poeta. Un joven al que le arrebataron la vida, el cuerpo, la historia y hasta el derecho elemental de tener una tumba. Ese fue el método. No bastaba con matar. Había que borrar. Borrar nombres, borrar pruebas, borrar vínculos, borrar madres. Y ahí fallaron.
Porque aparecieron ellas.
Begoña Gómez y el jurado popular: cuando la justicia se entrega a nueve ciudadanos sin herramientas suficientes
La causa contra Begoña Gómez ha dejado de ser solo una causa judicial. Hace tiempo que es otra cosa. Una pieza más en esa trituradora política, mediática y judicial donde la presunción de inocencia se convierte en estorbo, el procedimiento en espectáculo y la toga en decorado. El 15 de junio, la esposa del presidente del Gobierno compareció ante el juez Juan Carlos Peinado en una audiencia previa de carácter protocolario. Sobre la mesa, el posible juicio contra ella, contra su asesora Cristina Álvarez y contra el empresario Juan Carlos Barrabés por presuntos delitos de corrupción en los negocios, malversación, tráfico de influencias y apropiación indebida.
La fase de instrucción queda ya encaminada hacia la Audiencia Provincial de Madrid. Y ahí aparece la bomba procesal: un juicio con jurado popular. Es decir, nueve personas elegidas entre la ciudadanía podrían acabar decidiendo sobre un asunto contaminado desde hace meses por tertulias, titulares, filtraciones, bronca parlamentaria y esa mezcla tan española de ruido judicial y cálculo partidista. Qué podía salir mal.
Netanyahu sabotea el acuerdo mientras Israel sigue bombardeando Líbano
El acuerdo anunciado entre Estados Unidos e Irán tenía que abrir una rendija. No una paz justa, no una solución profunda, no el fin de la maquinaria de guerra que lleva décadas triturando Oriente Medio, pero al menos una pausa. Un freno. Algo parecido a respirar. Sin embargo, Benjamin Netanyahu ha decidido recordar al mundo quién manda cuando el militarismo se siente impune: Israel ha seguido atacando Líbano incluso después del anuncio del pacto.
Vídeo | Estrenamos reportaje contra la guerra cultural de la ultraderecha
Spanish Revolution estrena la primera parte del reportaje “¿Puede la ULTRADERECHA ganar la BATALLA CULTURAL?”, presentado por Patricia Salvador. Y la pregunta no es menor. Tampoco es una provocación para redes. Es una advertencia política en mitad de una época en la que la extrema derecha ya no necesita presentarse siempre con el uniforme completo. A veces le basta con hablar de “libertad”, “familia”, “patria”, “seguridad” o “sentido común” mientras va vaciando esas palabras de contenido democrático.
Vídeo | Más de 30.000 personas ya han visto el #ReportajeSR sobre cómo Israel está cambiando las reglas del mundo
El nuevo trabajo de Reportajes SR, con Olga Rodríguez, analiza por qué lo que ocurre en Gaza no es solo una tragedia palestina, sino una advertencia global sobre la impunidad, el derecho internacional y la ley del más fuerte. Más de 30.000 personas han visto…
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