Feijóo no se atreve con la moción y espera que los jueces hagan el trabajo sucio
El Partido Popular ha descubierto, otra vez, que una moción de censura no se gana con titulares, tertulias y sobreactuación de bancada. Hace falta tener votos. Y Alberto Núñez Feijóo no los tiene. Por eso Génova ha dejado enfriar la idea de tumbar a Pedro Sánchez con una moción instrumental y ha optado por una estrategia mucho más cómoda: esperar sentado a que la maquinaria judicial le haga el camino que no consigue hacer en el Congreso.
No es valentía política. Es cálculo. Y bastante cobarde.
Barceló, la SER de Oughourlian y el precio de poner la radio al servicio del poder
La SER ya no parece estar cambiando de voces. Parece estar cambiando de dueño político.
La salida de Àngels Barceló no es solo una noticia de radio. Es una señal. Cuando en una redacción empiezan las reuniones discretas, las órdenes sobre qué temas conviene bajar y las frases tipo “menos novio de Ayuso”, el problema ya no es de parrilla. Es de poder. De quién manda. De quién decide qué se cuenta y qué se tapa suavemente para no molestar demasiado. PRISA gira, Oughourlian aprieta y la SER se enfrenta a una pregunta incómoda: ¿sigue siendo una emisora con periodistas o empieza a ser una marca con instrucciones?
Vito Quiles y Bertrand Ndongo, a punto: tres meses fuera por convertir la Cámara en un circo ultra
La extrema derecha lleva años disfrazando de “periodismo” el acoso, la intimidación y el matonismo. Ahora el Congreso intenta poner un límite.
Opinión | De mantras austericidas y ficciones interesadas
Cómo el mantra de la austeridad convirtió derechos en privilegios y culpó a las mayorías de una crisis diseñada para proteger a las élites
Feijóo: ni con los insultos ni con quienes los reciben
El líder del PP evita condenar con claridad los gritos de “¡fuera la mona!” y sitúa al mismo nivel a víctimas y agresores
La oposición italiana cierra filas frente a ataques externos mientras en España la derecha opta por el silencio
La reacción italiana deja en mal lugar a una derecha española incapaz de cerrar filas incluso que cuando el ataque viene de fuera.
La Audiencia frena el intento de archivo del novio de Ayuso
El caso del presunto soborno sigue abierto mientras la UCO espera desde hace tres meses poder investigar sus cuentas
Feijóo toma el mando y silencia a Guardiola
El partido que prometía moderación ahora negocia su supervivencia con la extrema derecha
Opinión | La calumnia como estrategia
Cuando acusar sin pruebas deja de ser delito y se convierte en espectáculo político
El laboratorio ideológico de Ayuso estalla por dentro
Los “pocholos”, el poder en la sombra y la crisis que retrata un modelo
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Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
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