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La derecha abandona el golpe parlamentario que no le daban los números y se refugia en la ofensiva judicial contra el PSOE.
EL PP YA NO QUIERE UNA MOCIÓN: QUIERE UNA SENTENCIA
El Partido Popular ha descubierto, otra vez, que una moción de censura no se gana con titulares, tertulias y sobreactuación de bancada. Hace falta tener votos. Y Alberto Núñez Feijóo no los tiene. Por eso Génova ha dejado enfriar la idea de tumbar a Pedro Sánchez con una moción instrumental y ha optado por una estrategia mucho más cómoda: esperar sentado a que la maquinaria judicial le haga el camino que no consigue hacer en el Congreso.
No es valentía política. Es cálculo. Y bastante cobarde.
La próxima semana aparece marcada en rojo en la sede del PP. No porque Feijóo tenga un plan parlamentario sólido, sino porque varias causas judiciales que golpean al PSOE pueden coincidir en apenas cuatro días. En Génova huelen sangre. O creen olerla. Y con eso les basta para agitar el relato de fin de ciclo, aunque no tengan una mayoría alternativa ni un proyecto reconocible más allá de dejar que todo se pudra.
La gran esperanza popular se llama Santiago Pedraz. El juez de la Audiencia Nacional investiga la trama vinculada a Leire Díez, en la que sitúa como figura clave al exnúmero dos de Ferraz, Santos Cerdán. El PP cree que el siguiente paso puede ser la imputación del PSOE como persona jurídica por organización criminal. No es un matiz menor. Sería un salto político enorme, aunque conviene decirlo con precisión: hablamos de indicios, de una investigación abierta y de una ofensiva judicial todavía en curso.
Pedraz ya dejó escrito un dato explosivo: “4.000 euros mensuales con cargo a los fondos del partido”. Según el auto, esa cantidad habría sido pactada por Cerdán para pagar a Leire Díez por una actividad presuntamente dedicada a torpedear causas judiciales que afectaban al Gobierno. Esa cifra, 4.000 euros al mes, está en el centro del caso. También explica, en parte, la entrada de la UCO en Ferraz el 27 de mayo.
La Guardia Civil acudió a la sede socialista para recabar documentación sobre la “agenda institucional” de Cerdán, sus correos electrónicos, sus accesos al edificio y sus gastos. Génova interpreta ese movimiento como una señal de que el juez podría articular indicios contra el propio PSOE. Lo desean. Lo esperan. Lo necesitan.
Porque el PP no está actuando como un partido que quiera convencer a la ciudadanía. Está actuando como un partido que mira el calendario judicial como quien mira una quiniela. Si sale Pedraz, bien. Si sale Peinado, mejor. Si cae una sentencia del Supremo, fiesta. La política reducida a parte de guerra judicial. La derecha española, cuando no puede ganar con votos suficientes, siempre busca otro atajo.
LA SEMANA HORRIBILIS QUE GÉNOVA QUIERE CONVERTIR EN FUNERAL POLÍTICO
El lunes 15 de junio, el juez Juan Carlos Peinado ha citado a Begoña Gómez y a las otras dos personas encausadas a la audiencia preliminar previa al juicio por presuntos delitos de tráfico de influencias, malversación, corrupción en los negocios y apropiación indebida. Será ante jurado popular, pese al criterio contrario de las defensas y de la propia Audiencia. Y el tono ya viene cargado: la mujer del presidente ha sido advertida de que podría ser conducida “por la fuerza pública” si no comparece.
Al día siguiente, martes 16 de junio, el foco pasará al Senado. Allí comparecerá Mercedes González, directora de la Guardia Civil, citada por el PP en la Comisión de Interior tras conocerse, a través de informes de la UCO, que se reunió hasta en tres ocasiones con Leire Díez entre septiembre de 2024 y abril de 2025. Otra pieza para el escaparate. Otro día de titulares. Otro intento de convertir cada cita institucional en una escena de acusación permanente.
El miércoles 17 y el jueves 18 de junio llegará otro momento delicado: José Luis Rodríguez Zapatero está citado a declarar como imputado en la Audiencia Nacional ante el juez José Luis Calama. La declaración, prevista inicialmente para comienzos de mes, se aplazó por la extensión del sumario. Y no hablamos de un legajo menor: el magistrado desgrana en unas 8.000 páginas la presunta participación del expresidente en una trama de tráfico de influencias.
A esa agenda se pueden sumar otras piezas. La sentencia del caso Mascarillas está vista para sentencia desde hace más de un mes, y el Tribunal Supremo podría pronunciarse sobre el exministro José Luis Ábalos y su antiguo asesor Koldo García. También finalizó este lunes el juicio al hermano del presidente, David Sánchez, por su presunto enchufe en la Diputación de Badajoz. Esa resolución no parece probable para la próxima semana, pero ya está dentro del clima general: un Gobierno cercado por casos, sospechas, sumarios, autos y portadas.
Ese es el terreno donde el PP quiere jugar. No porque le interese limpiar las instituciones, sino porque le conviene ensuciarlo todo hasta que respirar parezca imposible. Feijóo no ha conseguido una mayoría para gobernar, así que intenta fabricar una atmósfera de derrumbe.
La moción de censura, mientras tanto, ha muerto. Junts y el PNV han pedido elecciones anticipadas, sí, pero se niegan a hacer presidente a Feijóo. Los socios de izquierdas del Gobierno tampoco parecen dispuestos a soltar la mano de Sánchez salvo que se demuestre financiación irregular del PSOE, no simplemente que desde Ferraz saliera dinero para actividades ilegales. Es una línea roja discutible, pero es la línea que hoy sostiene la legislatura.
Y ahí está el atasco de Génova. La derecha quiere elecciones, pero no tiene botón. Quiere moción, pero no tiene apoyos. Quiere Gobierno, pero no tiene mayoría. Intentó acercarse a Junts y se encontró con una condición imposible para su relato nacionalista: reunirse con Carles Puigdemont en Waterloo. Así que Feijóo se la envaina, finge estrategia y espera.
En el Congreso, este miércoles 11 de junio, el líder popular probó el teatro de las siglas. Llamó a Sánchez “señor P. S.”, en referencia a una anotación de las libretas incautadas a Leire Díez que, según la UCO, correspondería a Pedro Sánchez. El presidente respondió con la vieja herida del PP: “Pregúntese quién es M. Rajoy”, en alusión a los papeles de Bárcenas. Génova celebró la réplica porque buscaba homologar a Sánchez con Rajoy, el presidente que cayó por la corrupción.
La diferencia es que Rajoy cayó por una sentencia y una moción. Feijóo, de momento, solo tiene ganas, ruido y una calculadora que no suma.
La derecha no ha abandonado la moción por prudencia: la ha abandonado porque no se atreve.
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