Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
La extrema derecha lleva años disfrazando de “periodismo” el acoso, la intimidación y el matonismo. Ahora el Congreso intenta poner un límite.
La impunidad no era eterna. Y eso es precisamente lo que parece empezar a entender el Congreso después de meses soportando cómo determinados agitadores ultras convertían los pasillos de la Cámara Baja en un plató de provocación permanente. Según fuentes parlamentarias, la Mesa del Congreso prevé aprobar este miércoles la retirada de la acreditación de prensa a Vito Quiles y Bertrand Ndongo durante un periodo de hasta tres meses por vulnerar el reglamento parlamentario y por protagonizar episodios que poco tienen que ver con el periodismo y mucho con el hostigamiento político organizado.
No hablamos de una decisión improvisada. El procedimiento lleva abierto desde hace cinco meses. Cinco meses de informes jurídicos, alegaciones, análisis y revisiones milimétricas para evitar cualquier resquicio que permita a los sancionados presentarse después como víctimas de una supuesta “censura”. Porque esa ha sido siempre la jugada. Provocar, acosar, tensar las normas hasta romperlas y luego envolverse en la bandera de la libertad de expresión.
Pero no. La libertad de prensa no consiste en perseguir personas, reventar ruedas de prensa o grabar ilegalmente en zonas restringidas del Congreso.
EL NEGOCIO DEL ACOSO DISFRAZADO DE PERIODISMO
La sanción contra Vito Quiles llega tras dos denuncias presentadas por la Asociación de Periodistas Parlamentarios a finales de 2025. El agitador grabó sin autorización a Pedro Sánchez y a José Luis Rodríguez Zapatero en zonas del Congreso donde está expresamente prohibido registrar imágenes o sonido. Lo hizo ignorando la negativa de ambos a responder. Después difundió los vídeos en redes sociales como parte de su maquinaria habitual de señalamiento.
No era un vacío legal. Desde la reforma del reglamento aprobada en julio del año pasado —con el voto en contra de PP y Vox— el Congreso prohíe expresamente grabar fuera de los espacios autorizados y publicar material obtenido vulnerando la normativa parlamentaria.
La conducta de Bertrand Ndongo siguió el mismo patrón de agresividad política convertida en espectáculo. En diciembre interrumpió a gritos una rueda de prensa de Sumar encabezada por Verónica Martínez. El Consejo Consultivo de Comunicación Parlamentaria concluyó que hubo “visible violencia verbal” contra la portavoz y contra periodistas presentes en la comparecencia. Una escena cada vez más habitual: ultras intentando intimidar a representantes públicos, profesionales de prensa y trabajadoras y trabajadores de comunicación mientras después se presentan como mártires perseguidos.
Porque eso es lo verdaderamente obsceno. Llevan años degradando el oficio periodístico mientras se autoproclaman defensores de la libertad.
El Congreso ha querido blindar jurídicamente cada paso. Y se entiende por qué. En 2019, el Tribunal Supremo anuló la expulsión temporal de un redactor de OK Diario que había accedido sin permiso al despacho de Irene Montero y publicado fotografías tomadas en el interior. El Supremo argumentó entonces que la conducta no estaba tipificada específicamente en el reglamento. Esta vez sí lo está. Negro sobre blanco.
Por eso las fuentes parlamentarias insisten en que el procedimiento ha sido extraordinariamente garantista. Amplios plazos de alegaciones. Revisión de pruebas. Informes técnicos. Cautela absoluta. Nadie quiere que el castigo se caiga después en los tribunales. Nadie quiere regalarle a esta industria del victimismo ultra otra campaña de propaganda.
EL PP YA NI ESCONDE SU COMPLICIDAD
El problema es más profundo que dos activistas ultras. Mucho más profundo. Lo que está quedando retratado es el ecosistema político, mediático y económico que los protege, los financia y los legitima.
Porque mientras PSOE y Sumar impulsaban la reforma del reglamento para intentar frenar este tipo de comportamientos, el PP y Vox votaban en contra. Y no solo eso. La dirección popular ha normalizado hasta extremos grotescos su cercanía con estos personajes.
El último episodio es especialmente grave. El PSOE denunció que Vito Quiles utilizó un despacho del PP en el Congreso para grabar un vídeo amenazando políticamente a Begoña Gómez, esposa de Pedro Sánchez. El propio Alberto Núñez Feijóo evitó condenar el acoso y llegó a preguntarse públicamente “quiénes son los que han tenido algún tipo de actitud violenta”.
Es difícil fingir neutralidad cuando se presta infraestructura parlamentaria a quien convierte el hostigamiento en contenido viral.
Y mientras tanto, el presidente de Aragón, Jorge Azcón, invitaba a Quiles a participar en el acto de cierre de campaña de las elecciones autonómicas de febrero. Ya ni siquiera se molestan en disimular la alianza. La extrema derecha mediática funciona como brazo propagandístico del bloque conservador.
Desde la aprobación de la reforma del reglamento, el Congreso ha tramitado ya ocho denuncias contra Quiles y tres contra Ndongo. La última, presentada esta misma semana por Sumar, después de que Ndongo llamara “idiota” a la diputada Aina Vidal y la persiguiera hasta impedirle acceder a un taxi.
Eso tampoco es periodismo. Es intimidación. Es señalamiento. Es acoso político retransmitido para monetizar clics y alimentar algoritmos de odio.
Y el reglamento es claro: acumular tres infracciones graves en un año puede convertirse en una falta muy grave castigada con suspensiones de entre tres meses y tres años, o incluso con la retirada definitiva de la acreditación.
Durante demasiado tiempo parte de la derecha mediática y política ha tratado de presentar estas prácticas como “periodismo incómodo”. No. El periodismo incómodo hace preguntas al poder. No persigue personas por los pasillos ni convierte el Congreso en un plató de matonismo ultra financiado con dinero, favores y altavoces políticos.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Netanyahu ya no disimula: Gaza se ocupa por porcentajes
Netanyahu ya no disimula. Gaza se está ocupando por porcentajes: primero el 52%, luego el 60%, ahora ordena avanzar hasta el 70% y, cuando el público le pide el 100%, responde con una broma: “vayamos en orden”.
Eso no es seguridad. Es desposesión administrada. Es convertir un alto el fuego en una coartada para encerrar a 2,1 millones de personas en cada vez menos territorio, mientras el mundo finge sorpresa ante una estrategia que lleva meses desplegándose delante de todos.
Cuando un Gobierno habla de ocupar Gaza por fases, ya no estamos ante una guerra: estamos ante un plan.
👉 El artículo completo puede leerse en el primer comentario.
Y si quieres ayudarnos a seguir haciendo periodismo que no baja la cabeza:
donorbox.org/aliadas
Contra el racismo institucional: Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le contestó con una palabra incómoda, pruebas
Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le ha contestado con lo único que desmonta la propaganda: pruebas. Y no las había. Ni de que la sanidad fuera a hundirse, ni de que la educación fuera a reventar, ni de que Madrid fuese a convertirse en una especie de apocalipsis administrativo por regularizar a personas migrantes.
El truco es viejo y miserable: primero deterioran lo público y luego culpan a quienes llegan buscando derechos, trabajo y una vida posible. No era gestión. Era racismo institucional con membrete oficial.
El artículo completo puede leerse en el primer comentario 👇
Y si queréis ayudarnos a seguir haciendo periodismo que no agacha la cabeza: Donorbox.org/aliadas
Aimar Bretos toma ‘Hoy por hoy’ mientras la SER intenta vender normalidad donde huele a crisis
La SER intenta vender como relevo natural lo que suena demasiado a operación de poder.
Aimar Bretos asumirá Hoy por hoy el 31 de agosto, tras la salida de Àngels Barceló después de 21 años en la cadena y 7 al frente del programa. El problema no es Bretos. El problema es ese viejo truco de llamar “pluralidad” a lo que muchas veces significa presión editorial, ajuste interno y disciplina empresarial.
Porque cuando una periodista sale así, cuando compañeras y compañeros lamentan públicamente las formas, cuando la plantilla tiene que defender su profesionalidad, la palabra independencia empieza a sonar menos a principio y más a decorado.
A lo que llaman relevo quizá haya que llamarlo por su nombre: una operación de despacho con música de sintonía.
👉 Artículo completo en el primer comentario.
💥 Puedes ayudarnos a seguir haciendo periodismo incómodo en Donorbox.org/aliadas.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete a Silicon Valley en el corazón de Defensa
Defensa entregó a una empresa nacida en el ecosistema de la CIA una pieza sensible de la inteligencia militar española, sin publicidad, con una sola oferta y bajo una capa de secreto que huele demasiado a negocio blindado.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete el tecnofascismo en Defensa
Mientras nos hablan de modernización, eficiencia y seguridad, el Estado español abre la puerta de su inteligencia militar a una de las empresas más vinculadas al negocio global de la vigilancia, la guerra y el poder algorítmico. Te lo contamos en #ReportajesSR. Presentado por Patricia Salvador.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir