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En el corazón de Madrid, la calle Ferraz se convirtió en el escenario de una representación que nadie debería querer ver. Bajo la sombra de la sede del PSOE, un espectáculo de indignidad se desplegó como una bandera manchada por el odio. Saludos fascistas, banderas que evocan un pasado oscuro, y gritos que laceran la convivencia pacífica, se convirtieron en el telón de fondo de una concentración que, lejos de ser una expresión democrática, se tornó en un campo de batalla contra la tolerancia y el respeto.
La manifestación, que se repetía por quinta vez, había seguido un guion predecible hasta que la violencia irrumpió, desatada por aquellos que parecen encontrar en la agresión una vía para expresar sus frustraciones y su rechazo a un mundo que avanza hacia la diversidad y la inclusión. Pero veamos quién es quién, más allá de Vox, en este despropósito:
Daniel Esteve. La figura de Daniel Esteve, líder de Desokupa, emergió en la manifestación no como un mediador, sino como un catalizador del enojo. Esteve, con su llamado a ‘dar una vuelta’ por Madrid, encendió la mecha de un colectivo dispuesto a seguirle. Más de un millar de personas, quizás sin plena conciencia de la carga simbólica de sus actos, se sumaron a una marcha que se convirtió en una demostración de fuerza que desafía los principios de convivencia democrática.
Alvise. Luis ‘Alvise’ Pérez, conocido por su activismo en la ultraderecha y sus bulos, se presentó como uno de los líderes de la manifestación. Su presencia y sus palabras fueron como gasolina en el fuego de la intolerancia. Con proclamas que incitaban a la división y al desprecio por el otro, ‘Alvise’ no hizo más que demostrar que su agenda va más allá de la simple protesta política; es una agenda que atenta contra los cimientos mismos de la democracia y el respeto por la diversidad.
Democracia Nacional (DN). Este partido, catalogado por expertos como neonazi, se ha hecho notar en las protestas. Su presencia en primera línea, con Pedro Chaparro al frente, evidencia su postura radical contra las acciones del PSOE y su alianza con los independentistas.
La Falange. Con una ideología falangista, La Falange ha sido una voz más en el coro de descontento. Su líder, Manuel Andrino, ha expresado en las manifestaciones un compromiso extremo contra el acuerdo del PSOE con los independentistas, llegando a hablar de sacrificio personal por la unidad de España.
Hazte Oír. Este grupo ultracatólico no solo ha apoyado las manifestaciones, sino que ha sido proactivo en la difusión de las mismas. Su implicación refleja su postura radical y su rechazo a las políticas que consideran contrarias a sus valores tradicionales.
Ignacio Arsuaga. Presidente de Hazte Oír, Arsuaga ha liderado la participación de su grupo en las protestas, incluyendo la colocación de una bandera frente a la sede del PSOE, lo que subraya su compromiso con la causa.
Luis del Pino. Como teórico de la conspiración, especialmente en torno al 11M, del Pino ha encontrado en las manifestaciones un nuevo escenario para propagar sus teorías y agitar a los manifestantes, lo que refleja su papel en alimentar la desconfianza hacia el gobierno y sus instituciones.
Pedro Chaparro. Presidente de Democracia Nacional y condenado por asalto, Chaparro ha sido una figura destacada en las protestas, utilizando su voz para condenar al PSOE y sus alianzas políticas, lo que demuestra su liderazgo dentro del movimiento neonazi.
Pablo Lucini. Como dirigente de las juventudes de Democracia Nacional, Lucini ha estado presente en las manifestaciones, representando la participación activa de la juventud nazi en estos movimientos de extrema derecha.
Bastión Frontal. Este grupo neonazi ha sido identificado por la policía como uno de los agitadores en las protestas, lo que indica su papel en la escalada de tensión y su postura extremista.
Jupol y Jucil. Aunque no confirmaron su apoyo a las protestas, estos sindicatos de las fuerzas de seguridad han mostrado su descontento con las órdenes de cargar contra los manifestantes, lo que refleja la tensión existente entre los cuerpos de seguridad y las directrices políticas.
Rubén Gisbert. Como líder de la «Junta Democrática», Gisbert ha anunciado su participación en las protestas, representando a un sector de la antipolítica y el antifeminismo que busca consolidar su influencia.
Tercios Cívicos. Parte del conglomerado de grupos radicales asociados a Vox, su participación en las protestas indica la diversidad de actores que comparten una ideología común.
Revuelta: Esta asociación ha sido una de las principales convocantes de las manifestaciones. Revuelta es una asociación juvenil conocida por su activismo de ultraderecha, a menudo alineándose con posturas más extremas del espectro político.
La manifestación en Ferraz no fue un hecho aislado, sino un síntoma de una enfermedad que afecta a la sociedad española: la intolerancia. Es imperativo que las y los ciudadanos reflexionen sobre el tipo de sociedad que quieren construir. Una sociedad que se deja arrastrar por los cantos de sirena de la ultraderecha, que se deja seducir por discursos que dividen y que odian, es una sociedad que camina hacia el abismo de su propia destrucción.
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