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La aprobación de 19 nuevas colonias judías en Cisjordania no es una anomalía, es una política de Estado sostenida por armas, dinero y silencio internacional.
El Gobierno israelí ha dado un nuevo paso en su estrategia de hechos consumados. El 21 de diciembre, el gabinete aprobó la legalización y creación de 19 nuevas colonias exclusivamente judías en la Cisjordania ocupada, elevando a 69 las aprobadas en los últimos años y superando ya las 200 colonias en total. No es urbanismo, no es seguridad, no es administración del territorio. Es apropiación sistemática de tierra ocupada, prohibida por el derecho internacional, diseñada para hacer inviable cualquier forma de Estado palestino.
@PeaceNowIL Israel’s security cabinet decided (per media reports) to establish 19 new West Bank settlements, including Kadim and Ganim — settlements evacuated under the 2005 disengagement plan. More: https://t.co/ujJlLBtHGL pic.twitter.com/IxGjMtjSOr
— Peace Now (@peacenowisrael) December 15, 2025
El mensaje no admite eufemismos. El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, colono confeso y figura central de la extrema derecha israelí, lo dijo sin rodeos: se trata de frenar el nacimiento de Palestina. No se oculta el objetivo político, ni la lógica colonial. La ocupación ya no se disfraza de proceso de paz congelado, sino de conquista legitimada por decreto.
Dos de las colonias ahora rehabilitadas, Kadim y Ganim, habían sido evacuadas en 2005 bajo la Ley de Desconexión. Hoy se revierten aquellas decisiones. Veinte años después, Israel desmantela incluso sus propias retiradas, dejando claro que ningún compromiso pasado es vinculante cuando se trata de expandir fronteras por la fuerza.
Desde 1967, Israel ocupa Cisjordania, Jerusalén Este y Gaza. Aquel año provocó la expulsión forzada de unas 300.000 personas palestinas, muchas de ellas supervivientes de la Nakba de 1948, cuando más de 750.000 fueron desplazadas para fundar el Estado israelí. Desde entonces, el número de colonos pasó de 1.500 en 1970 a 140.000 en 1993, cuando se firmaron los Acuerdos de Oslo que prometían congelar la colonización. Hoy rondan los 770.000. Oslo no detuvo nada; sirvió para ganar tiempo.
Mientras el foco mediático se concentraba en Gaza, al menos 1.039 personas palestinas han sido asesinadas en Cisjordania en los últimos dos años, 225 de ellas menores. Solo en 2025, las muertes ascienden a 233, con 52 niños y niñas. La colonización no es pacífica: avanza acompañada de violencia armada, pogromos, incendios, expulsiones y asesinatos.
By every metric and in every way, Israel is consolidating apartheid and killed any hope of a 2 state solution.https://t.co/IJpUAhbGZK pic.twitter.com/U32I6Yopgg
— Khaled Elgindy (@elgindy_) December 21, 2025
APARTHEID CONSOLIDADO BAJO SELLO INSTITUCIONAL
En julio de 2024, la Corte Internacional de Justicia fue inequívoca: la ocupación israelí constituye un régimen de apartheid ilegal y debe terminar. El tribunal concluyó que las colonias equivalen a anexión de facto, un crimen según el derecho internacional. El artículo 49 de la Cuarta Convención de Ginebra prohíbe expresamente trasladar población civil del poder ocupante al territorio ocupado. Israel lo hace desde hace décadas, ahora con una velocidad sin precedentes.
El secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió en diciembre de 2025 que la expansión colonial es “implacable” y destruye cualquier posibilidad de un Estado palestino contiguo, soberano y democrático. No es una opinión ideológica. Es una constatación jurídica y geográfica. Un territorio fragmentado por colonias, carreteras segregadas y muros no puede sostener soberanía alguna.
El primer ministro Benjamin Netanyahu, buscado por la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra en Gaza, mantiene un Gobierno donde figuras clave niegan incluso la existencia del pueblo palestino. Desde esa premisa, la colonización no es un exceso, es coherente. Si no existe el otro, no hay crimen en expulsarlo.
Estados Unidos finge incomodidad. El presidente Donald Trump ha insinuado que Israel perdería apoyo si anexiona formalmente Cisjordania. Pero la realidad desmiente el teatro diplomático. Sin el respaldo militar, económico y político de Washington, esta expansión sería imposible. Así lo resumió Sarah Leah Whitson, directora de DAWN: “La única razón por la que Israel se sale con este robo descarado es el apoyo estadounidense”.
Las colonias no son viviendas. Son herramientas de limpieza étnica progresiva. Los colonos atacan a campesinas y campesinos, incendian casas, destruyen olivares y fuerzan desplazamientos. A veces con el ejército mirando, a veces participando, a veces reprimiendo a quienes intentan resistir. Incluso soldados israelíes han sido agredidos por colonos cuando estorbaban la expansión. El Estado tolera, protege y legaliza la violencia que le resulta útil.
Hablar de proceso de paz en 2025, con 19 nuevas colonias aprobadas, 770.000 colonos, más de 200 asentamientos ilegales, y un tribunal internacional que habla de apartheid, es una forma de cinismo político. No se está negociando nada: se está enterrando Palestina bajo hormigón, armas y decretos ministeriales, mientras la comunidad internacional sigue confundiendo diplomacia con complicidad.
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