Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Quinndy Akeju explica la historia que los titulares evitan
Sudán del Sur nació en 2011, convertido en el país más joven del mundo. Aquella foto de independencia recorrió los medios como un triunfo de la paz. Pero la narrativa oficial se desmorona en cuanto se atiende al análisis que realiza la periodista Quinndy Akeju, compañera de Spanish Revolution, en un vídeo que desmonta de forma directa la operación geopolítica que hoy sostiene uno de los peores genocidios del siglo XXI. Su explicación revela que la separación no fue un gesto emancipador, sino una estrategia cuidadosamente diseñada para reforzar el dominio exterior sobre un territorio clave en recursos y posición.
Antes de la ruptura, Sudán era un país con enormes riquezas: petróleo, oro, tierras fértiles y la goma arábiga que la industria global usa en alimentación y cosméticos. Ese potencial económico debería haber sido un motor de prosperidad. En cambio, fue tratado como un botín. La división en dos Estados no surgió de un conflicto inevitable. Fue impulsada para convertir a los nuevos países en piezas débiles, endeudadas y dependientes de potencias extranjeras. La historia se repite en África cada vez que un territorio muestra señales de autonomía económica.
Estados Unidos desempeñó un rol central. Aparentemente actuó como mediador de paz en un conflicto que se vendió al mundo como una batalla religiosa entre cristianos y musulmanes. Pero ese relato era un decorado. La intervención estadounidense respondía a tres objetivos: asegurar el acceso al petróleo del sur, limitar la presencia china en la región y consolidar su influencia militar y estratégica sobre el Mar Rojo y el Cuerno de África. El guion que presenta Quinndy lo muestra con claridad: no hubo neutralidad, hubo intereses.
La independencia no trajo estabilidad. Entre 2012 y 2013, más del 70 por ciento del presupuesto de Sudán del Sur dependía directamente de financiación occidental. Un país sin margen de decisión, obligado a seguir indicaciones externas mientras multinacionales y gobiernos foráneos ampliaban su presencia en el territorio. Las advertencias de figuras panafricanistas como Kwame Nkrumah vuelven a tener vigencia. Ya explicaba en los años sesenta que la balcanización de África, presentada bajo apariencia de ayuda humanitaria, perpetúa la subordinación económica y política. Quinndy recupera esa idea para entender el presente: cada fragmentación es una oportunidad de control.
CUANDO SE FRAGMENTA UN PAÍS, AUMENTA LA SANGRE QUE NO SALE EN LOS INFORMATIVOS
La división no trajo paz, trajo más guerra. Hoy Sudán vive uno de los peores genocidios del siglo XXI. Más de un millón de personas desplazadas, miles asesinadas y una destrucción sistemática que no es fruto de un conflicto interno ni de una guerra civil. La violencia responde a una maquinaria organizada y financiada desde fuera. Quinndy lo explica sin eufemismos: el genocidio actual está siendo perpetrado principalmente por la milicia terrorista Rapid Support Forces (RSF), armada y financiada por los Emiratos Árabes Unidos.
Occidente observa, pretende desconocer los vínculos y sigue tratando el tema como un problema local. Pero la pregunta es obvia. ¿Quién se beneficia de la fragmentación, del caos y del sufrimiento permanente. La respuesta es la misma que en 2011. Las potencias que impulsaron la separación son las mismas que hoy manipulan el tablero para mantener acceso ilimitado al petróleo, al oro y a la posición estratégica del país. La línea que conecta ambos momentos es directa. No hay sorpresas, sólo continuidad.
La narrativa humanitaria se despliega de nuevo. Se habla de ayuda, de cooperación y de asistencia al desarrollo. Pero mientras tanto, empresas extranjeras siguen firmando contratos, obteniendo explotaciones de recursos y ampliando su presencia militar o logística en la región. Lo que se presenta como solidaridad es, en realidad, una operación de control diseñada para mantener a Sudán dividido, frágil y ocupado en su propia supervivencia.
La población paga el precio. Las y los civiles son quienes sufren los desplazamientos, la violencia sexual, la destrucción de aldeas y el bloqueo de rutas humanitarias. El pueblo sudanés no está viviendo un conflicto interno, sino las consecuencias de décadas de injerencia extranjera que ha utilizado la fragmentación como arma política. Una estrategia colonial vestida con el lenguaje de la paz.
Quinndy Akeju lo resume con la claridad que los gobiernos evitan. Llama a las cosas por su nombre. Denuncia la manipulación mediática que presenta la situación como un enfrentamiento tribal. Y expone cómo los silencios calculados de Europa y Estados Unidos permiten que la RSF continúe actuando sin freno mientras sus financiadores mantienen negocios intactos. No hay casualidades cuando se trata de masacres que se prolongan en el tiempo. Lo que hay es estructura.
Sudán y Sudán del Sur son hoy el resultado de una receta conocida: fragmentar para dominar, empobrecer para controlar, intervenir para saquear. El mapa roto favorece a quienes siempre han visto el continente africano como una reserva infinita de materias primas y no como un conjunto de pueblos con derecho a decidir su destino sin tutelas externas. La independencia de 2011 se celebró como liberación, pero funcionó como el inicio de una nueva dependencia.
Y mientras los gobiernos hablan de estabilidad regional, la verdad es que el terror avanza porque a demasiados actores les conviene. La violencia no es un accidente. Es una herramienta. Y el silencio internacional no es desconocimiento. Es cálculo.
Sudán no arde solo. Arde porque otros soplan. Arde porque otros cobran. Arde porque a algunos no les interesa apagar nada mientras la tierra siga produciendo oro y el subsuelo siga produciendo petróleo. Arde porque así se gobierna un territorio al que nunca se le permitió gobernarse a sí mismo.
Y siempre hay quien lo llama conflicto. Cuando en realidad es colonialismo reeditado, una y otra vez, sobre los cuerpos de quienes no cuentan para nadie más que para explotarles.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Netanyahu ya no disimula: Gaza se ocupa por porcentajes
Netanyahu ya no disimula. Gaza se está ocupando por porcentajes: primero el 52%, luego el 60%, ahora ordena avanzar hasta el 70% y, cuando el público le pide el 100%, responde con una broma: “vayamos en orden”.
Eso no es seguridad. Es desposesión administrada. Es convertir un alto el fuego en una coartada para encerrar a 2,1 millones de personas en cada vez menos territorio, mientras el mundo finge sorpresa ante una estrategia que lleva meses desplegándose delante de todos.
Cuando un Gobierno habla de ocupar Gaza por fases, ya no estamos ante una guerra: estamos ante un plan.
👉 El artículo completo puede leerse en el primer comentario.
Y si quieres ayudarnos a seguir haciendo periodismo que no baja la cabeza:
donorbox.org/aliadas
Contra el racismo institucional: Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le contestó con una palabra incómoda, pruebas
Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le ha contestado con lo único que desmonta la propaganda: pruebas. Y no las había. Ni de que la sanidad fuera a hundirse, ni de que la educación fuera a reventar, ni de que Madrid fuese a convertirse en una especie de apocalipsis administrativo por regularizar a personas migrantes.
El truco es viejo y miserable: primero deterioran lo público y luego culpan a quienes llegan buscando derechos, trabajo y una vida posible. No era gestión. Era racismo institucional con membrete oficial.
El artículo completo puede leerse en el primer comentario 👇
Y si queréis ayudarnos a seguir haciendo periodismo que no agacha la cabeza: Donorbox.org/aliadas
Aimar Bretos toma ‘Hoy por hoy’ mientras la SER intenta vender normalidad donde huele a crisis
La SER intenta vender como relevo natural lo que suena demasiado a operación de poder.
Aimar Bretos asumirá Hoy por hoy el 31 de agosto, tras la salida de Àngels Barceló después de 21 años en la cadena y 7 al frente del programa. El problema no es Bretos. El problema es ese viejo truco de llamar “pluralidad” a lo que muchas veces significa presión editorial, ajuste interno y disciplina empresarial.
Porque cuando una periodista sale así, cuando compañeras y compañeros lamentan públicamente las formas, cuando la plantilla tiene que defender su profesionalidad, la palabra independencia empieza a sonar menos a principio y más a decorado.
A lo que llaman relevo quizá haya que llamarlo por su nombre: una operación de despacho con música de sintonía.
👉 Artículo completo en el primer comentario.
💥 Puedes ayudarnos a seguir haciendo periodismo incómodo en Donorbox.org/aliadas.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete a Silicon Valley en el corazón de Defensa
Defensa entregó a una empresa nacida en el ecosistema de la CIA una pieza sensible de la inteligencia militar española, sin publicidad, con una sola oferta y bajo una capa de secreto que huele demasiado a negocio blindado.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete el tecnofascismo en Defensa
Mientras nos hablan de modernización, eficiencia y seguridad, el Estado español abre la puerta de su inteligencia militar a una de las empresas más vinculadas al negocio global de la vigilancia, la guerra y el poder algorítmico. Te lo contamos en #ReportajesSR. Presentado por Patricia Salvador.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir