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De Nueva York a Minneapolis, Detroit o Atlanta, la izquierda socialista gana poder local mientras el trumpismo redobla su ofensiva ideológica
MUNICIPALISMO SOCIALISTA: LA RESPUESTA POPULAR A LA CRISIS DE VIVIENDA
El triunfo del demócrata socialista Zohran Mamdani como nuevo alcalde de Nueva York fue la noticia política más potente de la semana. Pero su victoria no fue un hecho aislado. En más de una veintena de ciudades estadounidenses, candidaturas socialistas y progresistas han logrado imponerse en las elecciones municipales de noviembre de 2025, consolidando un movimiento que, lejos de agotarse, crece desde abajo, impulsado por redes vecinales, voluntariado y campañas de puerta a puerta centradas en la crisis de la vivienda, la precariedad y el coste de la vida.
En Minneapolis, once de las veintidós candidaturas avaladas por el Comité Nacional de Elecciones de los Democratic Socialists of America (DSA) lograron escaños. Robin Wonsley, reelegida por tercera vez al consejo municipal, lleva años promoviendo la expansión de las protecciones antidiscriminatorias y la prohibición del uso de algoritmos para subir alquileres. Soren Stevenson, activista que perdió un ojo tras ser disparado por la policía durante las protestas por el asesinato de George Floyd, ganó también un asiento tras haber quedado a 38 votos del puesto en 2023.
El bloque progresista mantiene una mayoría ajustada en el consistorio, aunque insuficiente para vetar al alcalde corporativo Jacob Frey, reelegido por un estrecho margen frente al candidato socialista Omar Fateh, que proponía control de rentas y un plan de vivienda pública. Frey, con el apoyo de tres PACs financiados por constructores, fondos inmobiliarios, plataformas como Lyft y algunos sindicatos, gastó casi el triple que los comités progresistas.
El escándalo más sonado se produjo cuando el Partido Demócrata local (DFL) revocó el respaldo que Fateh había obtenido legítimamente en la convención de julio, tras una maniobra de la dirección estatal que ignoró la protesta de representantes como Ilhan Omar. El resultado final, con apenas 8.000 votos de diferencia, reabre el debate sobre la interferencia partidista y los límites del aparato demócrata frente a la izquierda socialista.
EL SUR Y EL MEDIO OESTE TAMBIÉN DESPIERTAN
En Atlanta, la organizadora sindical Kelsea Bond se convirtió en la primera concejala socialista de la historia de la ciudad, con un contundente 64% de los votos. Su campaña, financiada por pequeñas donaciones y centrada en el derecho a la vivienda y el transporte público, fue una respuesta directa al megaproyecto policial conocido como “Cop City”, símbolo de la represión estatal y la privatización del espacio urbano.
En Detroit, el exdirector de comunicación de la congresista Rashida Tlaib, Denzel McCampbell, arrasó con el 60% de los votos, ganando un asiento en el consejo municipal. Su campaña, inspirada explícitamente en la de Mamdani, movilizó miles de llamadas y visitas puerta a puerta. En su primera intervención pública, McCampbell afirmó: “Si la vivienda es un negocio, la pobreza es una condena. Nuestra tarea es acabar con ambas”.
El fenómeno se repite en el noreste. En Ithaca, los socialistas Jorge DeFendini y Hannah Shvets —esta última de solo 20 años, la más joven de la historia socialista estadounidense— ganaron con amplias mayorías, apostando por estabilizar los alquileres y reforzar los códigos de edificación. En Poughkeepsie, el militante Daniel Atonna logró un asiento defendiendo el mismo programa: vivienda digna, transporte público y poder municipal frente al capital especulativo.
En Nueva York, las concejalas socialistas Alexa Avilés y Tiffany Cabán revalidaron sus escaños pese al acoso financiero del lobby inmobiliario. Y la figura del defensor público Jumaane Williams, aliado de Mamdani, se consolida como uno de los principales apoyos institucionales del nuevo alcalde.
En Massachusetts, los resultados fueron mixtos. En Cambridge, Ayah Al-Zubi, joven arquitecta de origen palestino, se convirtió en la tercera candidata más votada de entre 19, con un discurso centrado en la propiedad pública del suelo y el alquiler social municipal. En Somerville, sin embargo, el socialista Willie Burnley Jr., apoyado por el senador Ed Markey, perdió la alcaldía pese a su papel en la condonación de deudas médicas y la ampliación de los derechos de inquilinas e inquilinos.
No obstante, la ciudadanía de Somerville aprobó un referéndum para desinvertir los fondos públicos de Israel, un hecho histórico que pone de manifiesto el creciente vínculo entre socialismo local y solidaridad internacionalista, aunque el nuevo alcalde no haya respaldado la medida.
En el cinturón de Washington D.C., Frankie Fritz desalojó a una concejala que llevaba 34 años en el cargo en Greenbelt, mientras que en Carolina del Norte el socialista Danny Nowell fue reelegido en Carrboro tras construir la primera biblioteca municipal en décadas y prometer un plan de urbanismo verde.
EL MODELO MAMDANI: DE NUEVA YORK AL RESTO DEL PAÍS
La suma de estos resultados marca un cambio de ciclo en la izquierda estadounidense. Por primera vez, las victorias locales no se acompañan de grandes derrotas simbólicas. El municipalismo socialista no es ya una anécdota, sino una red de poder territorial que se extiende de costa a costa y que sitúa el problema de la vivienda en el centro del debate nacional.
Mamdani ha demostrado que el socialismo del siglo XXI en Estados Unidos puede ganar elecciones sin renunciar a su identidad. Su campaña —voluntaria, masiva y sin dinero corporativo— ha sido replicada desde Detroit hasta Cambridge. La receta es sencilla: organización, puerta a puerta y propuestas materiales para sobrevivir a un país que se desangra por los alquileres, los seguros médicos y la deuda estudiantil.
A cada victoria local le sigue una ola de miedo en las élites: Trump ha insinuado retirar fondos federales a Nueva York, y los republicanos han llegado a plantear la retirada de ciudadanía a Mamdani. Pero cada intento de demonización parece tener el efecto contrario: cuanto más criminalizan la esperanza, más crece el deseo de justicia social.
No fue solo Mamdani. Fue la respuesta popular a un país donde trabajar ya no garantiza vivir, y donde la política se ha convertido en un acto de resistencia cotidiana.
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