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Salarios, jubilaciones y servicios públicos, las verdaderas víctimas del «milagro económico»
La administración de Javier Milei presenta con orgullo una inflación interanual del 166%, una cifra menor al desastre que él mismo provocó con su devaluación del 118% en diciembre de 2023. Este ajuste inicial disparó la inflación al 25,5% en un solo mes. Ahora, con un índice mensual reducido al 2,4% en noviembre de 2024, el Gobierno no duda en presumir de éxito. Sin embargo, estas cifras ocultan el precio brutal que ha pagado la población argentina.
Los salarios han sufrido caídas estrepitosas: un 4% menos en el sector privado, un 20% en el público y un 30% en el salario mínimo. Las jubilaciones han perdido un 13% de su poder adquisitivo, mientras el Gobierno anuncia que en 2025 los aumentos salariales no superarán el 1% mensual. La estabilidad macroeconómica no es más que un espejismo sustentado en la miseria cotidiana de millones de argentinos y argentinas.
Por su parte, el desempleo registrado alcanzó un 6,9% en el tercer trimestre, un aumento significativo respecto al 5,7% del periodo final de Alberto Fernández. Este incremento refuerza una tendencia que ya se había acentuado con los recortes draconianos en educación, ciencia y salud. La inversión en educación pública cayó un 40% en comparación con 2023, y las universidades vieron cómo se vetaba el aumento de sus presupuestos.
Pese a las promesas de Milei de que su «ajuste más grande de la historia» solo afectaría a la «casta política», las cifras reflejan otra realidad: el gasto público recortado en un 28% provenía de jubilaciones y servicios esenciales.
DEUDA, ESPECULACIÓN Y UN FMI COMO SOCIO PREFERENTE
Bajo la apariencia de un «milagro económico», la economía argentina sigue atrapada en las garras del Fondo Monetario Internacional (FMI). Milei renegocia otro préstamo para 2025, a pesar de haber presumido de superávit fiscal y reducción del déficit. La contradicción se explica por el retorno de la «bicicleta financiera», un mecanismo que permite a las élites multiplicar sus ganancias mientras el pueblo soporta los ajustes.
El «carry trade» ha permitido a empresas y ahorristas obtener rendimientos de entre un 50% y un 90% en 2024, gracias a instrumentos indexados por inflación. Estas operaciones, si bien legales, representan una injusticia estructural en un país donde más de un tercio de la población vive en pobreza.
Por otro lado, el blanqueo de capitales sumó 23.000 millones de dólares al circuito formal, una cifra que Milei utiliza para maquillar sus logros. Pero esta «inyección de fortuna» no elimina los problemas estructurales. En 2025, vencen 20.000 millones de dólares en deuda, una cifra insostenible sin acceso a divisas frescas. El Gobierno se enfrenta a un dilema: mantener el atraso cambiario, que actúa como ancla en los precios, o liberar el mercado, lo que podría disparar el dólar y desatar un nuevo ciclo de inflación.
La dependencia del FMI no es casual; es parte de una política diseñada para satisfacer a los mercados internacionales a costa de hipotecar el futuro del país.
Mientras tanto, el turismo, que en 2023 había sido un alivio económico, se desplomó un 29,2% interanual en noviembre. La razón principal es el cambio desfavorable en el tipo de cambio para los extranjeros, que evidencia que la estabilidad cambiaria es solo superficial.
El modelo de Milei se asienta en una premisa simple: sacrificar derechos sociales para satisfacer a las élites económicas. El costo real de estas políticas no se mide en dólares o porcentajes, sino en vidas deterioradas, oportunidades perdidas y una desigualdad cada vez más profunda.
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