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Las restricciones al aborto y la autonomía reproductiva se asemejan al régimen de Gilead
Lo que hace algunos años parecía una advertencia ficticia en El cuento de la criada, la famosa novela de Margaret Atwood, hoy se convierte en una sombría realidad en Estados Unidos. En la serie, las mujeres son despojadas de su autonomía y reducidas a meros instrumentos de reproducción. La eliminación de Roe vs. Wade ha empujado a Estados Unidos hacia una visión similar, donde el control sobre el cuerpo de las mujeres y las personas con capacidad de gestar ya no les pertenece. Los estados han tomado el poder de decidir sobre los derechos reproductivos, imponiendo prohibiciones extremas que ignoran las necesidades y derechos básicos de las personas.
Desde que el Tribunal Supremo, con la ayuda de jueces de tendencias ultraconservadoras nombrados por Donald Trump, eliminó el amparo federal al aborto, el país se ha transformado en un mosaico de restricciones. En la distopía de Atwood, las leyes se dictan bajo el amparo de una moral religiosa que considera a las mujeres meras incubadoras. La situación en Estados Unidos resuena de manera escalofriante con este concepto, donde estados como Texas y Alabama han prohibido casi cualquier tipo de interrupción voluntaria del embarazo, sin importar las circunstancias de salud de las mujeres o los casos de violación o incesto.
El acceso a anticonceptivos y la libertad reproductiva, en peligro
El Proyecto 2025 de la Heritage Foundation lleva la narrativa distópica aún más lejos. Este plan busca que médicos, farmacéuticos y compañías de seguros puedan negarse a proporcionar servicios de salud reproductiva basados en objeciones de conciencia. La planificación familiar, los anticonceptivos y el aborto quedarían fuera del alcance para millones de personas. En Gilead, las mujeres no tienen derecho a decidir sobre sus cuerpos; en Estados Unidos, la autonomía reproductiva se erosiona bajo el pretexto de valores morales y religiosos. Las políticas actuales representan un ataque frontal a la libertad individual y la dignidad, relegando a las personas a un estado de dependencia y vulnerabilidad.
La serie de Atwood muestra una sociedad en la que hasta el lenguaje está controlado para mantener el orden opresivo. Hoy, el Proyecto 2025 propone eliminar palabras como «equidad de género», «aborto» y «derechos reproductivos» de las leyes federales. Este acto de borrado lingüístico no es casual; es un intento de invisibilizar y suprimir las luchas y avances que tanto han costado conquistar.
El avance de la agenda ultra: un espejo aterrador
La comparativa con El cuento de la criada no es exagerada, ni un recurso literario. La ofensiva antiabortista y ultraconservadora de Estados Unidos tiene como objetivo consolidar un control absoluto sobre la vida de las mujeres y las personas LGTBI. Mientras que en Gilead las mujeres son vigiladas y castigadas por cualquier acto de rebeldía, en Estados Unidos, el aparato judicial y político traza un camino similar mediante leyes y restricciones que buscan silenciar a quienes defienden sus derechos.
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca es el refuerzo simbólico de esta agenda, y el eco de sus políticas encuentra resonancia en otras naciones. En Europa, la influencia de su ideología ha ganado terreno, especialmente en países como Hungría y Polonia, donde los derechos de las mujeres también están siendo cuestionados. Lo que ocurre en Estados Unidos no es solo un problema local, es una señal de alerta para el resto del mundo.
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