Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El cierre total del territorio ocupado permite a colonos armados, protegidos por el ejército israelí, intensificar ataques, expulsiones y detenciones contra comunidades palestinas.
La guerra que Estados Unidos e Israel han abierto contra Irán ha desviado la atención internacional hacia un nuevo frente militar. Mientras los misiles dominan los titulares, otro proceso mucho más silencioso avanza en la Cisjordania ocupada. Un proceso de cierre, asedio y violencia que no es improvisado. Es la continuación de una estrategia que lleva décadas desarrollándose: la expulsión paulatina de comunidades palestinas de sus tierras.
Desde el inicio de la ofensiva regional, el ejército israelí ha impuesto un cierre militar total sobre Cisjordania. Todos los controles han sido bloqueados, las carreteras selladas con puertas metálicas y montículos de tierra, y numerosas aldeas han quedado literalmente aisladas del resto del territorio. Bajo este bloqueo generalizado, colonos israelíes armados han intensificado ataques contra pueblos palestinos, con el respaldo o la pasividad de las fuerzas militares.
El resultado es un territorio fragmentado, cercado y sometido a una violencia cotidiana que apenas llega a los informativos internacionales.
EL CIERRE MILITAR COMO HERRAMIENTA DE CONTROL
Horas después de que comenzara la nueva escalada militar el sábado 28 de febrero de 2026, el ejército israelí cerró todos los puntos de control que conectan ciudades y aldeas palestinas en Cisjordania. La medida fue presentada oficialmente como un “cordón de seguridad preventivo” sobre el territorio conocido por Israel como “Judea y Samaria”, denominación que el gobierno utiliza para referirse a Cisjordania ocupada desde 1967.
En la práctica, este cierre ha paralizado la vida cotidiana de millones de personas.
En Ramala, una de las principales ciudades palestinas, residentes explican que no es posible abandonar la ciudad por carretera. Intentar atravesar los controles puede terminar en detenciones o registros violentos por parte de soldados.
La situación es aún más grave en comunidades rurales.
En la aldea de Duma, al este de Ramala, soldados y colonos bloquearon la única salida del pueblo desde el inicio del cierre. Nadie puede salir, ni siquiera a pie. Trabajadoras y trabajadores, menores y personas enfermas han quedado atrapadas dentro del pueblo, según denunció el alcalde Hussein Dawabsheh.
El bloqueo llega incluso a impedir evacuaciones médicas. Las autoridades israelíes rechazaron permitir el traslado de un paciente de 88 años que necesitaba asistencia sanitaria urgente. Tampoco pueden entrar suministros básicos.
Las tiendas se han quedado sin comida y sin gas para cocinar, justo en pleno mes de Ramadán, cuando el consumo alimentario suele aumentar.
En la región de Masafer Yatta, en el sur de Cisjordania, la instalación de nuevas puertas militares ha cortado rutas clave entre comunidades palestinas. Quien necesita atención médica debe intentar recorrer largos trayectos a pie por caminos agrícolas.
Mientras tanto, los colonos israelíes circulan sin restricciones por el territorio ocupado.
COLONOS ARMADOS, ALDEAS ATACADAS
El cierre militar ha creado una situación que activistas y residentes describen como una oportunidad para la expansión colonial. Con las comunidades palestinas aisladas y la atención internacional centrada en Irán, los ataques de colonos se han multiplicado.
Uno de los episodios más graves ocurrió el lunes 2 de marzo de 2026 en el pueblo de Qaryut, cerca de Nablus.
Colonos comenzaron a arrancar olivos para construir una carretera destinada a conectar un puesto avanzado ilegal con otras colonias. Cuando varios vecinos intentaron detener la destrucción de los árboles, los colonos primero lanzaron piedras y después abrieron fuego con armas de fuego.
Dos hermanos palestinos, Muhammad y Fahim Muammar, de 52 y 48 años, murieron en el ataque.
Otro residente resultó gravemente herido.
Debido a los bloqueos militares, las ambulancias tardaron más de una hora en llegar al pueblo, lo que retrasó la atención médica de los heridos.
El ejército israelí afirmó posteriormente que el autor de los disparos era un reservista activo del ejército, al que se le retiró el arma y se abrió una investigación. Sin embargo, activistas y residentes denuncian que la intervención militar llegó tarde y que los colonos actuaron con protección de soldados presentes en la zona.
“Los colonos tenían cobertura total del ejército”, relató el sanitario y activista Bashar Qaryuti.
Los ataques no se limitan a un solo pueblo.
En el valle del Jordán, colonos han irrumpido repetidamente en comunidades como Samra o Al-Hadidiya, destruyendo viviendas, abriendo depósitos de agua y atacando a residentes. Según testigos, los soldados presentes no intervinieron para detener las agresiones.
En muchos casos, tras los ataques, el ejército arresta a los propios palestinos.
Durante uno de estos incidentes, varios hombres del pueblo fueron detenidos mientras colonos golpeaban a uno de ellos incluso cuando estaba esposado. Ningún colono fue arrestado.
Las agresiones también incluyen ataques contra pastores y confiscación de ganado. En la aldea de A-Sfai, en Masafer Yatta, colonos dispararon contra residentes que intentaban proteger sus ovejas. Uno de los disparos hirió en la mano a Fadel Makhamra, que cayó al suelo sangrando.
Con todas las carreteras bloqueadas, los sanitarios del servicio de emergencia palestino tuvieron que guiar por videollamada a los vecinos para aplicar primeros auxilios mientras intentaban llegar al lugar.
El sistema se repite una y otra vez.
Colonos atacan.
El ejército observa o llega tarde.
Los palestinos terminan detenidos.
En el pueblo de Susya, colonos armados obligaron a arrodillarse a un pastor de 14 años, Moataz Nawajah. Cuando vecinos intentaron intervenir, uno de los colonos disparó munición real. El ejército detuvo al menor y a otros cuatro residentes.
Ninguno de los atacantes fue arrestado.
Para quienes viven en estas comunidades, el mensaje es claro.
La combinación de cierre militar, impunidad de colonos y detenciones arbitrarias está empujando lentamente a muchas aldeas a abandonar sus tierras.
Una estrategia que no necesita grandes bombardeos ni titulares internacionales.
Basta con cerrar los caminos, permitir la violencia y esperar a que el miedo haga el resto.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir