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«La realidad es clara: la ocupación es un problema marginal, pero se ha convertido en el chivo expiatorio perfecto».
EN 3 CLAVES
- El 0,06% de las viviendas en España son ocupadas ilegalmente y en el caso de la habitual, se desaloja al momento. Esta cifra, proporcionada por fuentes oficiales, demuestra que la ocupación es un fenómeno marginal y no el problema generalizado que se quiere hacer creer.
- La alarma social beneficia a las empresas de seguridad y a ciertos sectores políticos. Empresas como Desokupa han construido su negocio sobre la base del miedo, mientras que la derecha utiliza la ocupación como una herramienta política para desviar la atención de otros problemas.
- Los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad en la creación y perpetuación de esta alarma. En lugar de informar con rigor y basarse en datos, muchos medios prefieren el sensacionalismo, contribuyendo a una percepción errónea de la realidad.
La histeria por la ocupación de viviendas en España ha sido alimentada por discursos interesados y, en ocasiones, por personajes del ámbito mediático que buscan titulares. El caso del cantante Manu Tenorio, que denunció públicamente a unos supuestos ‘inquiokupas’ en su vivienda, es un ejemplo de cómo se manipula la realidad. Lo que inicialmente parecía una historia más de ocupación ilegal terminó siendo un problema de impago de alquiler. Este detalle, aunque crucial, quedó rápidamente enterrado bajo una montaña de desinformación y sensacionalismo.
?Manu Tenorio contra sus inquilinos (@manutenorio)
— Mañaneros (@MananerosTVE) September 17, 2024
El cantante asegura que no le pagan desde hace un año: "Esto no es una guerra, sencillamente es que se reconozcan los derechos que yo tengo"#Mañaneros17Shttps://t.co/CfpoB4nErB pic.twitter.com/cwDqsarz27
LA MANIPULACIÓN DEL MIEDO: UNA HERRAMIENTA POLÍTICA
El hecho de que solo el 0,06% de las viviendas en España estén ocupadas ilegalmente no ha frenado la avalancha de titulares alarmistas ni los discursos apocalípticos de algunos sectores. La derecha y la extrema derecha han utilizado la ocupación como arma política para perpetuar el miedo y el caos en la opinión pública. Es fácil entender por qué. El miedo siempre ha sido un recurso eficaz para movilizar a las masas y desviar la atención de problemas más profundos y estructurales, como la precariedad laboral, la falta de acceso a la vivienda o la corrupción en las instituciones.
La realidad es clara: la ocupación es un problema marginal, pero se ha convertido en el chivo expiatorio perfecto. Al centrarse en este tema, se evita hablar de cómo las políticas de vivienda no abordan las verdaderas necesidades de la población más vulnerable. Quienes se benefician de esta campaña de miedo no son las y los ciudadanos, sino los actores económicos y políticos que ven en este tema una oportunidad para lucrarse.
Es aquí donde entran en juego empresas como Desokupa, un grupo que se ha hecho tristemente famoso por ofrecer sus servicios de desalojo «exprés» a propietarios preocupados. A estas empresas les interesa mantener viva la alarma social porque de ella se nutren. Venden seguridad, o más bien, la ilusión de seguridad, a costa de criminalizar situaciones complejas que, en la mayoría de los casos, tienen que ver con la precariedad económica.
EL PAPEL DE LOS MEDIOS Y LA RESPONSABILIDAD DE LA INFORMACIÓN
El periodismo tiene una responsabilidad fundamental en la formación de la opinión pública. Sin embargo, muchos medios han optado por sumarse a la ola de la histeria colectiva en lugar de informar con rigor. Es más rentable generar miedo que educar a la audiencia. El caso de Manu Tenorio se presentó inicialmente como una nueva muestra de la «amenaza» que supone la ocupación, cuando en realidad se trataba de un conflicto entre arrendador e inquilinos por impago de alquiler.
Los medios que alimentan esta narrativa sensacionalista no son neutrales. Están contribuyendo activamente a una desinformación que solo favorece a ciertos sectores, mientras que la ciudadanía paga el precio de vivir en un clima de inseguridad percibida. No es casualidad que muchas de estas noticias vayan acompañadas de anuncios de sistemas de alarma y de seguridad privada. Las empresas de seguridad son, sin duda, uno de los grandes beneficiados de esta campaña de terror. Al vender sistemas de protección basados en un miedo infundado, no hacen más que reforzar la narrativa de que cualquier hogar puede ser ocupado en cualquier momento, cuando la realidad dista mucho de eso.
Pero los grandes beneficiados no son solo las empresas. La derecha y la extrema derecha también han encontrado en este tema un filón para fortalecer su discurso de orden y control. Aprovechan la confusión y el miedo para promover políticas más represivas que, en lugar de solucionar los problemas reales de acceso a la vivienda, acaban perjudicando aún más a las personas en situación de vulnerabilidad. No se habla de los miles de familias que viven en la calle o en condiciones de hacinamiento; no se habla de los fondos buitre que acumulan propiedades vacías. Se habla de ocupación como si fuera el gran mal a erradicar, cuando en realidad es un problema anecdótico en términos numéricos.
Es urgente que los medios de comunicación asuman su papel de educadores y no de agitadores. La información debe estar basada en hechos y no en sensacionalismos. Además, es crucial que las y los periodistas comprendan la responsabilidad social que tienen al dar visibilidad a temas tan sensibles como este. No se puede seguir alimentando el miedo sin tener en cuenta las consecuencias sociales que esto genera.
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