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La presidenta de la Comisión Europea abre la puerta a un mundo sin reglas justo cuando Trump y Putin demuestran lo que ocurre cuando la ley internacional se sustituye por la fuerza.
No es la primera vez que lo decimos. Y probablemente tampoco será la última. Hace tiempo advertimos del rumbo peligroso que estaba tomando la Comisión Europea bajo el liderazgo de Ursula von der Leyen. Lo escribimos aquí:
https://spanishrevolution.net/repetimos-hay-que-echar-a-von-der-leyen/
Lo reiteramos después:
https://spanishrevolution.net/para-no-ser-lacayos-de-estados-unidos-hay-que-echar-a-von-der-leyen/
Y hoy vuelve a quedar claro que el problema no era una exageración. Era un diagnóstico.
Las declaraciones de Von der Leyen del 9 de marzo ante diplomáticos de los 27 Estados miembros de la Unión Europea confirman un giro político que pone en cuestión uno de los pilares fundacionales del proyecto europeo: la defensa del derecho internacional y del multilateralismo.
La presidenta de la Comisión afirmó que Europa ya no puede confiar en el sistema internacional basado en reglas como la única forma de defender sus intereses. Una frase que parece técnica, diplomática y casi abstracta. Pero que, en realidad, implica algo mucho más grave: normalizar un mundo donde la fuerza sustituye a la ley.
Un mundo que ya conocemos demasiado bien.
UNA EUROPA QUE RENUNCIA A SUS PROPIOS TRATADOS
La Unión Europea nació precisamente como reacción al caos que produce un orden internacional sin normas. Después de dos guerras mundiales, el proyecto europeo apostó por una arquitectura jurídica internacional basada en instituciones multilaterales, cooperación y derecho internacional.
Ese compromiso quedó cristalizado en el Tratado de Lisboa de 2009, que establece de forma explícita que la acción exterior de la Unión debe basarse en “el respeto de los principios de la Carta de las Naciones Unidas y del Derecho internacional”.
No es una declaración retórica. Es un mandato legal.
Por eso resulta tan inquietante escuchar a la presidenta de la Comisión Europea cuestionar la utilidad de ese marco. Porque lo que está en juego no es un matiz estratégico, sino la naturaleza misma del proyecto europeo.
Europa no fue creada para convertirse en otra potencia geopolítica que actúe al margen de las normas. Fue creada para demostrar que otro modelo era posible.
Sin embargo, las palabras de Von der Leyen apuntan en dirección contraria. La presidenta de la Comisión insinuó que el sistema multilateral construido tras la Segunda Guerra Mundial puede haberse convertido en un obstáculo para la credibilidad geopolítica europea.
Ese planteamiento coincide sospechosamente con la narrativa que llevan años promoviendo gobiernos y potencias que consideran el derecho internacional una molestia.
Rusia lo demostró con la invasión de Ucrania en 2022.
Estados Unidos lo demuestra cuando actúa unilateralmente en conflictos internacionales.
Israel lo demuestra con una política exterior basada en la fuerza militar permanente.
Y ahora, de forma preocupante, la Comisión Europea parece dispuesta a asumir esa lógica.
CUANDO EUROPA SE PARECE DEMASIADO A LAS POTENCIAS QUE CRITICA
El problema no es solo teórico. Las consecuencias de este giro ya se están viendo en la política internacional.
Mientras varios gobiernos europeos, entre ellos España, Francia e Italia, han insistido en la necesidad de defender el derecho internacional frente a la escalada bélica global, la Comisión Europea parece acercarse a posiciones mucho más cercanas a Washington.
El catedrático Alberto Alemanno, especialista en derecho europeo en HEC París, lo resumió de forma contundente: Von der Leyen ha elegido la política de poder por encima del multilateralismo basado en principios.
Una frase que revela la profundidad del problema.
Porque cuando Europa renuncia a su papel como defensora del derecho internacional pierde exactamente aquello que la hacía relevante en el mundo.
Europa no tiene el poder militar de Estados Unidos.
Tampoco tiene el control energético de Rusia.
Ni el peso demográfico de China.
Lo único que tenía era su autoridad normativa.
Durante décadas, la Unión Europea intentó construir su influencia global sobre un concepto conocido como “poder normativo”: la capacidad de impulsar estándares legales, derechos humanos y cooperación internacional.
Renunciar a ese modelo para competir en el terreno de la política de fuerza es una estrategia condenada al fracaso.
El propio debate interno dentro de la Unión refleja esta tensión. La Alta Representante de Política Exterior, Kaja Kallas, defendió ante los mismos diplomáticos que las principales crisis globales actuales tienen su origen en la erosión del derecho internacional.
Es decir, exactamente lo contrario de lo que sugiere la presidenta de la Comisión.
Dos discursos incompatibles dentro de la misma institución.
Según Alemanno, lo ocurrido podría interpretarse incluso como una “revolución institucional y posiblemente constitucional”, al redefinir la doctrina exterior de la Unión Europea al margen de los tratados.
No es un simple debate político. Es un choque entre legalidad y poder.
Mientras tanto, expertos internacionales advierten de las consecuencias geopolíticas de este alineamiento con la lógica de Washington. Investigadores del European Council on Foreign Relations alertan de que apoyar las operaciones militares estadounidenses en conflictos como el de Irán podría tener efectos devastadores para Europa.
Entre ellos, el aumento de los precios energéticos y una mayor dependencia del gas ruso, lo que paradójicamente fortalecería la posición de Vladímir Putin.
Es decir, exactamente lo contrario de lo que dice buscar la política exterior europea.
Europa correría el riesgo de convertirse en una potencia subordinada que abandona sus principios para terminar pagando el coste estratégico de decisiones ajenas.
La paradoja es brutal.
En un momento en el que el orden internacional basado en reglas está siendo atacado desde múltiples frentes, la presidenta de la Comisión Europea parece dispuesta a abandonar precisamente ese modelo.
Y si Europa renuncia a defender el derecho internacional, entonces la pregunta deja de ser incómoda y pasa a ser inevitable.
¿Para qué sirve exactamente la Unión Europea si no es para defender la ley frente a la fuerza?
Porque cuando incluso Bruselas empieza a hablar el lenguaje de Trump y Putin, el problema ya no es la geopolítica.
El problema es que Europa ha empezado a olvidar por qué fue creada.
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