Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Una ley aprobada el 30 de marzo consolida un sistema jurídico dual denunciado como apartheid por organismos internacionales
El 30 de marzo, el Parlamento israelí aprobó por 68 votos frente a 42 una ley que introduce la pena de muerte para los llamados “actos de terrorismo”. La formulación, deliberadamente ambigua, no es un detalle técnico: es la clave de un mecanismo que, según denuncian organizaciones de derechos humanos y expertos internacionales, permitirá aplicar la pena capital casi exclusivamente contra la población palestina, tanto dentro de Israel como en los territorios ocupados.
La medida llega en un contexto de escalada política y militar que ya había erosionado los estándares mínimos del derecho internacional. La legislación no solo amplía los supuestos para aplicar la pena de muerte, sino que elimina garantías procesales básicas, lo que ha llevado a organizaciones como Amnistía Internacional a denunciar que se trata de una herramienta destinada a reforzar un sistema de apartheid institucionalizado.
La crítica no es marginal. Gobiernos europeos como Alemania, Francia, Italia y Reino Unido alertaron en un comunicado conjunto del carácter discriminatorio de la ley, subrayando su aplicación desigual en función del origen nacional. El propio Ministerio de Exteriores alemán expresó su preocupación por el impacto de esta legislación en los derechos fundamentales en una declaración oficial publicada en su portal institucional.
Las advertencias no han sido atendidas. La ley ha salido adelante impulsada por el partido ultraderechista Poder Judío, liderado por el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, una figura clave en la radicalización del actual Ejecutivo israelí.
DOS SISTEMAS JURÍDICOS, UNA SOLA DIRECCIÓN: CASTIGO SELECTIVO
El núcleo del problema no es solo la pena de muerte, sino el marco en el que se aplicará. Israel mantiene dos sistemas judiciales paralelos: uno civil para sus ciudadanos y otro militar para la población palestina en Cisjordania. Esta dualidad no es nueva, pero la nueva ley la profundiza hasta extremos inéditos.
En los tribunales civiles, la pena capital se limitaría a determinados supuestos de asesinato vinculados a “terrorismo”. Sin embargo, en los tribunales militares —donde son juzgados los palestinos— la aplicación sería mucho más amplia y prácticamente automática. Según datos recogidos por organizaciones locales, el 96% de las personas palestinas juzgadas en estos tribunales son condenadas, muchas veces tras confesiones obtenidas bajo coacción.
La ONG israelí B’Tselem ha sido especialmente contundente al señalar que la ley está diseñada para normalizar la ejecución de palestinos como herramienta de castigo colectivo. En un mensaje difundido en redes sociales, recogido en el pronunciamiento público de B’Tselem, la organización denuncia que esta legislación institucionaliza la violencia estatal bajo apariencia legal.
El impacto diferencial es evidente. Mientras que más de 3 millones de palestinos en Cisjordania quedarían expuestos a este sistema, los más de 500.000 colonos israelíes que residen en los mismos territorios seguirían sujetos al derecho civil, con mayores garantías y sin riesgo real de pena de muerte en condiciones equivalentes.
Este desequilibrio ha llevado a fuerzas políticas árabes dentro de Israel a denunciar que el Estado reconoce de facto la existencia de dos regímenes legales diferenciados por origen étnico y nacional. La acusación es directa: un sistema que castiga con la muerte a unos mientras protege a otros no es justicia, es segregación institucionalizada.
DEL TRAUMA A LA VENGANZA: CUANDO LA LEY RENUNCIA A LA JUSTICIA
El contexto político en el que se aprueba esta ley es inseparable de los ataques del 7 de octubre de 2023, en los que murieron alrededor de 1.200 personas en Israel y más de 250 fueron secuestradas. Ese trauma colectivo ha sido utilizado como argumento central por los promotores de la legislación.
Sin embargo, juristas y expertos advierten que legislar desde la lógica de la venganza no solo no resuelve el conflicto, sino que lo agrava. La ampliación de la pena de muerte en un entorno de polarización extrema y desigualdad jurídica no apunta hacia la seguridad, sino hacia una espiral de violencia aún mayor.
Más de diez relatores y expertos de Naciones Unidas ya habían advertido durante la tramitación de la ley que las definiciones de terrorismo empleadas son excesivamente amplias. Esto implica que incluso conductas que no constituyen actos terroristas en sentido estricto podrían ser castigadas con la pena máxima. Además, denunciaron que los tribunales militares israelíes no cumplen los estándares internacionales de juicio justo, lo que convierte cualquier condena a muerte en una violación adicional del derecho a la vida.
En paralelo, la relatora de la ONU ha denunciado prácticas sistemáticas de tortura contra personas palestinas detenidas, señalando que estas dinámicas forman parte de un patrón más amplio de violencia estructural. En ese contexto, introducir la pena de muerte no es una medida aislada, sino la culminación de un sistema que ya vulnera de forma sistemática los derechos humanos.
Israel abolió la pena de muerte para delitos comunes en 1954 y solo la aplicó una vez, en 1962, contra Adolf Eichmann, uno de los responsables del Holocausto. Setenta años después, el país reintroduce esta herramienta no como excepción histórica, sino como política activa en un conflicto contemporáneo marcado por la ocupación y la desigualdad jurídica.
Cuando un Estado decide quién merece vivir y quién puede ser ejecutado en función de su identidad, la ley deja de ser un límite al poder y se convierte en su instrumento más brutal.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir