Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Amelia fue captada con tan solo 17 años y explotada en más de cuarenta prostíbulos españoles y ahora lucha por la abolición de la prostitución
Amelia Tiganus fue violada cuando tenía 13 años por cinco hombres en Rumanía y, a los 17, la captaron en su país de origen para traerla a España. La vendieron a un proxeneta español por 300 euros. Aquí la explotaron durante cinco años en más de cuarenta prostíbulos por toda España.
Hace doce años que Amelia logró dejar ese mundo atrás y hoy se dedica a luchar por las que están aún metidas en él o en peligro de caer en sus redes. Se ha convertido en oradora, escritora y activista por la abolición de la prostitución, en un referente del movimiento feminista en España, donde sigue viviendo. Da charlas en colegios y acaba de publicar el estremecedor pero necesario libro: «La revuelta de las putas».
Amelia ha contado a BBC que fue explotada sexualmente desde los 18 años hasta los 23 (desde 2002 a 2007). Mientras estuvo dentro del sistema prostitucional, término que usa cuando quiere afirmar que está en contra, porque si dice que está en contra de la prostitución hay gente que entiende que están en contra de las mujeres prostituidas y no es así, se la había hecho creer que estaba allí por su culpa.

Ahora ve claramente un patrón que se repite, no sólo en su historia sino en la de la inmensa mayoría de las mujeres que acaban siendo prostituidas. Por un lado está la pobreza y por otro la violencia sexual que sufren desde edades tempranas a lo que se suma el rechazo social que las deja en una situación de alta vulnerabilidad. En esas circunstancias es muy fácil que sean captadas por proxenetas.
Amelia nació en el seno de una familia de clase obrera y soñaba con ser profesora o médica, pero sus sueños se truncaron con 13 años cuando un día a la vuelta del colegio la violaron entre cinco en un portal. Ahí cambió su vida, no solo por lo que supusieron las violaciones y el trauma sino por todo lo que vino después.
Se puso en duda su inocencia y se la culpabilizó de la situación. Además sufrió bullying, por lo que acabó dejando los estudios. Tal y como ella relata «la etiqueta de ‘puta’ ya me la habían puesto.
A los 17 años le empezaron a hablar de la posibilidad de venir a España y le decían que en poco tiempo podría solucionar sus problemas ganando mucho dinero. Sin embargo, nadie le dijo que iba a estar constantemente acumulando una deuda y no le hablaron de las consecuencias tanto físicas como psicológicas como a nivel de salud que va a tener el paso por la prostitución.
Ante la situación en la que se encontraba ella dijo «sí». Amelia explica que dices «sí» tanto para los proxenetas como para toda la sociedad, por tanto eres culpable y te mereces todo lo malo que te vaya a pasar.
Condiciones
Le presentaron al señor que supuestamente le iba a hacer el «favor» y le explicaron que tendría que pagar los 300 euros, por los que fue vendida, además del dinero del pasaporte, la ropa, el viaje… Así llegó a acumular una deuda de más de 3.000 euros que llegó a pagar con mucho esfuerzo.
Además de esa deuda tenía que pagar gastos que supuestamente generan las mujeres que están en prostitución como las habitaciones, la cocaína y el alcohol a las que las enganchan desde el primer día. También tenían que pagar multas por no respetar el sistema de normas que había dentro.
Ella estuvo en más de 40 prostíbulos distribuidos por España. El motivo de que la cambiasen tanto de local, tal y como ella relata, es por el deseo los proxenetas de tener «mercancía nueva». Además, los proxenetas son socios de varios prostíbulos y la gran movilidad de las mujeres prostituidas tiene que ver con tener «culos nuevos», como los propios proxenetas y los clientes dicen. Asimismo, con esa movilidad evitan que entablen relaciones más profundas con las propias chicas de los prostíbulos y las mantienen en una situación continua de abandono y soledad.
«Campos de concentración»
Tanto Amelia como otras muchas chicas definen los espacios prostitucionales como campos de concentración ya que ahí debían vestir como les mandaban, comer y dormir cuando las dejaban, ponerse en fila para que cada vez que llegaba un putero escogiese, soportar comentarios humillantes relacionados con su aspecto o con lo que les iban a hacer, hacer fila para entrar a las habitaciones para ser penetradas, donde la repetición durante horas se convertía en un acto de tortura y tener que dormir después hacinadas en esos mismos colchones.
Todo eso para generar muchísimo dinero para el crimen organizado, para los proxenetas y para satisfacer a quienes consideran ocio y diversión que se siga ejerciendo violencia sexual sobre las mujeres.Amelia siempre deseó salir de ese mundo. De hecho, a los tres meses se escapó del primer proxeneta, pero al no tener a dónde ir ni saber qué podía hacer se quedó atrapada en ese sistema. A lo largo de esos cinco años intentó varias veces salir, y en una lo consiguió. Se colapsó y lo único que tenía claro es que no quería que la tocaran más.
Después de una semana acumulando deudas, los proxenetas dueños del prostíbulo la invitaron a irse diciéndole que aquello no era una casa de beneficencia. Sin embargo, la única forma de salir fue a través de un putero al que le pidió que la llevara a su casa a cambio de sexo gratis.
A los tres días encontró un trabajo de camarera, pero para ella fue muy dura la vuelta a la vida laboral ya que no conocía el mundo exterior. Le daba miedo la luz del día, las voces, las risas de los niños… todo.
De explotada sexual a activista contra la prostitución
Para Amelia los que ejercen las prostitución son los proxenetas y los puteros mientras que las mujeres son tratadas como simples objetos.
Ella se ha pasado de ser una explotada sexual a ser una activista contra la prostitución gracias a la gente que ha creído en ella, como los jefes del restaurante en el que trabajó durante 11 años o su marido.
Tomó la decisión de convertirse en activista cuando primero descubrió el feminismo y, al poco tiempo, a Sonia Sánchez, una activista argentina por la abolición de la prostitución que también fue explotada sexualmente durante su juventud. Ese fue el referente que la llevo a decir que quería ser como ella.
Así también podía focalizar todo el dolor que le producía tanto su vida, como el pensar que todos los días hay niñas que sueñan con ser profesoras, médicas, peluqueras o astronautas, que tienen sueños y deseos, y que son convertidas en ‘putas’ a través de la violencia sexual, de la discriminación.
Sin embargo, Amelia está a favor de abolir la prostitución no de que se prohíba. Según ella, la diferencia es que, en teoría, el modelo que prohíbe la prostitución simplemente lo que pretende es que no se vea y persigue y castiga a todos los actores del sistema prostitucional, pero en la práctica son las mujeres las que acaban siendo perseguidas, multadas e incluso encarceladas en muchos países.
El abolicionista se diferencia en que pone en el centro los derechos humanos de las mujeres, a las que considera víctimas. Por lo tanto, exige que no se las persiga ni se castigue, y que además se las dote de derechos como ayudas económicas, acceso a la vivienda, formación, terapia, trabajo…
«Lo que sí que hay que perseguir son todas las formas de proxenetismo», dice. «Y hay que educar a las generaciones más jóvenes y a los profesionales de todos los ámbitos sobre esta realidad, para que tomen conciencia de que las mujeres en prostitución somos personas y no cosas», añade.
Además, pide que se multe a los puteros, al entender que son agresores sexuales que no deberían tener ninguna legitimidad, mientras que en la realidad son incluso los propios Estados los que les permiten acceder al cuerpo de mujeres que no los desean sexualmente.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Más de medio millón de personas ya han visto nuestro vídeo sobre cómo los centros de datos de la IA nos están dejando sin agua
Más de medio millón de personas han visto ya nuestro vídeo sobre el verdadero coste de los centros de datos de la inteligencia artificial. Más de medio millón. Y no lo han visto porque el asunto sea una curiosidad tecnológica ni porque les interese saber cómo funciona un servidor. Lo han visto porque cada vez más gente entiende que esa cosa aparentemente abstracta llamada IA tiene una existencia muy física: edificios gigantescos, subestaciones eléctricas, tuberías, kilómetros de cableado y millones de litros de agua desapareciendo dentro de sistemas de refrigeración.
La respuesta al vídeo confirma algo que las grandes tecnológicas preferirían seguir escondiendo detrás de anuncios llenos de palabras como innovación, progreso y futuro. La preocupación es real. La gente sabe que no estamos hablando de una nube mágica flotando sobre nuestras cabezas, sino de una industria pesada que quiere apropiarse de recursos públicos para alimentar negocios privados. Y quiere hacerlo deprisa, antes de que las comunidades entiendan qué les están plantando al lado de casa.
Nuestro vídeo reúne las advertencias de Erin Brockovich, la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, un exboxeador estadounidense, Alexandria Ocasio-Cortez y Naciones Unidas. Personas con trayectorias, ideologías y responsabilidades muy distintas. Todas están mirando hacia el mismo lugar. Todas están viendo cómo la expansión descontrolada de los centros de datos amenaza el agua, dispara el consumo eléctrico y concentra todavía más poder en manos de un puñado de corporaciones.
Xbox despide a 3.200 personas: el riesgo era de los jefes, la factura es de la plantilla
Xbox acaba de confirmar la mayor reestructuración de su historia. El 6 de julio, Asha Sharma comunicó a la plantilla que la división reducirá aproximadamente 3.200 puestos durante el año fiscal 2027, con 1.600 despidos inmediatos y cuatro estudios saliendo de Xbox hacia nueva gestión. Microsoft, en paralelo, recorta unos 4.800 empleos en total, alrededor del 2% de su plantilla global. No es una anécdota. Es una purga empresarial envuelta en lenguaje de consultora.
La frase oficial es casi una confesión: “nuestro negocio hoy no es saludable”. La dirección reconoce márgenes entre 3 y 10 veces inferiores a los de negocios comparables, una base instalada menor, costes más altos y una apuesta por Game Pass, el modelo multiplataforma y una cartera más amplia de contenidos que “no creció al ritmo esperado”. Dicho sin barniz corporativo: los jefes imaginaron una máquina de crecimiento infinito, compraron estudios, multiplicaron equipos, alargaron inversiones y ahora explican que se equivocaron. Pero quienes salen por la puerta no son quienes vendieron la fantasía. Son trabajadoras y trabajadores que hicieron exactamente lo que les dijeron.
Sony quiere matar el disco: juegos digitales para ricos y propiedad de mentira
Sony ya ha puesto fecha al entierro del formato físico. En su propia web de PlayStation avisa de que, desde enero de 2028, los nuevos juegos lanzados para PlayStation se podrán comprar en PlayStation Store y en tiendas, pero solo en formato digital. Los discos de juegos publicados antes de esa fecha seguirán funcionando, sí. Ese matiz importa. Pero el camino está marcado: el futuro que Sony quiere vender no cabe en una estantería, cabe en una cuenta, en una contraseña, en un servidor y en unas condiciones de uso que casi nadie lee porque están escritas precisamente para que casi nadie las lea.
La compañía lo presenta como adaptación al consumo. Reuters informó el 1 de julio de que Sony dejará de producir discos físicos para los nuevos lanzamientos de PlayStation desde enero de 2028, en un giro que llega después de que cerca del 80% de sus ventas completas de juegos en el año fiscal 2025 fueran digitales. La cifra parece aplastante. Lo digital ya domina. Pero una cosa es que millones de personas compren digital porque es cómodo, porque hay rebajas puntuales o porque las empresas empujan el mercado hacia ahí; otra muy distinta es convertir esa tendencia en una jaula.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir