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Un ex chica menor tutelada por la comunidad de Madrid ha contado su paso por estos centros.
A través de Menéame una chica ha expuesto su experiencia. «Desde los doce a los dieciocho viví en centros de acogida de la comunidad. Digo centros, porque es bastante común que la gente vaya cambiando de centro en centro, una vez cada año o cada año y medio. Nunca entendí por qué hacían esto, pero se supone que es algo así como para que no nos «institucionalicemos», que viene a ser la idea de que no nos hagamos dependientes al completo de una institución y luego no sepamos manejarnos en el día a día fuera de allí», comenzaba.

«Como digo, a día de hoy, catorce años después de salir del centro de acogida, no lo termino de entender. El proceso normal es así. Todos los menores tutelados lo hacen por urgencia. Si de pronto descubren que tus padres te hacen tal cosa o que estas solo en España o cosas así entras directamente al centro de primera acogida, sin esperar ni un minuto. La policía/jueces etc en eso es muy eficiente y una vez saben que estas en peligro, primero actúan y luego ya veremos», contextualiza.

«En Madrid hay dos centros de primera acogida, en el mismo barrio y ambos cerrados. Cerrados quiere decir que los menores no pueden salir sin supervisión. ¿Por qué cerrados? Porque si estas en peligro necesitas supervisión para que tus padres no te lleven o la mafia que te trajo o quien sea. Estos centros tienen un único criterio para separar unos menores de otros, que es la edad. Si eres menor de 14 años vas a uno y si eres mayor de 14 vas al otro. Simple, es lo que hay, no hay mas recursos», prosigue.
«Ahí encuentras la primera piedra en el camino de tu recuperación, porque si, llegas allí traumatizada y no sabes ni por donde te van a llover las hostias y lo que necesitas es recuperarte. Esa piedra es la maravilla de juntar a chicas de 10 años con chicos de 14, o al revés. Un chaval de 14 años de algunos ambientes sabe ya de drogas lo que no sabe nadie…Cuando llegas ahí te hacen un reconocimiento medico (en mi caso miraron sobre todo si había agresión sexual y si tenia piojos… muy profesional todo) y te meten en un cuarto con 8 camas», continúa.
«En mis tiempos era así, ahora creo que como faltan plazas está peor aún», aclara. «En mi caso tuve siete compañeras de cuarto que se dividían entre las chicas árabes que se habían conseguido librar del matrimonio (3), las chicas abusadas por su familia (3) y dos chicas sacadas de un prostíbulo a las que habían traído de algún país del este».
«Entre nosotras nos ayudábamos todo lo que podíamos pero no conseguíamos gran cosa con tanta diferencia idiomática y cultural y todas traumatizadas… Había tres cuartos mas de chicas, pero no tuve mucho contacto con ellas (yo llegué muy tocada y casi no hablaba). El servicio de seguridad era de Prosegur, así que teníamos a chicos de 20 años vigilando chicas de 14… Os imagináis lo que pasaba allí. Por mucho que las chicas dijesen que era consentido, había una dinámica de poderes alucinante. Los cuartos de los chicos para nosotras eran como jugar a Jumanji».
«Entre árabes, gente del este, gitanos y españoles traumatizados, si te atrevías a acercarte a los chicos no sabias nunca que te iba a pasar. Algunas salían con novio, otras agredidas, otras agresoras… Pero todos con las hormonas bailando cha cha chá. En total éramos mas o menos cincuenta menores. Y tres educadores y seis guardias de seguridad, de los que dos estaban solo destinados a evitar que los padres locos intentasen llevarse a sus retoños. Había tantisima falta de personal que para los pequeños, los menores de diez años que estaban en otra planta, a veces nos pedían ayuda. Siempre a las chicas, eso si».
«En ese sitio estas encerrada hasta que decidan que nivel de protección necesitas y te llevan a otro. Lo normal es un mes o dos, ahora están tardando seis meses. Llegan los mismos números de menores, pero se acumulan y nadie ha puesto más medios. Ese es el centro de acogida donde los vecinos fueron a tocar las pelotas».
Para que empaticéis os pongo un ejemplo. Tu padre te viola, la policía te saca de tu casa y los vecinos te llaman delincuente y te dicen que te pires de ahí», sentencia.
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