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La noticia del atentado por un hombre con casco que huyó en moto con un cómplice contra uno de los fundadores de Vox, Alejo Vidal-Quadras, de 78 años, en pleno barrio de Salamanca sacudió ayer la política nacional. El propio político ha indicado a la policía que el ataque puede estar vinculado con sus relaciones con la oposición iraní, según han confirmado fuentes policiales, que no han querido dar más detalles sobre el asunto.
Y la pregunta resonó: ¿qué vínculos hay entre Vox y el dinero de Irán? Analicemos como el partido de ultraderecha no solo ha contado con el apoyo de la diáspora iraní para su campaña europea de 2014, sino que también para su sostenimiento diario desde su nacimiento. Esta información, «un torrente financiero foráneo» al servicio del partido, incluye salarios y alquileres desde sus primeros días, según ha destapado EL PAÍS a través de documentos confidenciales.
EL LABERINTO DE LAS TRANSFERENCIAS IRANÍES
Las donaciones secretas provienen del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (CNRI), grupo antes catalogado como terrorista por EE.UU. hasta 2012, y han sido la sangre vital de Vox desde su gestación. «Los fondos de los exiliados iraníes no solo sirvieron para pagar la campaña europea de 2014, sino también para poner en marcha Vox», admite Alejo Vidal-Quadras, primer presidente y uno de los fundadores de Vox.
Los registros bancarios muestran que Vox recibió una suma considerable de aproximadamente 971.890,56 euros entre diciembre de 2013 y abril de 2014 de simpatizantes del CNRI, con Santiago Abascal, actual líder de Vox y por entonces secretario general, plenamente al tanto y sin objeciones.
Este flujo de capital ha cubierto desde fianzas hasta elementos tan mundanos como muebles y ordenadores, esencialmente encendiendo el motor de Vox y manteniéndolo en marcha. La intriga se profundiza al descubrir que la financiación iraní, que se canalizó a través de 35 recaudadores en diversos países, fue recopilada meticulosamente y exclusivamente para Vox, sin que las identidades de las personas anónimas detrás de las donaciones aparezcan en los registros oficiales del partido.
La legalidad de estas transacciones es un terreno pantanoso. A pesar de que Vox alega haber presentado todas las donaciones al Tribunal de Cuentas, lo cual es refutado por el organismo, las implicaciones éticas y políticas de recibir dinero de un grupo con un pasado tan turbulento son enormes. ¿Cómo reconcilia Vox su nacionalismo férreo con la aceptación de fondos de un grupo que hasta hace poco estaba en la lista de organizaciones terroristas de una potencia extranjera?
La conexión entre Vox y el CNRI no es solo financiera, sino también personal, con Vidal-Quadras teniendo lazos con el grupo desde su tiempo como eurodiputado. Su presencia en los eventos anuales del CNRI en París atestigua la simbiosis entre ambos.
EL EXTRAÑO PATRIOTISMO
Esta historia de financiación podría interpretarse como una ironía política: Vox, un partido que ondea la bandera del patriotismo español, se ve regado con el capital de simpatizantes de una resistencia iraní en el exilio. La pregunta que queda flotando en el aire es: ¿qué esperaban a cambio los donantes? ¿Y cómo impactará esta narrativa en el «modelo de país» que Vox pretende implementar?
La financiación es un pilar en la política, pero cuando se construye con fondos que llevan la carga de un pasado oscuro, la integridad del edificio entero está en cuestión. Los ciudadanos españoles y las y los votantes de Vox deben ahora digerir esta paradoja y determinar si su confianza en el partido permanece intacta o si ha sido socavada por el peso de las monedas extranjeras.
El velo se ha levantado parcialmente, revelando un entramado de transacciones que sostienen a Vox, pero todavía quedan capas que descubrir. Las ramificaciones de esta financiación iraní son un laberinto aún por desentrañar completamente, y las repercusiones políticas y legales podrían resonar en el panorama político español durante años.
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