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Políticos, millonarios y celebridades bajo la lupa: nombres revelados, pruebas ocultas y mentiras en un escándalo sexual que destapa la podredumbre de las élites capitalistas.
Jeffrey Epstein, magnate financiero y depredador sexual, construyó durante décadas una red de explotación de menores en connivencia con figuras poderosas. Años después de su muerte “suicidado” en 2019 en una celda de máxima seguridad, nuevas revelaciones siguen sacudiendo al mundo: la llamada “lista Epstein” (una colección de documentos judiciales, contactos, vuelos privados y correos electrónicos) ha sacado a la luz los nombres de más de 150 personas vinculadas con Epstein y Ghislaine Maxwell, su cómplice condenada. Presidentes, príncipes, celebridades y empresarios aparecen en estos registros, una radiografía indignante de cómo las élites se protegieron mutuamente mientras Epstein abusaba de más de 250 niñas y adolescentes en sus mansiones de Nueva York, Florida y otros lugares. La justicia ha condenado a Maxwell a 20 años de cárcel en 2022, pero ningún otro socio poderoso de Epstein ha enfrentado cargos penales, una muestra escalofriante de impunidad garantizada por la riqueza y la influencia.

NOMBRES REVELADOS Y RED DE COMPLICIDAD
En enero de 2024 se hizo pública una tanda de 950 páginas de documentos judiciales del caso Epstein. Estas páginas incluían extractos de declaraciones juradas y pruebas que desenmascararon a figuras de alto perfil que hasta entonces aparecían anónimas como John Doe/Jane Doe. Entre los nombres destacados sobresalen el príncipe Andrés de Inglaterra, el ex-presidente Bill Clinton, el legendario músico Michael Jackson y el ilusionista David Copperfield. La mera mención de una persona en estos documentos no implica que haya cometido delitos, pero expone quiénes orbitaron en torno a Epstein. Por ejemplo, en una declaración jurada la exasistente Johanna Sjoberg relata que el príncipe Andrés le agarró un pecho durante una foto en la mansión de Epstein en 2001. Andrés (que enfrentó una demanda por abusos de Virginia Giuffre, zanjada con un pago extrajudicial en 2022) ha negado repetidamente las acusaciones, pero la imagen pública del “hijo favorito” de la corona británica quedó destruida. Sjoberg también declaró que Epstein presuntuosamente comentaba que “a Clinton le gustan jóvenes” las chicas. El portavoz de Clinton negó cualquier delito y el exmandatario afirmó “no saber nada” de los crímenes de Epstein. No obstante, los registros demuestran que Clinton voló en numerosas ocasiones en el jet privado de Epstein (el célebre Lolita Express) a destinos como París, Bangkok o Brunei tras dejar la presidencia. Clinton asegura que cortó todo lazo con Epstein en 2005, nunca visitó la isla privada del magnate y se declara “asqueado” por sus crímenes. Aún así, su nombre aparece en más de 50 entradas de los archivos y permanece ligado para siempre al escándalo.
Otros documentos exponen los intentos de Epstein y Maxwell por encubrir sus fechorías y desacreditar a las víctimas. En un email de 2015, Epstein instó a Maxwell a “ofrecer una recompensa” a cualquiera que refutara las acusaciones de Virginia Giuffre, citando absurdamente un “orgia con menores” que involucraría al renombrado físico Stephen Hawking. (Hawking únicamente asistió a un evento científico patrocinado por Epstein años atrás, sin relación con delitos). También figuran nombres de celebridades que socializaron con Epstein: Sjoberg recordó haber conocido al cantante Michael Jackson en la mansión de Palm Beach (sin ninguna insinuación de conducta ilegal). Del mismo modo, mencionó al ilusionista David Copperfield como amigo cercano de Epstein (realizando trucos de magia en sus cenas privadas) e incluso consciente de rumores sobre la recluta de chicas menores a cambio de pagos.
La lista de asociados de Epstein se extiende por el mundo de la política, las finanzas y el espectáculo, dibujando un mapa de influencias putrefactas. Documentos obtenidos en demandas civiles y el diario personal de Epstein revelado en 2023 muestran reuniones con el entonces director de la CIA William Burns, la exasesora de la Casa Blanca Kathryn Ruemmler, el inversionista multimillonario Reid Hoffman y el exsecretario del Tesoro Lawrence Summers. Entre otros contactos aparecen el cineasta Woody Allen, el cofundador de Microsoft Bill Gates, el ex primer ministro noruego Thorbjørn Jagland, el ex primer ministro israelí Ehud Barak y el exbanquero de JPMorgan Jes Staley. Estas personalidades (ninguna acusada penalmente hasta la fecha) frecuentaron a Epstein incluso después de su condena de 2008 por prostitución de menores, ayudándolo a reinsertarse en la alta sociedad bajo una máscara de filantropía. Un nombre infame ausente de los expedientes recientes es el del abogado estrella Alan Dershowitz, viejo amigo y defensor legal de Epstein: en los documentos una “Jane Doe #3” (Virginia Giuffre) declaró que Epstein la forzó a tener relaciones sexuales con Dershowitz en múltiples ocasiones cuando era menor. Además, quedó registrado que Dershowitz negoció el escandaloso acuerdo de no-prosecución de 2007 que otorgó inmunidad federal no solo a Epstein sino a “cualquier posible co-conspirador”, blindando así a varios cómplices. (Giuffre retiró en 2022 las acusaciones civiles contra Dershowitz al llegar a un acuerdo, pero el hedor a encubrimiento persiste).
La propia Ghislaine Maxwell (hija del magnate Robert Maxwell y mano derecha de Epstein) fue declarada culpable de tráfico sexual en diciembre de 2021 por reclutar y entrenar a niñas para abuso. Cumple una condena de 20 años de prisión desde junio de 2022, tras fracasar el intento de apelar su veredicto en 2024. Maxwell es, por ahora, la única entre los numerosos facilitadores de Epstein que ha rendido cuentas ante la justicia estadounidense. Otros, como el francés Jean-Luc Brunel –agente de modelos acusado de violar a menores para Epstein– evitaron el banquillo mortalmente: Brunel se ahorcó en una celda de París en 2022 mientras esperaba juicio. A pesar de la magnitud de la red criminal (el Departamento de Justicia de EE.UU. estima más de 1.000 víctimas de Epstein a lo largo de su vida), las autoridades federales dieron por “terminado” el caso tras la condena de Maxwell, indicando que no se presentarán cargos contra otros involucrados. Esa inacción contrasta con la avalancha de demandas civiles que han revelado la complicidad institucional: los bancos que gestionaron la fortuna de Epstein han pagado su cuota para comprar silencio. JPMorgan Chase –donde Epstein fue cliente entre 1998 y 2013– hizo la vista gorda ante innumerables señales de alarma sobre transacciones sospechosas, y en 2023 accedió a desembolsar 290 millones de dólares para compensar a casi 200 mujeres sobrevivientes de Epstein. El mismo banco pagó además 75 millones de dólares al gobierno de las Islas Vírgenes de EE.UU., territorio donde Epstein cometió muchos de sus crímenes, para resolver una querella por facilitar la trama de tráfico sexual. (Deutsche Bank, otro socio bancario, pagó 75 millones en un acuerdo similar). El dinero calla las responsabilidades, mientras la indignación crece: Virginia Giuffre (la valiente víctima que destapó el escándalo al demandar a Maxwell en 2015 y que también denunció al príncipe Andrés) se quitó la vida en abril de 2025 a los 41 años. Su suicidio en Australia, tras años de luchar por justicia, es un grito ensordecedor sobre el daño irreparable que sufrieron las supervivientes, frente a un sistema que aún se niega a juzgar a los poderosos implicados.

EL ROL DE DONALD TRUMP: HIPOCRISÍA Y VÍNCULOS PELIGROSOS
Ninguna figura pública encarna mejor las contradicciones de este caso que Donald Trump. El magnate neoyorquino y presidente de los Estados Unidos fue amigo cercano de Epstein durante 15 años, aunque ahora reniegue de él. En 2002, Trump alabó a Epstein como “un tipo fantástico, muy divertido” y añadió con tono cómplice: “Se dice que le gustan las mujeres bellas tanto como a mí, y muchas de ellas están del lado joven”. Esta inquietante declaración (que Trump hizo a la revista New York) confirma que sabía de la predilección de Epstein por las jovencitas. Durante los años 90 y principios de los 2000, Epstein y Trump eran uña y carne en la vida nocturna de Palm Beach y Manhattan. Se les fotografió juntos riendo en numerosos eventos; en 1992, Trump organizó una fiesta en Mar-a-Lago donde invitó a 28 chicas modelos para un concurso… y los únicos hombres presentes eran él y Epstein. Un vídeo de aquel encuentro muestra a Trump y Epstein compartiendo risas, ojeando a las jóvenes en la pista de baile, y a Trump susurrando al oído de Epstein antes de señalar a una animadora y comentar con descaro: “¡Mírala… qué buena está!”. En 1997 Epstein figuraba en la lista VIP de Mar-a-Lago, y en 2000 Trump lo recibió allí junto a su entonces novia Melania; hay imágenes de ambas parejas posando amigablemente en el club privado de Trump en Florida. La camaradería era evidente: una exmodelo, Stacy Williams, ha relatado que en 1993 visitó Trump Tower acompañada por Epstein, y Trump la manoseó sus pechos y trasero delante de Epstein mientras ambos hombres se sonreían, como si fuera “un juego retorcido” que compartían.

Trump alega que terminó su amistad con Epstein a mediados de los 2000 (supuestamente tras una pelea de negocios o al descubrir comportamientos inapropiados en Mar-a-Lago). Cuando Epstein fue arrestado en 2019, el entonces presidente Trump intentó minimizar su relación: “Lo conocía como todo el mundo en Palm Beach, pero no era un fan”, declaró, y hasta promovió teorías conspirativas insinuando que Bill Clinton estaría detrás de la muerte de Epstein. Sin embargo, los archivos cuentan otra historia mucho menos inocente. El nombre del presidente de los EE.UU. aparece múltiples veces en los “Epstein files” investigados por el Departamento de Justicia. En las declaraciones reveladas de Virginia Giuffre vs. Maxwell, Trump es mencionado como contacto frecuente: Johanna Sjoberg testificó que en 2001 viajaba con Epstein y otras chicas en el jet privado cuando una tormenta desvió el vuelo a Atlantic City, y Epstein exclamó: “Genial, llamemos a Trump y vayamos al casino”. Dicho y hecho: terminaron en un casino de Trump esa noche con una menor de edad (Giuffre) en el grupo, demasiado joven para entrar a jugar. A Sjoberg también se le preguntó bajo juramento si en alguna ocasión le dio un masaje a Trump, dada la práctica común de Epstein de usar a sus víctimas como masajistas sexuales; Sjoberg respondió categóricamente que no lo hizo. Igualmente declaró otra testigo que no recordaba haber visto a Trump en las propiedades de Epstein (la mansión de Manhattan, la isla caribeña o el rancho de Nuevo México). Hasta el momento, no existe ninguna acusación legal directa contra Trump en el caso Epstein, ni evidencia pública de que participara en la explotación sexual. Pero su cercanía y complicidad con Epstein están documentadas en fotos, vídeos y testimonios verificados por medios rigurosos. Esa realidad choca con la narrativa que el propio Trump y sus aliados intentan imponer.
Durante la campaña de 2024, Trump prometió a sus bases de ultraderecha que “desclasificaría todos los archivos Epstein” si ganaba la presidencia. Sin embargo, una vez de nuevo en la Casa Blanca, ese celo por la transparencia desapareció. En julio de 2025, frente a las crecientes presiones de sus seguidores más conspiracionistas (que fantasean con una supuesta “lista de clientes VIP” de Epstein), Trump estalló en su red Truth Social tildando el asunto de “aburrido”, “un engaño” y diciendo que “a nadie le importa”. La hipocresía quedó expuesta: el mismo hombre que azuzó especulaciones sobre Clinton ahora se enfurece cuando señalan que él también figura en los documentos de Epstein. Su Fiscal General, Pamela Bondi, llegó a afirmar en TV que tenía en su despacho “una lista de clientes de Epstein” pendiente de publicar, para luego desdecirse y aclarar que se refería a expedientes del caso. Bajo intensa presión de sectores MAGA, en febrero de 2025 el Departamento de Justicia de Bondi divulgó una “primera tanda” de archivos de Epstein (incluyendo los registros oficiales de vuelos privados y la libreta de contactos de Epstein), los cuales apenas aportaron novedades al ya conocido catálogo de amigos ricos del pedófilo. No aparecieron nombres explosivos nuevos, ni “videos secretos de orgías” ni ninguna conspiración hollywoodense: solo la sórdida verdad ya conocida, ahora respaldada por documentos formales. Este movimiento tardío de la administración Trump fue percibido como un intento cosmético de aplacar a su base. Mientras tanto, desde el Congreso voces indignadas exigen respuestas más contundentes.
El caso Epstein no ha terminado. Cada nombre revelado y cada encubrimiento desenmascarado son un recordatorio de cómo opera la clase dominante bajo el capitalismo: protegen a los suyos, compran impunidad y tratan a las personas como mercancía. Pero por más que lo intenten, no podrán seguir ocultando para siempre esta verdad repugnante.
Fuentes
Reuters: Trump fue informado por Pam Bondi en mayo 2025 que su nombre aparecía en archivos relacionados con Epstein. Reuters
Reuters: resumen de controversias entre Trump, Epstein y MAGA por archivos y teorías conspirativas. Reuters
Al Jazeera: Trump y Clinton también mencionados en documentos desclasificados en enero 2024. Al Jazeera
Reuters: resumen de acciones y promesas públicas de Trump y retrocesos sobre archivos Epstein. News.com.au
Guardian (The Guardian): Obituario de Virginia Giuffre, muerta por suicidio a los 41 años en abril 2025. theguardian.com
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