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Un informe alerta de que el presupuesto republicano de 2025 multiplicará por cuatro el ritmo de aumento de la desigualdad registrado entre 1979 y 2019
La promesa era prosperidad. El resultado es precariedad programada. La agenda económica impulsada por Donald Trump en 2025 no es un error técnico ni una desviación coyuntural: es un proyecto político que, según un informe publicado por el Economic Policy Institute, “hará que las familias ordinarias sean de manera fiable más pobres en el futuro”.
El autor del análisis, el economista jefe del centro, Josh Bivens, no habla de hipótesis abstractas. Habla de datos. De 1,4 millones de empleos menos de los previstos en 2025. De una tasa de paro que ha subido al 4,4 %, frente al 3,4 % que marcaba en abril de 2023. De salarios reales que, en el caso del 10 % con menores ingresos, han caído un 0,3 % en 2025 tras haber crecido durante la presidencia de Joe Biden.
No es una tormenta inesperada. Es una arquitectura.
UN PRESUPUESTO PARA LOS DE ARRIBA, UN AJUSTE PARA LAS Y LOS DEMÁS
El corazón del giro económico republicano es el paquete presupuestario aprobado en 2025, bautizado con un nombre propagandístico que pretende ocultar su contenido: la One Big Beautiful Bill Act. Bajo esa etiqueta se esconde un recorte anual de 100.000 millones de dólares en programas como Medicaid y el Supplemental Nutrition Assistance Program (SNAP), pilares de la red de seguridad para millones de familias trabajadoras.
Al mismo tiempo, se permiten expirar subvenciones al seguro médico que habían ahorrado miles de dólares a hogares con ingresos modestos. El mensaje es claro: menos Estado cuando se trata de garantizar derechos básicos; más indulgencia fiscal cuando se trata de proteger rentas altas.
El propio informe del Economic Policy Institute anticipa una reducción de la “demanda agregada” en los próximos años. Es decir, menos consumo, menos actividad, menos empleo. Cuando se retira dinero de quienes lo gastan en bienes esenciales (alquiler, alimentación, transporte), la economía se enfría. Cuando se entrega a quienes ya tienen cubiertas sus necesidades, el impacto es mínimo porque su consumo no depende de cada dólar adicional.
La desigualdad no es una consecuencia secundaria. Es el objetivo implícito. Entre 1979 y 2019, un periodo ya marcado por una explosión de la brecha social, la participación del 10 % más rico en la renta nacional aumentó en torno a 0,25 puntos porcentuales por año. El nuevo presupuesto republicano logrará que esa cuota crezca un punto porcentual en un solo año. Cuadruplicar en 2025 el ritmo de concentración de ingresos de las cuatro décadas anteriores no es un accidente estadístico. Es un salto cualitativo.
La desigualdad se acelera cuatro veces más rápido que en los 40 años previos. Esa es la magnitud del experimento.
DESPIDOS MASIVOS, ARANCELES CAÓTICOS Y HOSTILIDAD SINDICAL
El informe no se limita al presupuesto. Señala una combinación de políticas que actúan como pinza sobre las y los trabajadores: despidos masivos en el sector público, deportaciones a gran escala que alteran el mercado laboral, aranceles erráticos que alimentan la inflación y una ofensiva sistemática contra la negociación colectiva.
Cuando se debilitan los derechos sindicales, el mercado laboral deja de ser competitivo para quienes venden su fuerza de trabajo. Las y los empleados pierden capacidad de negociación. Los salarios se estancan. Las condiciones empeoran. El resultado es un traslado silencioso de renta desde el trabajo hacia el capital.
A esto se suma un régimen arancelario imprevisible. La inestabilidad comercial no solo frena la inversión empresarial. También encarece bienes importados y presiona al alza los precios internos. Si los salarios reales ya han caído un 0,3 % para el 10 % más pobre en 2025, cualquier incremento de la inflación erosiona todavía más su poder adquisitivo.
El discurso oficial insiste en que no hay recesión declarada. Es cierto que el informe no considera inevitable un colapso inmediato. Pero advierte de señales preocupantes. Y, sobre todo, señala algo más estructural: incluso sin una crisis aguda, la combinación de desempleo más alto, crecimiento más lento y desigualdad creciente “hará que las familias ordinarias sean de manera fiable más pobres en el futuro”.
No se trata solo de cifras macroeconómicas. Se trata de vidas concretas. De enfermeras y enfermeros que ven cómo su salario pierde valor. De trabajadoras y trabajadores con empleos precarios que no pueden permitirse una subida en el seguro médico. De jubiladas y jubilados que dependen de programas públicos amenazados por recortes.
El capitalismo financiero contemporáneo ya había producido décadas de concentración de riqueza. Lo que el informe describe es una intensificación deliberada de esa tendencia en 2025 y 2026. Un rediseño institucional que favorece a la cúspide mientras erosiona la base.
En palabras de Josh Bivens, las “decisiones políticas desastrosas” que generaron más desempleo y desigualdad en las últimas décadas no solo se mantienen, sino que se profundizan. No es un error de cálculo. Es una elección ideológica.
Empobrecer a la mayoría para blindar a la minoría no es una deriva, es un programa.
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