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“Se trata de asegurar que los gobiernos dispongan de sistemas fiscales estables que les proporcionen ingresos suficientes para invertir en bienes públicos esenciales y para responder a las crisis”, explicó la secretaria del Tesoro de EEUU, Janet Yellen
Este lunes, la secretaria del Tesoro de EEUU, Janet Yellen, ha anunciado su intención de trabajar con los países del G20 para implantar un tipo impositivo mínimo mundial para las empresas cuyo objetivo es que el gravamen favorezca “sistemas fiscales estables y justos” y frene la carrera a la baja que está sufriendo este tributo.
En un hilo en Twitter, Yellen era más específica sobre las intenciones de esas negociaciones: “Se trata de garantizar que los gobiernos tengan sistemas fiscales estables que recauden suficientes ingresos para invertir en bienes públicos esenciales y responder a las crisis, y que todos los ciudadanos compartan equitativamente la carga de la financiación del Gobierno”.
El objetivo de esa tasa global es evitar que las grandes multinacionales se instalen en jurisdicciones con una tributación más baja y resten recaudación a las arcas públicas, más aún ante la enorme factura que dejará la crisis causada por la pandemia, que EE UU pretende mitigar con un ambicioso plan de estímulos valorado en 1,9 billones de dólares, ya aprobado por el Congreso.

Joe Biden busca generar unos ingresos de alrededor 2 billones de dólares a lo largo de 15 años para financiar el plan de inversión presentado el pasado miércoles y el impuesto de sociedades sería una fuente de ingresos. Entre sus principales medidas, el demócrata aboga por incrementar el impuesto de sociedades del 21% al 28% así como aplicar un tipo mínimo del 21% para las rentas gravadas en el extranjero.

Sin miedo a que las empresas se vayan
En la reforma fiscal de 2017, durante la administración de Trump, se bajó el impuesto de sociedades del 35% al 21% y se estableció un tipo mínimo del 10,5% para los ingresos extranjeros de las empresas estadounidenses, es decir, si una empresa tributa por debajo de ese tipo en el extranjero debe pagar la diferencia a las autoridades fiscales estadounidenses.
Sin embargo, lo que Trump pretendía era excluir a los competidores demasiado agresivos con los que los grandes países no podían competir, no frenar la competencia fiscal, aunque sí lo hizo. El objetivo de la administración Biden es muy diferente.
Biden no teme que las empresas se vayan del país con la subida de impuestos empresariales que ha anunciado. “El asunto es el siguiente: Wall Street no construyó este país, sino la gran clase media estadounidense. Es hora de que reconstruyamos la clase media”, afirmó Biden en el Twitter oficial del presidente.
Al mismo tiempo recordó cómo existen 55 multinacionales estadounidenses, entre las que se encuentran Nike o la empresa de paquetería FedEx, no pagaron ni un solo dólar en impuestos federales sobre beneficios en 2020. Si hubieran pagado el 21% de sus beneficios, el importe total sería de 8.500 millones de dólares en 2020, pero, en cambio, lo que recibieron fueron 3.500 millones de dólares en rebajas fiscales.
Si Estados Unidos propone un tipo más cercano a su mínimo del 21%, todo puede cambiar en la Unión Europea, donde muchos países tienen tipos inferiores al 21% y donde, sobre todo, estos tipos bajos constituyen la columna vertebral de su economía. Incluso en los países con tasas ligeramente más elevadas, es probable que un tipo mínimo así haga rechinar los dientes. En primer lugar, porque ellos mismos no se privan de reducir sus tipos de forma agresiva.
Además, el tipo efectivo que se paga realmente por término medio, suele ser mucho más bajo, dadas las numerosas excepciones y bonificaciones fiscales. Un tipo mínimo elevado supondría reducir estas excepciones, que los gobiernos suelen utilizar para satisfacer políticamente a determinados sectores o para jugar con los “incentivos fiscales”.
Por último, y lo más importante, supondría una verdadera ruptura con los marcos del pensamiento económico neoliberal, que argumenta que la competencia fiscal es positiva porque obliga a “desengrasar al Estado”.
La medida en España
Por su parte, Pedro Sánchez ha declarado que ve fundamental abordar a nivel global “un tipo mínimo en el impuesto de sociedades”. En relación a las palabras de Biden, Sánchez se alegra de que los Estados Unidos «haya abrazado esa agenda progresista en agenda económica que está defendiendo desde hace ya tiempo el Gobierno de España».
El secretario de Economía de Podemos, Nacho Álvarez, ha señalado que “el Acuerdo de Coalición suscrito entre Unidas Podemos y el PSOE ya contempla esa misma medida para el caso de España: una reforma del Impuesto de Sociedades que garantice una tributación mínima del 15% para las grandes corporaciones”.
El economista de Podemos lamenta que “hoy en día muchas grandes multinacionales están muy por debajo del 10% en el tipo efectivo, gracias a las distintas exenciones y desgravaciones fiscales de las que se beneficia”. Para Álvarez, fijar un tipo mínimo a escala global “permitirá no sólo repartir de forma más justa la carga tributaria en los países de la OCDE –reforzando la progresividad–, sino también ampliar el margen fiscal para hacer frente a la reconstrucción económica tras la pandemia”, zanja.
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