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Los sindicatos advierten que este podría ser solo el primero de muchos, ya que las sequías vinculadas al cambio climático han aumentado entre un 30% y un 40% desde el año 2000
El reciente anuncio de Freixenet sobre un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE) debido a la sequía ha desatado un debate urgente y necesario sobre el impacto del cambio climático en el empleo. Este caso, que afectará a más de 600 trabajadores y trabajadoras, no es un incidente aislado, sino una señal de los tiempos que se avecinan, según los sindicatos.
EL INICIO DE UNA TENDENCIA INQUIETANTE
La medida tomada por Freixenet ha puesto en el foco la realidad de los llamados «ERTE climáticos». Los sindicatos advierten que este podría ser solo el primero de muchos, ya que las sequías vinculadas al cambio climático han aumentado entre un 30% y un 40% desde el año 2000, según el secretario de medio ambiente de Comisiones Obreras, Mariano Sanz.
La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha confirmado que el calentamiento global y la reducción de precipitaciones han ampliado los climas áridos en España, afectando áreas equivalentes a la provincia de Málaga cada cinco años. El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico ha señalado que, al 31 de marzo, el 10,2% del territorio español sufre de sequía prolongada, impactando severamente a regiones como Catalunya, el Ebro y el Segura.
UNA DECISIÓN CONTROVERTIDA Y SU CONTEXTO
Freixenet solicitó un ERTE por fuerza mayor debido a la falta de uva causada por la sequía. Aunque la Generalitat rechazó esta solicitud, argumentando que la sequía no era una situación sobrevenida sino un problema persistente desde hace años, la empresa logró negociar un ERTE de reducción de jornada por motivos económicos, técnicos y organizativos. Este acuerdo, que estará vigente hasta el 31 de diciembre, incluirá compensaciones de hasta el 95% del salario real, según Comisiones Obreras.
Sebastián Serena, responsable del sector alimentario de UGT, sostiene que «el expediente de regulación de empleo debe ser la última posibilidad». Serena enfatiza la necesidad de que las empresas se anticipen a las condiciones climáticas adversas mediante la innovación y el uso de nuevas tecnologías. «Las empresas deben instalar sistemas de regadío que garanticen la producción y utilizar nuevas tecnologías para evitar la falta de materia prima», añade.
José Luis Benítez, director general de la Federación Española del Vino, coincide en la necesidad de adaptar la industria a los efectos del cambio climático. «Las dos grandes líneas tienen que ver con la gestión del agua y las variedades de viña más resistentes a las sequías», explica. Según un estudio de la Fundación para la Investigación del Clima, el territorio ibérico-balear será uno de los más afectados por el cambio climático, comprometiendo seriamente el cultivo de la vid.
IMPACTO MÁS ALLÁ DEL SECTOR VITIVINÍCOLA
La crisis climática no solo afecta a la industria del vino. El sector olivarero, también está sufriendo las consecuencias de las sequías y las temperaturas extremas. Juan Luis Ávila, responsable del sector del olivar de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), describe cómo el cambio climático ha transformado los patrones climáticos que conocía de su niñez. «Los veranos ahora son mortales», afirma Ávila, destacando la necesidad de un plan integral para gestionar el agua disponible.
La pérdida de empleos en el sector agrícola es significativa. Según datos de afiliación a la Seguridad Social, en las últimas dos décadas se han perdido unos 240.000 puestos de trabajo en agricultura, ganadería y pesca. «Las pequeñas y medianas empresas familiares están aguantando como pueden», señala Ávila, quien estima que alrededor de 140.000 empleos fijos están vinculados a la producción olivarera.
El impacto también se extiende al sector hortofrutícola, donde los jornaleros enfrentan una disminución de los días de trabajo debido a las condiciones climáticas adversas. «Si antes eran 60 días, ahora son 20», explica Ávila, subrayando las dificultades adicionales para contratar trabajadores temporeros.
PERSPECTIVAS FUTURAS Y MEDIDAS NECESARIAS
La Organización Mundial del Trabajo (OIT) ha advertido repetidamente sobre la destrucción de empleo causada por el cambio climático. Un informe de 2018 ya cuantificaba en 23 millones los puestos de trabajo destruidos entre 2000 y 2015 por esta causa. No solo el sector agrario está en riesgo; la industria turística, vital para la economía española, también enfrenta desafíos significativos. La Comisión Europea prevé que el sur de Europa será menos atractivo para el turismo durante los meses clave del verano debido a las altas temperaturas.
El cambio climático también afecta al sector de los deportes de invierno. El calor récord de enero de este año fundió la nieve en varias estaciones de esquí en España, obligando a cerrar algunas instalaciones a los pocos días de abrir. Navacerrada, por ejemplo, no llegó a reabrir.
Es crucial que las empresas y las autoridades adopten medidas proactivas para mitigar los efectos del cambio climático y proteger los empleos. Esto incluye la adopción de tecnologías avanzadas de gestión del agua y el desarrollo de nuevas variedades de cultivos más resistentes. Además, es fundamental establecer políticas que fomenten la resiliencia y la adaptación en todos los sectores económicos afectados.
En resumen, el caso de Freixenet es solo el comienzo de una tendencia preocupante. Las empresas deben anticiparse a las condiciones climáticas cambiantes, y las autoridades deben implementar políticas robustas para proteger a los trabajadores y trabajadoras. La adaptación y la innovación serán clave para enfrentar los desafíos del cambio climático y garantizar la sostenibilidad de la economía y el empleo en el futuro.
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