Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El pacto con Desokupa ha sido la gota que ha colmado el vaso en un sindicato que ya venía arrastrando problemas de representatividad y desconexión con su base.
La firma del acuerdo entre el Sindicato Unificado de Policía (SUP) y la organización ultraderechista Desokupa ha hecho estallar una bomba en el seno de la Policía Nacional. Y no es para menos. ¿Cómo puede un sindicato que, en teoría, defiende los intereses de las y los agentes de policía, unirse a una empresa que representa lo peor del capitalismo salvaje? Este pacto no solo es una traición a la clase trabajadora, sino una señal de cómo los intereses privados están invadiendo el espacio público, degradando instituciones que deberían proteger a la ciudadanía, no colaborar en su represión.
Desokupa, una organización privada famosa por sus métodos cuestionables de desalojo, ha logrado venderse como una especie de «defensora de la ley», pero la realidad es muy diferente. Es el brazo armado del capitalismo, encargado de expulsar a las y los más vulnerables de sus hogares para servir a los intereses de quienes más tienen. Que el SUP, un sindicato policial, se haya unido a esta empresa es un insulto a todas las personas que creen en una policía al servicio del pueblo y no de las élites económicas.
La policía, como cualquier otra institución pública, debería tener como objetivo principal garantizar los derechos fundamentales de todas y todos, no ser utilizada como herramienta de represión. Sin embargo, con este acuerdo, el SUP ha dejado claro a qué intereses responde. Y esos intereses no son los de la clase trabajadora ni de los sectores más desfavorecidos.
LA FRAGMENTACIÓN SINDICAL: UNA OPORTUNIDAD PARA EL CAMBIO
Este acuerdo ha generado una profunda crisis dentro del SUP, que ha visto cómo decenas de afiliadas y afiliados, incluidas figuras históricas como Mariló Valencia, han abandonado el sindicato en señal de protesta. El pacto con Desokupa ha sido la gota que ha colmado el vaso en un sindicato que ya venía arrastrando problemas de representatividad y desconexión con su base.
Este éxodo masivo de miembros hacia la Agrupación Reformista de Policías (ARP), una organización crítica con el acuerdo, es un reflejo de la profunda insatisfacción que muchos agentes sienten respecto a la dirección que está tomando el SUP. Las y los policías, como cualquier otro grupo de trabajadores y trabajadoras, tienen derecho a sindicatos que realmente defiendan sus intereses, no los de empresas privadas con agendas propias.
La fragmentación sindical que está ocurriendo en la Policía Nacional puede parecer, a simple vista, una mala noticia, pero en realidad puede ser una oportunidad para regenerar el sistema sindical en este cuerpo. El hecho de que agentes se estén organizando en torno a alternativas más democráticas y menos influenciadas por el poder económico podría ser el primer paso hacia una verdadera transformación de las instituciones policiales.
El ARP, por ejemplo, ha propuesto cambiar el sistema sindical de la Policía Nacional, acercándolo a modelos más transparentes y participativos, como los que ya existen en la Policía Local o en los cuerpos autonómicos. Esta es una propuesta valiente y necesaria en un momento en el que los sindicatos tradicionales están más preocupados por sus relaciones con el poder que por defender los derechos de sus afiliadas y afiliados.
UNA POLICÍA AL SERVICIO DEL CAPITAL NO ES UNA POLICÍA AL SERVICIO DEL PUEBLO
Lo que está ocurriendo con el SUP y Desokupa es solo un reflejo más de un problema mucho más profundo: la progresiva privatización y mercantilización de las instituciones públicas. Las y los agentes de policía no son mercenarios a sueldo de empresas privadas, son trabajadores y trabajadoras del Estado, con la responsabilidad de garantizar la seguridad y los derechos de toda la ciudadanía. Sin embargo, cuando sindicatos como el SUP firman acuerdos con organizaciones privadas, están enviando un mensaje claro: la policía está al servicio del capital, no del pueblo.
Esta situación es solo un ejemplo más de cómo el neoliberalismo ha ido infiltrándose en todos los rincones de nuestras instituciones, pervirtiendo su función original. La policía, al igual que la sanidad o la educación, es un servicio público que debe estar libre de las influencias del mercado. Cuando permitimos que el capital dicte las políticas públicas, lo que obtenemos es una sociedad cada vez más desigual, en la que quienes más tienen pueden utilizar a las instituciones a su favor, mientras las y los demás quedan desprotegidos.
No podemos permitir que esto continúe. El acuerdo entre el SUP y Desokupa es un síntoma de un mal mucho mayor, pero también es una oportunidad para movilizarse y exigir un cambio real. Si queremos una policía que esté verdaderamente al servicio del pueblo, necesitamos sindicatos que defiendan a las y los trabajadores, no a las empresas privadas.
Las y los policías, como cualquier otro colectivo de trabajadoras y trabajadores, merecen sindicatos que defiendan sus intereses y no los de quienes les ven como herramientas para sus propios fines. Es hora de decir basta. Es hora de recuperar nuestras instituciones y devolverlas a quienes realmente importan: las y los ciudadanos.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
1 Comment
Deja una respuesta Cancelar la respuesta
SÍGUENOS
Mamdani plantea 200.000 viviendas asequibles nuevas y expone cómo golpear el corazón del negocio inmobiliario
La vivienda no se arregla rezando al mercado: se arregla poniendo dinero público, suelo, normas y poder político contra quienes han convertido vivir bajo techo en una subasta permanente. LA CIUDAD QUE CONSTRUYEN LAS Y LOS TRABAJADORES NO PUEDE EXPULSARLOS El 26 de mayo, el…
Barceló, la SER de Oughourlian y el precio de poner la radio al servicio del poder
La SER ya no parece estar cambiando de voces. Parece estar cambiando de dueño político.
La salida de Àngels Barceló no es solo una noticia de radio. Es una señal. Cuando en una redacción empiezan las reuniones discretas, las órdenes sobre qué temas conviene bajar y las frases tipo “menos novio de Ayuso”, el problema ya no es de parrilla. Es de poder. De quién manda. De quién decide qué se cuenta y qué se tapa suavemente para no molestar demasiado. PRISA gira, Oughourlian aprieta y la SER se enfrenta a una pregunta incómoda: ¿sigue siendo una emisora con periodistas o empieza a ser una marca con instrucciones?
Los porqués de la sanción de 3 meses a Vito Quiles en el Congreso
No fue por preguntar.
Vito Quiles se queda 3 meses sin credencial de prensa en el Congreso. Y no, no es censura. Es el resultado de grabar sin permiso, perseguir a Zapatero por los pasillos, publicar imágenes consideradas obtenidas ilícitamente y acumular más de una decena de procedimientos abiertos por saltarse las normas. Lo que algunos llaman “libertad de expresión” empieza a parecerse demasiado a barra libre para intimidar. El Congreso no es un plató ultra. Y el periodismo no es una excusa para convertir el acoso en contenido.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete a Silicon Valley en el corazón de Defensa
Defensa entregó a una empresa nacida en el ecosistema de la CIA una pieza sensible de la inteligencia militar española, sin publicidad, con una sola oferta y bajo una capa de secreto que huele demasiado a negocio blindado.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete el tecnofascismo en Defensa
Mientras nos hablan de modernización, eficiencia y seguridad, el Estado español abre la puerta de su inteligencia militar a una de las empresas más vinculadas al negocio global de la vigilancia, la guerra y el poder algorítmico. Te lo contamos en #ReportajesSR. Presentado por Patricia Salvador.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir
Yo creía que jupol,era el más escorado,hacia la derecha más ultra; urge «filtraje» h limpieza como han hecho en Alemania…