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¿Qué hay tras el intento de asalto de un grupo de ganaderos en Salamanca?
Aquel lunes en Salamanca, la multitud que acechaba la delegación de la Junta de Castilla y León era una clara imagen de un malestar en ebullición, desatado por una serie de acontecimientos que se sucedieron de manera vertiginosa. Un grupo de ganaderos se encontraba en el vórtice de este torbellino, resultado de promesas falsas y políticas oportunistas.
Vox y su seducción de los ganaderos
La formación política de extrema derecha, Vox, prometió a los ganaderos una relajación de las restricciones sobre la tuberculosis bovina, un anuncio que parecía un bálsamo para los oídos de aquellos que luchaban por mantener a flote sus negocios. Sin embargo, esta medida no solo fue considerada arbitraria, sino que también se enfrentó a la desaprobación de los técnicos, del Ministerio e incluso del sistema judicial, que finalmente intervino para paralizar la iniciativa.
El vicepresidente castellanoleonés, Juan García-Gallardo, afirmó en un vídeo que «Vamos a a seguir defendiendo a nuestros ganaderos frente a las imposiciones arbitrarias que les ahogan», sugiriendo incluso que la Unión Europea cambiaría su legislación, como demandaba Vox, para reducir los controles sobre la tuberculosis.
La tuberculosis bovina, una enfermedad que se transmite fácilmente de los animales a los humanos, fue responsable de la muerte de 1,6 millones de personas en todo el mundo en 2021, y otros 10 millones contrajeron la enfermedad. Lejos de relajar los controles sobre esta enfermedad, la UE está considerando fortalecerlos.
Un intento frustrado de asalto y las repercusiones
El golpe vino después de las elecciones, con el revés judicial y la paralización de las promesas de Vox. La noticia cayó como una bomba en el mercado ganadero semanal de Salamanca, uno de los más importantes de la comunidad, que mueve millones de euros al mes. Las vacas quedaron inmovilizadas y los ganaderos se vieron atrapados en una situación que los llevó al borde de la desesperación.
Fue entonces cuando la indignación se desbordó, como la espuma en un vaso de cerveza servido con demasiada prisa. Cuando los ganaderos no obtuvieron lo que se les había prometido, el campo estalló. Los ganaderos exigieron la destitución de los responsables sanitarios y la reducción de los controles para vender carne. Apareció una nueva agrupación de ganaderos, similar a los camioneros en su momento, que no estaba respaldada por los sindicatos tradicionales.
Un eco del pasado y una advertencia para el futuro
Lo que vino después fue una escalada de la tensión que culminó con el intento de asalto al edificio de la Junta en Salamanca. Esta no fue la primera vez que ocurrió algo así bajo el mandato de Vox y PP. Similarmente, en Lorca, los ganaderos, instigados por los miembros de Vox y el PP, llevaron a cabo un asalto al Ayuntamiento el 31 de enero de 2022. Estos actos de rebelión no solo desencadenaron una condena generalizada de los grupos políticos, sino que también expusieron la tensión latente en el campo, empujando a la gente a sus límites.
EL PAPEL DEL PP Y VOX EN LA INCITACIÓN A LA PROTESTA
Los políticos de Vox y el PP habían participado en una comida con los organizadores de la protesta dos días antes del asalto. Habían prometido «acompañar» a los ganaderos a la manifestación, que finalmente degeneró en un asalto. Tal comportamiento, en lugar de mantener la paz y la estabilidad, no hizo más que arrojar leña al fuego de la descontento.
En una aparente ceguera hacia la gravedad de sus acciones, el único diputado reconocido por Vox, Pascual Salvador, se negó a condenar el asalto. Argumentó que la condena de este acto «estigmatizaba» al campo, una afirmación que ignora las realidades y consecuencias de tales acciones.
CONCLUSIÓN: UNA SIMBIOSIS TÓXICA
Es alarmante cómo la política de interés personal y el oportunismo pueden llevar a situaciones tan precarias. Los ganaderos, que trabajan arduamente para mantener vivas sus empresas y familias, se ven atrapados en una vorágine de promesas vacías y falsas esperanzas.
Estos eventos no son más que el síntoma de una enfermedad subyacente, una que se caracteriza por la manipulación y la explotación de las esperanzas y los temores de las personas para fines políticos. La gente del campo, quienes con sus manos labran la tierra y alimentan a las naciones, no merecen ser peones en este juego de ajedrez político.
El asalto a la delegación de la Junta de Castilla y León y la manipulación de las preocupaciones y necesidades de los ganaderos son eventos que deben servir como una advertencia, una llamada a la reflexión sobre cómo la política puede ser utilizada o mal utilizada.
Los líderes políticos y los políticos tienen la responsabilidad de proteger y representar a las personas a las que sirven, no de explotar sus miedos y necesidades para sus propios fines.
La situación en Salamanca es un espejo distorsionado que refleja lo peor de nuestra política: el engaño, el oportunismo y la explotación. La promesa de Vox a los ganaderos fue una quimera, un espejismo que parecía atractivo desde la distancia pero que se desvanecía cuando se examinaba de cerca. Ahora, el campo se encuentra en un punto de ruptura, y solo el tiempo dirá si esta herida podrá sanar.
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