¿Se puede detener a Trump y Netanyahu?
Mientras el Consejo de Seguridad calla, el derecho internacional ofrece vías para juzgar a quienes bombardean civiles y buscan imponer un cambio de régimen por la fuerza.
La UE tiene miedo
Europa vuelve a esconderse tras palabras vacías mientras Estados Unidos incendia Oriente Medio y la legalidad internacional se convierte en papel mojado.
Trump no entiende que Irán no es Venezuela
Pretende exportar un manual de golpes teledirigidos mientras incendia Oriente Medio y juega a la ruleta con vidas ajenas
El esperpento diplomático: Melania en la ONU mientras caen bombas sobre Irán
La primera dama habla de paz mientras cientos de personas mueren bajo las bombas de su propio Gobierno
Sarah Santaolalla denuncia desde el hospital una agresión física de Vito Quiles y sus ultras
De la persecución en Prado del Rey a la agresión física el 2 de marzo de 2026: “Se han traspasado todos los límites”
Donald Trump y el abismo: guerra exterior para tapar el derrumbe interior
Con un 40% de aprobación y 165 niñas asesinadas en una escuela, la Casa Blanca apuesta por el fuego para sostener un poder que se desmorona
Que no te mientan: la guerra contra Irán fue una elección calculada
Washington y Tel Aviv no actuaron por miedo, sino por oportunidad y cálculo electoral
Viktor Orbán activa el manual Trump para salvar su poder
A 45 días del 12 de abril de 2026, el primer ministro húngaro convierte las urnas en un plebiscito contra la UE y Ucrania mientras las encuestas le sitúan 20 puntos por detrás de Péter Magyar
La oposición que no se opone: la tibieza demócrata ante otra guerra que incendia el mundo
Mientras Estados Unidos e Israel bombardean Irán y matan a cientos, la cúpula demócrata critica el trámite, no la guerra.
La escuela de Minab y la mentira automatizada
Mientras más de 148 niñas morían el 28 de febrero de 2026, la inteligencia artificial de Elon Musk confundía Irán con Kabul y convertía la masacre en ruido
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Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
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