De la locura populista al autoritarismo: De la Espriella quiere copiar a Milei y Bukele
Abelardo de la Espriella no llega como una rareza política. Llega como síntoma. Su victoria en la segunda vuelta del 21 de junio, con un 49,66% frente al 48,70% de Iván Cepeda, no es solo un resultado estrecho, menor a un punto. Es la prueba de que la ultraderecha latinoamericana ha aprendido a vender el miedo con envoltorio de salvación nacional. Y funciona. A veces por cansancio, a veces por rabia, a veces porque las élites mediáticas llevan años preparando el terreno.
El 25 de junio, el Consejo Nacional Electoral le entregó la credencial como presidente electo. La escena fue casi perfecta para la épica reaccionaria: discurso religioso, patria herida, enemigos internos, promesa de auditoría, acusaciones de saqueo y esa vieja coreografía de quien habla como si acabara de liberar un país, no de ganar unas elecciones por la mínima. De la Espriella dijo que gobernaría para todas las colombianas y todos los colombianos, pero su campaña ha respirado otra cosa. Ha respirado castigo. Ha respirado revancha. Ha respirado una idea de democracia donde primero se señala al enemigo y luego se discute si conserva derechos.
No hay misterio ideológico. El propio personaje se vende como “el tigre colombiano”, en una copia de saldo del zoológico político que convirtió a Milei en “león” y a Bukele en gerente carcelario de la seguridad. El problema no es el apodo, aunque ya dice bastante. El problema es el paquete completo: antipolítica para llegar al poder, moralismo para blindarse, mano dura para aplastar disidencias y neoliberalismo para abrir la caja pública a los de siempre.
Évole retrata a Vito Quiles: el sarcasmo contra el cinismo disfrazado de periodismo
Jordi Évole no necesitó levantar la voz. Le bastó con una frase cargada de veneno fino para dejar señalado el problema. El 28 de junio, la polémica ya estaba servida: Évole respondió en X a Vito Quiles después de que este se diera por aludido por unas declaraciones del presentador de Lo de Évole en el Festival de las Ideas y la Cultura (FIC), organizado por elDiario.es y celebrado en Rivas-Vaciamadrid los días 26 y 27 de junio.
“Por Dios, don Vito. Usted piense lo que quiera sobre mí. Ante todo, libertad. Y disculpe que igual le he pillado persiguiendo al novio de Ayuso y le estoy interrumpiendo en su maratoniana jornada laboral”, escribió Évole. Luego remató: “Su cinismo nos marca el camino. Feliz domingo”. Sarcasmo, sí. Pero no solo sarcasmo. También diagnóstico.
La fiesta de Alvise se pudre por dentro
La ultraderecha española tiene una habilidad casi industrial para fabricar cruzadas morales con materiales de derribo. Se presenta como azote de la corrupción, como voz del pueblo, como martillo contra “la casta”, y luego basta rascar un poco para que aparezca lo de siempre: personalismo, dinero opaco, acoso, peleas internas y mucho vídeo grabado para mantener encendida la secta. Lo de Se Acabó La Fiesta ya ni siquiera necesita demasiada interpretación. Lo están contando desde dentro.
El 25 de junio, Solier y Nora Junco, eurodiputados elegidos como número dos y tres de la lista de SALF en las europeas de 2024, arremetieron contra Luis “Alvise” Pérez con una dureza poco habitual entre antiguos compañeros de papeleta. Dijeron que “lleva la mentira en el ADN” y que puede terminar siendo “el más corrupto de los corruptos”. No lo dijo una tertulia progresista. No lo dijo un adversario ideológico de izquierdas. Lo dijeron quienes entraron al Parlamento Europeo gracias al mismo artefacto político que él vendía como una revolución anticasta.
Telecinco lee en antena la condena a Unicorn Content: cuando el espectáculo pisotea el honor
Telecinco tuvo que leer este jueves una condena en directo contra Unicorn Content, la productora de Ana Rosa Quintana, por lo que la justicia considera una “intromisión ilegítima e injustificada” en el derecho al honor de Romi Murillo Martínez. No fue una rectificación voluntaria. No fue un gesto de responsabilidad. Fue una sentencia. Y eso cambia bastante las cosas.
El encargado de leer el fallo fue César Muñoz en El tiempo justo, el programa que ocupa la sobremesa de Telecinco desde la cancelación de TardeAR en septiembre de 2025. La escena tenía su punto de ironía amarga: una productora condenada por lo emitido en un programa desaparecido tiene que escuchar su propia condena en el espacio que lo sustituyó. Mismo canal. Misma franja. Misma empresa detrás. La maquinaria sigue.
El PP ya no necesita controlar todos los medios: le basta con pagar el clima
La estrategia no nace en Aragón, pero en Aragón se ve sin maquillaje. El Partido Popular ha entendido que gobernar ya no consiste solo en aprobar presupuestos, privatizar servicios o colocar a los suyos en los puestos clave. También consiste en ocupar el aire. Marcar conversación. Llenar tertulias. Premiar obediencias. Hacer que la crítica parezca ruido y que la propaganda parezca paisaje.
Madrid fue el laboratorio. Isabel Díaz Ayuso convirtió la comunicación política en una guerra permanente: eslogan, bronca, victimismo, bandera y medios girando alrededor del personaje. Todo muy moderno, muy agresivo, muy de manual. Pero detrás de la épica prefabricada hay algo bastante menos heroico: dinero público, campañas institucionales, gasto en publicidad y una red mediática que no vive solo de audiencias, sino también de contratos. El relato de la “libertad” se paga. Y se paga con dinero de todas y todos.
De la Espriella y la nueva pinza ultra sobre América Latina
Abelardo de la Espriella todavía no ha tomado posesión y ya se mueve como lo que es: una pieza más de una red reaccionaria que ha entendido perfectamente el momento. Su investidura será el 7 de agosto, pero el alineamiento empezó antes. El 21 de junio, tras ganar la segunda vuelta en Colombia, el abogado ultraderechista empezó a recibir felicitaciones, llamadas, guiños y bendiciones políticas de una constelación que no se improvisa. Trump al fondo. Vox al lado. Ayuso sonriendo desde Madrid. Noboa en Ecuador. Mulino en Panamá. Fujimori en Perú. Y Lula como excepción incómoda en Brasil.
No es diplomacia. Es bloque.
La operación tiene una estética conocida: seguridad, libertad, democracia, desarrollo. Palabras grandes para tapar una política pequeña: más frontera, más policía, más mercado, más subordinación a Washington. La ultraderecha ha aprendido a hablar como si defendiera pueblos mientras prepara gobiernos para las élites. Le llaman recuperar credibilidad internacional. Quieren decir volver al redil. Le llaman aliados firmes. Quieren decir socios ideológicos. Le llaman lucha contra el narcotráfico. Quieren decir militarización con permiso de Estados Unidos.
València, Desokupa y pisos turísticos: la ciudad convertida en una máquina de expulsar gente
El caso parece una anécdota grotesca, casi una caricatura de la València especulativa. Pero no lo es. Es una radiografía. Una propietaria extranjera de un piso en Benicalap, situada en Estados Unidos. Una pareja de Letonia y Estados Unidos que ocupaba la vivienda en régimen de alquiler. Una inspección de la Policía Local. Dos trabajadores de Desokupa dentro del inmueble. Un anuncio en Booking. Una multa de 10.000 euros. Y, al fondo, la misma pregunta de siempre: quién manda realmente en la ciudad cuando la vivienda deja de ser un derecho y se convierte en caja registradora.
Según publicó elDiario.es, la Policía Local inspeccionó a finales de febrero un piso turístico en Benicalap y levantó acta por funcionar sin licencia. El inmueble figuraba en el registro autonómico desde 2018, pero carecía de título habilitante y de informe de compatibilidad urbanística. En mayo, el Ayuntamiento cerró el trámite y notificó a la propietaria una sanción de 10.000 euros por falta grave.
Hasta ahí, nada nuevo en una ciudad donde el turismo ilegal ya no entra por la ventana, entra por la puerta grande. Lo escandaloso llega después. La propietaria recurrió la sanción alegando que no controlaba la vivienda, que la pareja inquilina la realquilaba irregularmente desde el inicio, que el contrato era de solo 11 meses y que desde 2024 intentaba recuperar el piso sin éxito. Es decir, una cadena de irregularidades sobre otra cadena de irregularidades. El capitalismo inmobiliario no es un desorden: es un sistema que vive del desorden.
Podemos pide que Morocho declare por la guerra sucia contra el partido
odemos ha pedido al juez Santiago Pedraz que cite como testigo al inspector jefe Manuel Morocho en la causa sobre la guerra sucia contra el partido. No es un nombre cualquiera. Morocho fue el policía que investigó Gürtel y la caja B del PP, el agente que no miró hacia otro lado cuando la corrupción del partido de Mariano Rajoy empezaba a enseñar las costuras de un régimen podrido hasta la moqueta. Y por eso, precisamente por eso, acabó apartado, presionado y enviado al corazón de la brigada política.
Policías al servicio de intereses partidistas, informes basura, medios dispuestos a amplificar montajes y una maquinaria institucional utilizada para golpear adversarios políticos. No hablamos de una anécdota. Hablamos de Estado. De cloacas. De una democracia convertida en herramienta de persecución cuando el poder siente que puede perder el control.
Gigafactorías de IA: el nuevo pelotazo digital que amenaza con convertir territorios enteros en zonas de sacrificio
Europa quiere tener su propia inteligencia artificial. Esa es la frase bonita. La vendible. La que cabe en una rueda de prensa, en un plan estratégico y en un titular amable sobre soberanía tecnológica. Bruselas no quiere depender de Estados Unidos ni de China para entrenar modelos de IA, desplegar sistemas avanzados y sostener su propia infraestructura digital. Hasta ahí, cualquiera entiende el problema.
Pero luego viene la letra pequeña. Y la letra pequeña pesa toneladas.
La Unión Europea ha puesto sobre la mesa 20.000 millones de euros para levantar entre tres y cinco grandes “gigafactorías de IA”. España quiere una. El Gobierno ha decidido correr antes incluso de que Bruselas publique el concurso oficial y ya ha aprobado más de 1.000 millones de euros para apuntalar la candidatura: 719 millones para la sociedad público-privada que gestionaría la infraestructura y otros 300 millones como aportación voluntaria a EuroHPC, el organismo europeo que coordina las inversiones en supercomputación.
Venezuela bajo los escombros: 1.450 muertos y una reconstrucción que no puede convertirse en negocio
Venezuela necesita rescate, atención sanitaria, agua, refugios, comida, comunicaciones, escuelas seguras, infraestructuras revisadas y viviendas habitables. Necesita que las niñas y los niños no duerman bajo lonas mientras los despachos calculan rentabilidades. Necesita que las trabajadoras y los trabajadores de emergencia tengan medios. Necesita que las familias sepan dónde están sus desaparecidos. Necesita ayuda sin chantaje, sin propaganda, sin bloqueo moral, sin convertir cada camión en una bandera.
El terremoto del 24 de junio no pidió pasaporte antes de matar. La respuesta tampoco debería pedir obediencia política para salvar. Entre los escombros no hay ideología que valga: hay vidas, y quien especula con ellas ya ha elegido bando.
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Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
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La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
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