Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El neonazismo español no es un accidente, es una amenaza organizada que crece al calor del odio y la impunidad
EL ODIO NO ES UNA OPINIÓN, ES UN DELITO
La Audiencia de Barcelona ha decidido mantener en prisión a C.L., el líder del grupo neonazi ‘Deport Them Now’, por el riesgo claro de que vuelva a incitar disturbios racistas como los que encendieron Torre Pacheco el pasado verano. La decisión judicial no solo es justa, sino necesaria: la extrema derecha española ya no se esconde, y quienes siembran odio deben responder ante la ley.
C.L. no es un “lobo solitario”. No lo fue ni lo será. Su caso desmonta esa narrativa tan cómoda que el sistema repite cada vez que un ultra actúa: “un caso aislado”. Pero los lobos solitarios no tienen grupos en Telegram, ni canales donde llaman a “cazar magrebíes”, ni fotos de personas racializadas con dianas en la cabeza. Los lobos solitarios no organizan protestas racistas en Mataró junto a militantes de Vox, ni guardan armas ilegales en su casa mientras predican la “limpieza étnica digital”.
La Audiencia lo ha dejado claro: su conducta no fue “un acto impulsivo” ni “irracional”. Fue un plan coherente con una ideología “claramente racista y promotora de la violencia hacia el colectivo magrebí”. Es decir, terrorismo ultra. Y el tribunal ha recordado lo que tantas veces se olvida: el racismo organizado no se combate con advertencias, sino con justicia.
El joven —que trabajó como vigilante de seguridad y llegó a ser interino de la Generalitat— trató de escabullirse alegando que actuó solo, que fue un “arrebato”, que las armas eran “de aire comprimido” y que se iba a matricular en la universidad. Pero su arrepentimiento de última hora no convenció a nadie. Ni sus excusas, ni su intento de presentarse como un muchacho despistado con acceso a Telegram.
Los jueces han visto lo que hay que ver: un agitador que utilizó las redes para llamar a la violencia y crear miedo. Un hombre que alentó una “cacería” de migrantes y pidió “reunirlos con Alá”. Y, sobre todo, un peligro real en un país donde el fascismo sigue blanqueado por parte de la política y la prensa.
LA IMPUNIDAD ULTRA COMO PROBLEMA DE ESTADO
Lo que ocurrió en Torre Pacheco no fue una anécdota. Fue un aviso. Y no solo por el incendio, sino por la indiferencia institucional que permitió que durante semanas el odio circulara libremente por redes, bajo siglas como ‘Deport Them Now’. Ese grupo no era un foro marginal: era un espacio de coordinación para quienes comparten el ideario de la ultraderecha parlamentaria.
Mientras Vox convoca protestas racistas en Catalunya y habla de “invasión migratoria”, otros actúan. La frontera entre el discurso y la violencia hace tiempo que se cruzó. Las palabras de odio matan. Los mensajes en Telegram incendian pueblos. Las dianas digitales acaban convirtiéndose en víctimas reales.
Y el Estado, tantas veces indulgente con los ultras, debe decidir si los seguirá tratando como a exaltados o como lo que son: una amenaza organizada contra la convivencia.
El tribunal fue claro: no basta con prohibirle usar redes sociales, porque la tecnología permite seguir actuando bajo otros nombres o direcciones IP. Solo la prisión garantiza que no destruya pruebas ni vuelva a incitar a la violencia. La prisión preventiva no es un castigo anticipado: es la única barrera ante la repetición del delito.
Pero el caso C.L. también expone una contradicción: un neonazi con antecedentes ideológicos y arsenal propio pudo trabajar como vigilante de seguridad y como interino de una administración pública. ¿Cuántos más están infiltrados en los cuerpos del Estado, en empresas de seguridad o en organizaciones políticas?
El fascismo español no aparece de la nada. Se nutre de la permisividad institucional, del silencio mediático y del blanqueo político. Cuando un partido con representación parlamentaria comparte espacio con neonazis en una manifestación, eso no es libertad de expresión. Es colaboración ideológica.
Su sitio es la cárcel, sí. Pero la responsabilidad no acaba ahí.
Porque cada vez que un político normaliza el racismo, otro C.L. se siente autorizado a prender fuego.
Y cuando la justicia actúa, llega tarde, pero al menos deja un mensaje: la democracia no se defiende mirando hacia otro lado.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Reportaje | La gran conspiración: cómo Wall Street fabricó al primer billonario de la historia
La salida a bolsa de SpaceX no fue solo una operación financiera: fue la coronación de Elon Musk como dueño simbólico del futuro, pagada con índices, fondos pasivos y ahorros ajenos. EL BILLÓN NO CAYÓ DEL CIELO: LO EMPUJARON DESDE NASDAQ Elon Musk no llegó…
Lo que se viene en Colombia: ultraderecha, cárcel y petróleo
Colombia acaba de asomarse a una etapa peligrosísima. No a un giro moderado. No a una corrección de rumbo. A una entrada de la ultraderecha por la puerta grande, con estética de salvador nacional, discurso de guerra interna y programa económico hecho a medida de quienes siempre confunden patria con propiedad privada. Abelardo De La Espriella, abogado, empresario, millonario, cantante de vallenato, ciudadano de Colombia, Estados Unidos e Italia, se proclama vencedor tras la segunda vuelta del 21 de junio, según el preconteo. Tiene 47 años, cuatro hijos, barba de catálogo, relojes de lujo y un apodo construido para el mitin: “El Tigre”.
Conviene decirlo sin anestesia: esto no es derecha clásica, es ultraderecha latinoamericana con perfume caro y agenda de castigo social.
Que todo arda, que nadie pague: Doñana sigue esperando justicia nueve años después
El 24 de junio de 2017, Doñana sufrió el incendio más grave en décadas. Ardieron más de 8.000 hectáreas en el entorno de Las Peñuelas, en Moguer. Nueve años después, el paisaje ya no humea, pero el expediente judicial sí. Huele a abandono, a burocracia, a esa forma tan española de dejar que el tiempo lo pudra todo hasta que la indignación se canse antes que los tribunales.
Según publicó elDiario.es el 21 de junio, el proceso sigue sin avances reales desde mayo de 2024, cuando el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 2 de Moguer dictó un auto para continuar como procedimiento abreviado las diligencias contra tres personas investigadas. Tres investigados. Un incendio monstruoso. Una zona devastada. Y una causa que, a fecha de junio de 2026, ni siquiera ha dado traslado a las partes personadas —las dos acusaciones particulares y la Fiscalía— de la copia de las actuaciones para que puedan calificar el delito y presentar sus escritos de acusación.
Vídeo | Más de 1.000.000 de personas han visto nuestra denuncia ‘Fábrica de obediencia’
Dicen que una bandera arcoíris “adoctrina” a la infancia. Pero meter a menores bajo una carpa para que lloren, griten, se arrodillen y aprendan obediencia lo llaman “avivamiento”.
Estrenamos nuevo reportaje de Spanish Revolution: “Tras la Nakba”, segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”.
La historia de Palestina no empezó el 7 de octubre de 2023. Y tampoco terminó en 1948 con la Nakba. Después vino 1967, la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, los checkpoints, los asentamientos, el muro, el bloqueo y una maquinaria de control que…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir