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La militarización de la protesta civil en Los Ángeles es un síntoma: el nuevo orden trumpista se escribe con botas y bayonetas.
LOS MARINES NO TRAEN DEMOCRACIA, TRAEN MIEDO
Por Javier F. Ferrero
Hay imágenes que hielan la sangre. Camiones militares cruzando los barrios obreros de Los Ángeles, helicópteros rugiendo sobre las cabezas de miles de manifestantes, 700 Marines desplegados no para defender a la población, sino para intimidarla. El pretexto: reforzar las redadas migratorias ordenadas por Donald Trump. La realidad: ensayar el control militar de la disidencia civil.
El propio Trump lo dijo esta semana: “Todo está bajo control”. Una frase vacía cuando las cámaras muestran a soldados de combate patrullando una ciudad que no vive una guerra, sino una ola de resistencia popular contra las políticas migratorias más brutales del nuevo mandato republicano.
El enemigo no son los carteles, ni los criminales, ni las bandas armadas. El enemigo, para este Gobierno, son las y los migrantes pobres, las y los defensores de derechos humanos y quienes aún creen en la dignidad humana.
LA MILITARIZACIÓN NO ES NUEVA, PERO AHORA ES SISTEMA
Estados Unidos lleva décadas entrenando a su propio autoritarismo. Desde la represión salvaje de las marchas antirracistas de los años 60, pasando por los tanques en Los Ángeles tras el veredicto de Rodney King en 1992, hasta los agentes federales sin identificación desplegados contra Black Lives Matter en 2020. Cada generación de gobernantes ha aportado su cuota de brutalidad, pero la actual administración ha dado un salto.
Lo advertimos ya en 2020, cuando ProPublica documentó cómo los paramilitares federales operaban sin control legal en Portland. Lo confirmó el propio Trump cuando defendió en campaña que el Ejército debía “proteger las infraestructuras críticas” —una fórmula que ahora sirve para criminalizar cualquier manifestación.
Hoy el experimento se perfecciona. Los Marines no están en Los Ángeles para detener criminales. Están allí para imponer miedo sobre quienes protestan contra las redadas masivas del ICE, redadas que han arrancado a cientos de personas de sus casas en los últimos días.
LA VERDADERA CARA DE LAS REDADAS
Desde abril, el ICE ha incrementado su ofensiva contra la comunidad migrante en California. Human Rights Watch ha denunciado que estas operaciones generan un clima de terror generalizado: detenciones arbitrarias, registros sin orden judicial y deportaciones exprés sin garantías legales.
La respuesta ciudadana ha sido inmediata: acampadas frente a los centros de detención, marchas multitudinarias, bloqueos en infraestructuras portuarias y ferroviarias. Una muestra de coraje democrático ante el autoritarismo.
Pero el Gobierno no tolera la desobediencia civil. Primero desplegó a la Guardia Nacional. Luego amplió el margen de actuación del ICE bajo la excusa de “proteger infraestructuras esenciales”. Ahora ha cruzado la última línea: enviar 700 Marines, preparados para la guerra, contra una población que solo ejerce su derecho a protestar.
EL NUEVO MANUAL DEL TRUMPISMO: APLASTAR LA DISIDENCIA
Este no es un episodio aislado. Forma parte de un plan meticuloso para convertir la represión en norma. Desde que comenzó su segundo mandato, Trump ha impulsado:
- El refuerzo de los poderes ejecutivos del ICE mediante órdenes presidenciales.
- La flexibilización de las reglas de uso de la fuerza en el contexto de “amenaza civil”.
- Un aumento del 20 % en el presupuesto conjunto Defensa-Interior para “gestión de crisis migratorias”, según datos del último informe del Congressional Budget Office.
El despliegue de Marines en Los Ángeles no es una anomalía. Es un globo sonda. Si la opinión pública lo traga, pronto veremos réplicas en otras ciudades: Chicago, Houston, Nueva York… cualquier urbe con comunidades migrantes organizadas y dispuestas a resistir.
El objetivo es claro: matar la protesta antes de que contagie.
CUANDO SE PIERDE EL DERECHO A LA CALLE, SE PIERDE TODO
Lo más grave es que todo este despliegue se hace en nombre de una falsa seguridad. El propio informe del Departamento de Seguridad Nacional, citado por la CNN, reconoce que las protestas en Los Ángeles han sido “mayoritariamente pacíficas”. No hay armas. No hay actos de terrorismo. Lo que hay son ciudadanos y ciudadanas que no aceptan la deportación masiva de sus vecinos.
El problema no es la violencia. El problema es la valentía de quienes resisten. Por eso el Gobierno responde con blindados, helicópteros y tropas de combate. Porque cuando los tanques sustituyen al diálogo, es que el poder ya no tiene más argumentos que el miedo.
Hoy asistimos en directo al vaciamiento de la democracia estadounidense. Mientras la Casa Blanca proclama su defensa de la libertad en foros internacionales, dentro de sus fronteras el derecho de reunión es pisoteado con botas militares.
¿Qué vendrá después? Una Ley Patriótica 2.0, tribunales de excepción, listas negras de activistas, nuevas formas de censura… El manual está escrito. Y el precedente más claro lo tenemos en el Chile de Pinochet, que también comenzó enviando soldados contra estudiantes y sindicalistas.
Cada vez que un Gobierno normaliza la represión militar de la protesta, nos acerca un paso más al autoritarismo. Y ese camino, la historia lo enseña, es siempre descendente. No hay democracia que sobreviva a los tanques.
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Los pueblos están condenados a sufrir dominaciónes cuando no realizan una buena escogencia dé sus líderes
Si llega a ser en Venezuela o en cualquier país que no sea supuestamente » demócrata» , habría que ver cómo todo el mundo hablaría de dictadura.
Es fascismo con todas sus letras.
Que arden las calles, solo enfrentándose al autoritarismo se puede conseguir derrocarlo. Habra palos, heridxs, detenidxs, o hasta muertxs,pero que hacer cuando quieren mandarte a una cárcel de Bukele, pues eso luchar hasta la muerte.
Que arden EEUU y Trump con ello.
Salud y anarkia
El hermano gemelo de Putin,otro hijo de fruta.