Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Estados Unidos exhibe más debilidad que poder en su estrategia de control del Estrecho de Ormuz.
La escena se repite con una precisión inquietante. Donald Trump anuncia una medida de fuerza, eleva el tono, invoca la supremacía militar y promete control absoluto. Y, sin embargo, lo que emerge es otra cosa: improvisación, contradicciones y una comunidad internacional cada vez menos dispuesta a seguirle el juego. El último episodio lo confirma. El anuncio del bloqueo naval del estrecho de Ormuz, tras unas negociaciones fallidas con Irán que no alcanzaron ni las 24 horas, vuelve a situar a Estados Unidos en el centro de una escalada que ni controla ni puede justificar sin grietas.
Según el Comando Central estadounidense, el bloqueo comenzaría el 13 de abril a las 17:00 (hora peninsular española) y afectaría a todos los buques que entren o salgan de puertos iraníes. La declaración pretende transmitir firmeza, pero contiene una contradicción estructural: Washington asegura que no impedirá la libertad de navegación hacia puertos no iraníes, aunque no explica cómo se puede bloquear selectivamente un corredor por el que circula aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial. En otras palabras, se anuncia un control total sin capacidad real para ejecutarlo sin desatar un conflicto mayor.
La lógica es conocida. Convertir una derrota diplomática en una demostración de fuerza. Las conversaciones celebradas en Pakistán, que terminaron sin acuerdo en menos de un día, no solo evidencian la incapacidad de la administración estadounidense para articular una salida negociada, sino también la fragilidad de su posición geopolítica. El propio Trump recurrió a su red Truth Social para proclamar que “la mejor Armada del mundo” iniciaría el bloqueo “con efecto inmediato”, una afirmación que suena más a propaganda que a estrategia.
En este contexto, el análisis de el ridículo estratégico de Trump que sacude el tablero global resulta especialmente revelador. No se trata únicamente de un error táctico, sino de un patrón. Cada movimiento destinado a reforzar su liderazgo termina debilitando su credibilidad. Cada amenaza amplifica la percepción de aislamiento. Y cada gesto de fuerza deja al descubierto la ausencia de un plan político sostenible.
El estrecho de Ormuz no es un escenario cualquiera. Es una arteria energética global, un punto de paso crítico entre el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán. Interrumpir su funcionamiento no es una acción simbólica, es una decisión con consecuencias económicas inmediatas para todo el planeta. Por eso, más que una demostración de poder, el anuncio se percibe como una apuesta de alto riesgo que puede disparar los precios energéticos, tensionar los mercados y agravar la inestabilidad global.
Mientras tanto, Irán mantiene una posición que combina resistencia y cálculo. Tras el alto el fuego derivado de la ofensiva iniciada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel, Teherán ha utilizado el cierre del estrecho como herramienta de presión. La respuesta estadounidense, lejos de desescalar, introduce un elemento adicional de incertidumbre que amenaza con romper el equilibrio precario alcanzado en las últimas semanas.
La fractura internacional es otro síntoma de esta deriva. Reino Unido, señalado por Trump como aliado en la operación, ha marcado distancias de forma inmediata. Un portavoz del Gobierno británico subrayó que el estrecho “no debe estar sujeto a ningún peaje” y defendió su reapertura, alineándose con una posición que prioriza la estabilidad económica global frente a la escalada militar. No es un matiz menor. Es una señal de que la coalición automática en torno a Washington ya no existe.
Europa, por su parte, observa con una mezcla de preocupación y pragmatismo. La dependencia energética y el impacto directo sobre sus economías obligan a los gobiernos a moverse con cautela. La idea de una “coalición amplia” para garantizar la navegación, mencionada por Londres, apunta más a una estrategia de contención que a un respaldo al bloqueo estadounidense. Es decir, el liderazgo de Estados Unidos ya no se traduce automáticamente en obediencia.
En paralelo, el propio discurso estadounidense revela una tensión interna difícil de ocultar. Por un lado, se insiste en la defensa de la libertad de navegación. Por otro, se anuncia un bloqueo selectivo que vulnera ese mismo principio. Esta contradicción no es menor. Expone el carácter instrumental del relato, utilizado según convenga para justificar decisiones que responden más a intereses geopolíticos que a normas internacionales.
El resultado es un escenario en el que la retórica de poder encubre una pérdida de influencia real. La amenaza de bloqueo no refuerza la posición de Estados Unidos, la erosiona. No consolida alianzas, las pone en cuestión. No estabiliza la región, la vuelve más imprevisible. Y todo ello en un momento en el que el sistema internacional ya arrastra tensiones acumuladas que hacen cada nueva crisis más peligrosa que la anterior.
Trump vuelve a jugar a la guerra para tapar una derrota, pero cada movimiento deja más claro que el poder que invoca ya no le pertenece.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
El veto sindical a la Policía Nacional empieza a resquebrajarse
La anomalía democrática ya no cabe debajo de la alfombra. Dos tribunales superiores de justicia, el del País Valencià y el de Madrid, han admitido a trámite sendas demandas de agentes de la Policía Nacional contra una prohibición que huele a otro tiempo: la que les impide afiliarse a sindicatos de clase, interprofesionales, como CNT, CGT, UGT o CCOO. La pelea apunta directamente al artículo 28 de la Constitución, que reconoce la libertad sindical, y al artículo 14, que garantiza la igualdad y la no discriminación. Fechas y cifras importan: la norma que ahora se discute fue aprobada en 2015, bajo el Gobierno de Mariano Rajoy, y afecta a un cuerpo donde la escala básica suma más de 70.000 agentes.
Esta es la democracia estadounidense: 88 corporaciones no pagaron impuestos federales y regaron la política con 852 millones
La democracia estadounidense tiene una liturgia muy solemne. Banderas, discursos sobre la libertad, himnos, padres fundadores, ceremonias patrióticas y presentadores de televisión hablando de “oportunidad”. Luego llega la letra pequeña. Y la letra pequeña dice esto: 88 grandes corporaciones que no pagaron ni un dólar de impuesto federal sobre la renta empresarial en el año fiscal 2025 gastaron unos 852 millones de dólares en lobby y contribuciones electorales durante los últimos ciclos políticos.
No es una anomalía. Es el sistema funcionando.
Trump aprieta el cerco petrolero a Cuba y llama “libertad” al castigo colectivo
El 11 de junio, Marco Rubio anunció nuevas sanciones contra Unión Cuba-Petróleo, CUPET, la empresa estatal cubana de petróleo y gas. No fue un gesto administrativo. No fue una nota técnica del Departamento de Estado. Fue otro giro de tuerca contra una población que ya vive entre apagones, falta de combustible, problemas de transporte, hospitales tensionados y una economía castigada por 65 años de embargo estadounidense. Lo llaman presión. Lo llaman democracia. Lo llaman “apoyo al pueblo cubano”. Pero cuando una sanción corta energía, encarece comida, complica medicinas y deja a la gente sin movilidad, el nombre honesto es otro: castigo colectivo.
Rubio, hijo de inmigrantes cubanos y viejo militante del cambio de régimen, defendió la medida acusando al Gobierno cubano de usar la energía como herramienta de represión, enriquecimiento y control social. El guion es conocido. Primero se asfixia un país. Luego se acusa al país asfixiado de no respirar bien. Después se presentan las consecuencias del bloqueo como prueba de que hacía falta más bloqueo. La maquinaria imperial funciona así: provoca la herida, señala la sangre y vende la amputación como tratamiento.
Vídeo | Más de 30.000 personas ya han visto el #ReportajeSR sobre cómo Israel está cambiando las reglas del mundo
El nuevo trabajo de Reportajes SR, con Olga Rodríguez, analiza por qué lo que ocurre en Gaza no es solo una tragedia palestina, sino una advertencia global sobre la impunidad, el derecho internacional y la ley del más fuerte. Más de 30.000 personas han visto…
Vídeo | La batalla cultural ultra no empezó ayer: nuevo #ReportajeSR este domingo 14
El domingo 14, a las 15:00, estrenamos en nuestro canal de YouTube un nuevo #reportajesr: “Cómo la extrema derecha está ganando la batalla cultural”. La primera parte lleva un título que debería funcionar como advertencia: “Esto no empezó ayer”.
El reportaje, presentado por Patricia Salvador y dirigido por Lea Gugelmann, periodistas de Spanish Revolution, ya está disponible de forma anticipada para suscriptoras y suscriptores del canal.
Porque sí, la extrema derecha no empieza siempre gritando censura, deportaciones, recortes o mano dura. A veces empieza antes. Mucho antes. Empieza alterando el lenguaje. Empieza llamando “libertad” al privilegio de quienes más tienen. Empieza llamando “familia” a un modelo único y obediente. Empieza llamando “patria” a una frontera moral. Empieza llamando “sentido común” a una agenda profundamente reaccionaria.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir