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Para las próximas elecciones parlamentarias de este domingo 3 de abril, hasta seis partidos políticos que comprenden desde la derecha hasta la izquierda húngara se han unido en una lista conjunta
Ya hace doce años que se celebraron las últimas elecciones libres y justas en Hungría, doce años desde que el partido dirigido por Viktor Orbán, el Fidesz, junto al partido Partido Popular Demócrata Cristiano (KDNP) obtuvieron una gran mayoría que les permitió hacer cambios en la Constitución. Desde ese momento, el partido de Orbán ha desgastado poco a poco el conocido Estado de Derecho, así como las diferentes instituciones democráticas y los diferentes procesos electorales. Una tendencia que le ha costado críticas y sanciones en el seno de la Unión Europea hasta ser expulsado del Partido Popular Europeo.
Debido a que la oposición contaba con una desventaja electoral cada vez más pronunciada frente a Orbán, para las próximas elecciones parlamentarias de este domingo 3 de abril, hasta seis partidos políticos que comprenden desde la derecha hasta la izquierda húngara se han unido en una lista conjunta para tener una competencia digna en el terreno electoral.
De hecho, podría no haber sido tan mala idea puesto que los últimos sondeos electorales le atribuyen a Orbán un 35% de los votos frente a un 33% que obtendría esta lista unitaria. Por lo tanto, estamos ante una cierta posibilidad de que el partido del actual presidente de Hungría no solo pierda su mayoría en el parlamento, sino también de que pueda perder las elecciones.
Y es que, desde 2010, el Parlamento dominado por el Fidesz, ha aprobado cientos de cambios en torno al sistema electoral, de manera déspota y antidemocrática. La mayoría de estos cambios tenían como objetivo la manipulación de las circunscripciones en favor de los candidatos del Fidesz.
Además, el partido también tomó bajo su control a la mayoría de medios de comunicación, y a los que no podía controlar los intimidó fuertemente. De hecho, varios informes del Instituto Internacional de la Prensa concluyeron que ese nivel de control sobre medios de comunicación nunca se había visto antes en la Unión Europea, y por otra parte, dictaminó que el Gobierno se hacía eco de estos grandes medios para amplificar sus ataques a colectivos vulnerables o a partidos políticos de la oposición.
Las elecciones parlamentarias, otro fraude de la mano de Orbán.
En relación a las citas electorales, el Gobierno húngaro desde que se colocó en el poder ha ido borrando los límites entre los recursos públicos y los del Estado, con el objetivo de utilizar los fondos públicos para financiar las denominadas “campañas de información del gobierno”, provocando así una representación injusta de todos los partidos políticos.
Este tipo de acciones ha llevado a la misión de observación electoral de OSCE- ODIHR a calificar las elecciones celebradas en 2014 y 2018 como elecciones “libres pero carentes de justicia”.
De hecho, no han sido las únicas acciones que ha llevado a cabo el Gobierno que han puesto en duda, internacionalmente, la integridad de los distintos procesos electorales, puesto que encontramos otras acciones poco justas como: la discriminación hacia los húngaros que votan desde fuera del país; la retórica xenófoba y anti-LGTBI; la politización de los tribunales y, las restricciones arbitrarias hacia la libertad de reunión y expresión.
Por si fuera poco, en 2021 estalló un escándalo llamado Pegasus, que salpicó al Gobierno nacional y sacó a la luz que este utilizaba una especie de software de espionaje para controlar y supervisar a periodistas no afines al gobierno y a múltiples activistas o manifestantes.
Es por todo esto, que la llamada Internacional Progresista enviará una misión de observación a Hungría durante las elecciones del próximo domingo 3 de abril con el objetivo de observar las amenazas que puedan existir durante el proceso electoral e intentar evitarlas.
No debemos olvidar, que Viktor Orbán ha recibido el apoyo de los grandes líderes de extrema derecha internacionales, entre los que están Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, y Donald Trump, expresidente de Estados Unidos.
Ambos líderes son acusados de acciones totalmente antidemocráticas, incluso en el caso de Bolsonaro, de crímenes contra la humanidad por sus nefastas políticas medioambientales. Ahora, en las elecciones parlamentarias de este domingo, las fuerzas progresistas exigen una sociedad digna basada en la igualdad, la democracia y la solidaridad, frente a una sociedad desigual, insolidaria y antidemocrática que ha dibujado Orbán y que seguirá dibujando si sale victorioso en los comicios del 3 de abril.
Es un reto enorme para esta lista unitaria que se ha presentado desde la oposición, pero una decisión valiente y que vale la pena si se quiere conservar algo tan valioso como una democracia.
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