Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Cuando una persona jubilada tiene que enviar currículums para sobrevivir, el sistema ha decidido que tu vida vale menos que el mercado.
En Argentina, un jubilado de 85 años busca empleo para llegar a fin de mes. Ochenta y cinco. Después de toda una vida trabajando, pagando impuestos y sosteniendo un país que nunca fue neutral con las mayorías, ahora tiene que competir en el mercado laboral como si la vejez fuera un capricho y no una etapa protegida por derechos.
No es una anécdota viral. Es una advertencia.
En Estados Unidos, más de 550.000 personas mayores de 80 años siguen trabajando, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales. No hablamos de quienes quieren mantenerse activas y activos por vocación. Hablamos de quienes no pueden pagar el alquiler, los medicamentos o la compra semanal con su pensión. Hablamos de supervivencia.
Una mujer de 93 años, con la espalda fracturada y 14 huesos rotos a lo largo de su vida, envía cartas de presentación porque su pensión no le alcanza para llenar el carrito del supermercado. En el mismo país donde se habla de “oportunidades infinitas”, casi 1,4 millones de personas mayores de 65 años con discapacidad continúan trabajando. Muchas con artritis, cardiopatías o neuropatías. Algunas cobran poco más de 1.000 dólares mensuales y aun así no llegan.
Esto no es mérito. Es precariedad institucionalizada.
EL MODELO DE TRABAJAR HASTA CAER
El discurso dominante presenta estas cifras como prueba de dinamismo. Como si la longevidad laboral fuera un triunfo cultural. Pero cuando una persona de 80, 85 o 93 años no puede retirarse con dignidad, lo que existe no es libertad económica sino un fallo estructural.
El modelo neoliberal ha construido una narrativa eficaz: si no ahorraste suficiente, es tu culpa. Si tu pensión no alcanza, debiste preverlo. Si enfermas y no puedes pagar tratamientos, el mercado no está obligado a protegerte.
La trampa es ideológica. Se individualiza un problema colectivo.
En Argentina, las reformas y los ajustes de los últimos años han erosionado el poder adquisitivo de las y los jubilados. En Estados Unidos, el sistema de pensiones públicas fue debilitado durante décadas mientras se incentivaba la capitalización privada. El resultado es visible en cifras: millones de personas mayores obligadas a seguir produciendo para no caer en la pobreza.
Trabajar hasta que el cuerpo no responda ya no es una excepción, es un horizonte político.
Y ese horizonte no es ajeno. Es admirado por quienes defienden la reducción del gasto público, la privatización de servicios y la lógica de que cada cual se salve como pueda. En España, el elogio constante del “modelo estadounidense” o del “ajuste ejemplar” argentino no es retórica inocente. Es una declaración de intenciones.
Cuando se habla de retrasar la edad de jubilación, de vincular pensiones a mercados financieros o de reducir cotizaciones empresariales, se está configurando el mismo escenario. Uno donde la vejez deja de ser un derecho protegido para convertirse en una fase vulnerable expuesta al vaivén del mercado.
CUANDO EL MERCADO SUSTITUYE A LOS DERECHOS
La pregunta es incómoda: ¿qué tipo de sociedad acepta que alguien de 85 años deba buscar empleo para pagar facturas?
Las pensiones no son un regalo. Son salario diferido. Son el resultado de décadas de cotización. Son un pacto intergeneracional que sostiene la cohesión social. Cuando ese pacto se rompe, no se rompe solo una prestación. Se rompe la idea misma de comunidad.
Diversos estudios sobre pobreza en la vejez en Estados Unidos, como los informes del National Institute on Retirement Security, han advertido que millones de personas mayores están en riesgo económico pese a haber trabajado toda su vida. La combinación de salarios estancados, sistemas privados de ahorro insuficientes y costes sanitarios elevados empuja a muchas y muchos a permanecer en el mercado laboral más allá de lo razonable.
La narrativa oficial habla de elección. Las cifras hablan de necesidad.
El mercado no sustituye a los derechos sin consecuencias. Cuando la protección pública retrocede, aumentan la ansiedad, la desigualdad y la dependencia familiar. Las personas mayores dejan de ser sujetas de derechos para convertirse en mano de obra barata o en carga privada.
Y la normalización es el verdadero triunfo del modelo. Que ya no sorprenda ver a alguien de 80 o 90 años trabajando. Que se aplauda su “espíritu de superación” en lugar de cuestionar por qué necesita hacerlo. Que se convierta en inspiración lo que debería provocar indignación.
No se trata de prohibir que quien quiera trabajar pueda hacerlo. Se trata de garantizar que nadie tenga que hacerlo por hambre.
Cuando se desmonta el Estado social, el vacío no lo llena la libertad. Lo llena la inseguridad. Cuando se privatizan pensiones y se debilitan servicios públicos, no se fomenta la autonomía. Se traslada el riesgo a quienes menos margen tienen.
Si aceptamos que la vejez sea un mercado más, estamos aceptando que la dignidad tenga precio.
En una sociedad que presume de progreso, que una persona de 85 años mande currículums para sobrevivir no es un síntoma de vitalidad económica. Es la evidencia de que el contrato social ha sido sustituido por una hoja de Excel.
Y quien crea que esto es ajeno debería mirar de nuevo las cifras y escuchar con atención los discursos que prometen eficiencia mientras recortan derechos, porque el modelo no llega de golpe, llega normalizado.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Netanyahu ya no disimula: Gaza se ocupa por porcentajes
Netanyahu ya no disimula. Gaza se está ocupando por porcentajes: primero el 52%, luego el 60%, ahora ordena avanzar hasta el 70% y, cuando el público le pide el 100%, responde con una broma: “vayamos en orden”.
Eso no es seguridad. Es desposesión administrada. Es convertir un alto el fuego en una coartada para encerrar a 2,1 millones de personas en cada vez menos territorio, mientras el mundo finge sorpresa ante una estrategia que lleva meses desplegándose delante de todos.
Cuando un Gobierno habla de ocupar Gaza por fases, ya no estamos ante una guerra: estamos ante un plan.
👉 El artículo completo puede leerse en el primer comentario.
Y si quieres ayudarnos a seguir haciendo periodismo que no baja la cabeza:
donorbox.org/aliadas
Contra el racismo institucional: Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le contestó con una palabra incómoda, pruebas
Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le ha contestado con lo único que desmonta la propaganda: pruebas. Y no las había. Ni de que la sanidad fuera a hundirse, ni de que la educación fuera a reventar, ni de que Madrid fuese a convertirse en una especie de apocalipsis administrativo por regularizar a personas migrantes.
El truco es viejo y miserable: primero deterioran lo público y luego culpan a quienes llegan buscando derechos, trabajo y una vida posible. No era gestión. Era racismo institucional con membrete oficial.
El artículo completo puede leerse en el primer comentario 👇
Y si queréis ayudarnos a seguir haciendo periodismo que no agacha la cabeza: Donorbox.org/aliadas
Aimar Bretos toma ‘Hoy por hoy’ mientras la SER intenta vender normalidad donde huele a crisis
La SER intenta vender como relevo natural lo que suena demasiado a operación de poder.
Aimar Bretos asumirá Hoy por hoy el 31 de agosto, tras la salida de Àngels Barceló después de 21 años en la cadena y 7 al frente del programa. El problema no es Bretos. El problema es ese viejo truco de llamar “pluralidad” a lo que muchas veces significa presión editorial, ajuste interno y disciplina empresarial.
Porque cuando una periodista sale así, cuando compañeras y compañeros lamentan públicamente las formas, cuando la plantilla tiene que defender su profesionalidad, la palabra independencia empieza a sonar menos a principio y más a decorado.
A lo que llaman relevo quizá haya que llamarlo por su nombre: una operación de despacho con música de sintonía.
👉 Artículo completo en el primer comentario.
💥 Puedes ayudarnos a seguir haciendo periodismo incómodo en Donorbox.org/aliadas.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete a Silicon Valley en el corazón de Defensa
Defensa entregó a una empresa nacida en el ecosistema de la CIA una pieza sensible de la inteligencia militar española, sin publicidad, con una sola oferta y bajo una capa de secreto que huele demasiado a negocio blindado.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete el tecnofascismo en Defensa
Mientras nos hablan de modernización, eficiencia y seguridad, el Estado español abre la puerta de su inteligencia militar a una de las empresas más vinculadas al negocio global de la vigilancia, la guerra y el poder algorítmico. Te lo contamos en #ReportajesSR. Presentado por Patricia Salvador.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir