Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Un fenómeno inflado por algoritmos y agitadores ultras convierte una subcultura marginal en arma política contra la diversidad
Durante más de una semana, tertulias, digitales y perfiles con miles de seguidores han repetido la palabra “therians” como si estuviéramos ante una emergencia nacional. El sábado 24 de febrero, la Puerta del Sol en Madrid se llenó de cámaras, curiosos e influencers. Lo que no se llenó fue de therians.
Las imágenes hablaban por sí solas: periodistas esperando un fenómeno que apenas apareció, adolescentes buscando una quedada que nunca fue masiva y agitadores de extrema derecha aprovechando el ruido. En ciudades como Ávila, Salamanca y Segovia, las convocatorias también fracasaron. En algunos casos, quienes sí acudieron fueron militantes de Vox con sus carpas verdes. Y entre gritos contra el presidente del Gobierno, más de una persona se preguntaba qué tenía que ver Pedro Sánchez con todo aquello.
La respuesta es sencilla: nada. Pero el objetivo no era encontrar therians. Era fabricar un enemigo.
UNA BURBUJA DIGITAL PARA REAVIVAR EL PÁNICO MORAL
El llamado fenómeno therian consiste, en la práctica, en adolescentes que juegan a identificarse simbólicamente con animales, a veces mediante máscaras o gestos performativos. No hay evidencia de crisis de identidad ni de “transespecie” legalizada, como han insinuado perfiles ultras. En la mayoría de los casos se trata de ocio, de experimentación estética o de simple postureo digital.
El analista Adrián Juste lo ha descrito como una “burbuja cultural” inflada por algoritmos y morbo. La fórmula es conocida: algo raro, minoritario y fácilmente caricaturizable se convierte en tendencia porque genera clics, indignación y compartidos. El escándalo vende.
Pero aquí hay algo más que viralidad. De cada 100 comentarios que circulan en redes sobre el tema, 95 son de odio, con mensajes que piden violencia o “que vuelva la mili”. No es una conversación inocente. Es una estrategia.
Marcelino Madrigal, experto en redes y ciberseguridad, lo explica con crudeza: la ultraderecha encuentra en estos casos una excusa perfecta para atacar la diversidad de género. Se exagera hasta el absurdo la idea de que “después de lo trans viene lo animal”. Se construye una pendiente resbaladiza inexistente para reforzar el discurso de decadencia moral.
El mecanismo no es nuevo. En 2021 y 2022, sectores del Partido Republicano en Estados Unidos difundieron el bulo de que en colegios se colocaban cajas de arena para estudiantes que “se identificaban como gatos”. Era falso. Pero funcionó como arma política.
Hoy, en España, circula otro bulo: que el Gobierno estaría preparando una ayuda de 426 euros mensuales para quienes “se autoperciban como animales”. La cifra no es casual. Remite a subsidios reales y busca vincular la fantasía con las personas trans mediante la expresión “desajuste en la autopercepción de género”. Es un ataque indirecto pero calculado.
A esto se suman vídeos generados con inteligencia artificial en los que perros atacan a personas con máscaras. Falsificaciones diseñadas para reforzar la sensación de amenaza. El algoritmo premia el escándalo. Y la extrema derecha lo sabe.
DEL LABORATORIO LATINOAMERICANO A LAS PLAZAS ESPAÑOLAS
El patrón ya se ensayó en América Latina. En Argentina, a comienzos de febrero de 2026, el fenómeno explotó en redes. Se convocó una reunión el 10 de febrero en Buenos Aires. Días después circuló el rumor de que un therian había mordido a una adolescente de 14 años en Córdoba. Sin pruebas sólidas, el relato fue suficiente para activar la maquinaria.
Medios como La Derecha Diario hablaron de enfermedad mental. Agustín Laje lo calificó de “degeneración”. En México, Eduardo Verástegui pidió internamientos psiquiátricos. El encuadre es sistemático: patologizar, ridiculizar y vincular al progresismo y a las identidades de género.
La periodista Fabiola Solano ha descrito este proceso como la construcción de un “enemigo funcional”. Se presenta una subcultura irrelevante como síntoma de colapso civilizatorio. Se señala a las personas trans como origen de la supuesta deriva. Y se redirige la frustración social hacia colectivos vulnerables.
En Barcelona, la quedada junto al Arc de Triomf terminó con cuatro detenidos por disturbios y muy pocos therians reales. En Madrid y Zaragoza aparecieron un par de menores caracterizados como gatos, linces o zorros. Algunos fueron rodeados, grabados y humillados.
Gabriela, de 15 años, acudió a Sol con una máscara de zorro buscando gente como ella. Acabó encerrada en un círculo de móviles que la forzaban a saltar mientras la insultaban. No había masas identitarias. Había adolescentes y adultos dispuestos a burlarse.
Y mientras tanto, perfiles con más de 160.000 seguidores en X difundían mensajes sobre “jóvenes sin casa ni futuro que prefieren identificarse con perros”. La operación es transparente: convertir la precariedad real en argumento contra la diversidad simbólica.
El fenómeno therian no es una amenaza social. Es una excusa. Una excusa para reactivar el discurso anti-woke, para señalar a las personas LGTBI, para presentarse como defensores de “los niños normales”. La carpa no se instala para convencer a las y los adolescentes. Se instala para asustar a sus madres y padres.
En un contexto de crisis de vivienda, salarios congelados y servicios públicos tensionados, la ultraderecha necesita cortinas de humo. Necesita enemigos imaginarios. Necesita pánico moral.
Y lo encuentra en una máscara de zorro.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
‘MANGOS’, parte 8 | el peligro que se viene
Durante años nos vendieron Silicon Valley como un laboratorio de futuro. Jóvenes brillantes, garajes, innovación, camisetas negras, discursos sobre conectar a la humanidad y mejorar el mundo. La postal era limpia. La realidad, bastante más sucia. Detrás de cada promesa había concentración. Detrás de cada aplicación gratuita, extracción de datos. Detrás de cada “nube”, centros de datos, contratos, energía, agua, minerales, trabajadores y trabajadoras precarizadas, lobbies y dependencias públicas cada vez más profundas.
Ahora esa vieja maquinaria entra en una fase más peligrosa. Los MANGOS —Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX— no quieren dominar solo una red social, un buscador, un sistema de satélites, una nube o un modelo de inteligencia artificial. Quieren colocarse en todos los puntos por los que tendrá que pasar la economía digital de la próxima década. Chips, datos, cómputo, aplicaciones, satélites, sistemas operativos, distribución, defensa, publicidad, centros de datos y modelos generativos. El menú completo.
Y eso cambia la escala del problema.
‘MANGOS’, parte 7 | Google: la inteligencia artificial que no necesita pedir permiso porque ya vive en tu móvil
Google lleva años vendiéndose como una puerta al conocimiento. Una caja blanca. Un logo simpático. Una promesa infantil de acceso universal a la información. Durante mucho tiempo funcionó. Buscar algo en Internet era “googlearlo”, como si una empresa privada hubiera conseguido convertirse en verbo sin que eso pareciera un problema político. Y ahí empezó todo. Cuando una compañía logra confundirse con una acción cotidiana, ya no compite en un mercado. Organiza el mercado.
Ahora Google forma parte de los MANGOS, el nuevo club de gigantes tecnológicos que aspiran a dominar la inteligencia artificial: Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX. Es, junto a Meta, una de las supervivientes del viejo bloque de las GAFAM. No ha llegado a esta fase desde fuera. No es una recién llegada con hambre de disrupción. Es una de las corporaciones que ya moldeaban Internet antes de que ChatGPT encendiera la fiebre global el 30 de noviembre de 2022.
Su ventaja es brutal. Google no necesita convencer a medio mundo de entrar en su ecosistema porque medio mundo ya vive dentro. El buscador, Gmail, YouTube, Maps, Android, Chrome, Google Docs, la nube, la publicidad. Una arquitectura entera de dependencia cotidiana. La inteligencia artificial no aterriza ahí como un producto nuevo, sino como una capa añadida sobre una infraestructura existente. Gemini no tiene que llamar a la puerta. La puerta es suya.
‘MANGOS’, parte 6 | Nvidia: la fábrica de picos de la fiebre del oro de la inteligencia artificial
Toda fiebre del oro necesita una mentira y una verdad. La mentira es que cualquiera puede hacerse rico si corre lo bastante rápido. La verdad es que casi siempre ganan quienes venden las herramientas. En la inteligencia artificial, esa empresa se llama Nvidia.
Mientras OpenAI, Anthropic, Google, Meta y SpaceX compiten por modelos, asistentes, plataformas, satélites y relatos de futuro, Nvidia ocupa un lugar más frío y mucho más decisivo: el hardware. Los chips. La base material. Sin sus procesadores, no hay entrenamiento masivo de modelos, no hay centros de datos a escala, no hay carrera por la IA generativa, no hay promesa de automatizarlo todo. Hay discursos, sí. Hay presentaciones. Hay CEOs hablando de cambiar el mundo. Pero falta la máquina.
Por eso Nvidia forma parte de los MANGOS, el nuevo acrónimo que agrupa a Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX como las empresas llamadas a dominar la cadena de valor de la inteligencia artificial. Su papel es distinto al de las demás. No necesita llegar directamente a 3.500 millones de usuarios activos como Meta. No necesita tener la aplicación más conocida como OpenAI. No necesita controlar Android como Google ni lanzar satélites como SpaceX. Nvidia está antes. Más abajo. En el sótano real del sistema.
Y quien controla el sótano controla el edificio.
Vídeo | Más de 1.000.000 de personas han visto nuestra denuncia ‘Fábrica de obediencia’
Dicen que una bandera arcoíris “adoctrina” a la infancia. Pero meter a menores bajo una carpa para que lloren, griten, se arrodillen y aprendan obediencia lo llaman “avivamiento”.
Estrenamos nuevo reportaje de Spanish Revolution: “Tras la Nakba”, segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”.
La historia de Palestina no empezó el 7 de octubre de 2023. Y tampoco terminó en 1948 con la Nakba. Después vino 1967, la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, los checkpoints, los asentamientos, el muro, el bloqueo y una maquinaria de control que…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir