26 Jul 2026

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PRINCIPAL, VÍDEOS

Estrenamos nuevo #ReportajeSR: ‘BLACKCORE: la guerra invisible de Israel contra la democracia’ 

En este ReportajeSR, nuestra compañera Patricia Salvador habla de Viginum, Francia, Escocia, Team Jorge, Pegasus, Candiru, CatalanGate y se hace una pregunta incómoda: quién controla a quienes tienen el dinero, la tecnología y la impunidad para manipular elecciones, espiar periodistas y fabricar realidades políticas a golpe de algoritmo.

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DESTACADA, INTERNACIONAL

Israel mata al cámara Ahmed Wishah y vuelve a llamar “terrorista” al periodista muerto 

El cámara de Al Jazeera Ahmed Wishah fue asesinado el 20 de junio en un ataque aéreo israelí contra una vivienda del campo de refugiados de Bureij, en el centro de Gaza. No murió en una abstracción bélica. No cayó en “daños colaterales”. Fue alcanzado por un bombardeo en una casa de un campo de refugiados, uno de esos lugares donde la palabra refugio ya suena a burla cruel cuando la maquinaria militar israelí decide que no hay techo, calle, hospital, escuela, convoy, tienda de campaña ni cámara que merezca seguir en pie.

Según Al Jazeera, en el ataque murieron dos personas y al menos otra persona palestina resultó herida. La cadena fue directa: condenó el “asesinato deliberado” de Ahmed Wishah, trabajador de Al Jazeera Mubasher, y recordó que es el 12º trabajador de la red asesinado en Gaza desde que comenzó la guerra genocida de Israel en octubre de 2023. Doce trabajadores de un mismo medio muertos. Doce. Luego vendrán los portavoces con su jerga de expediente, sus frases prefabricadas y sus acusaciones sin pruebas. Pero el dato queda ahí, como una losa sobre la conciencia de un mundo que mira demasiado y actúa demasiado poco.

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DESTACADA, POLÍTICA ESTATAL

Marlaska descubre la dignidad policial cuando el golpe viene de Peinado 

El caso Begoña Gómez se ha convertido ya en una trituradora institucional. Peinado empuja desde un juzgado una causa que cada día parece más atravesada por el ruido político. El Gobierno responde con comunicados, quejas y gestos de trinchera. La derecha agita el expediente como si hubiera encontrado petróleo. Y en medio, otra vez, el Estado se mira a sí mismo. Sus jueces. Sus policías. Sus ministros. Sus sindicatos. Su honor.

Pero la calle queda fuera de plano.

La misma calle que ha visto cargas policiales contra protestas sociales, desahucios, movilizaciones antifascistas, marchas laborales o concentraciones por Palestina. La misma calle donde se reparte autoridad a golpe de defensa extensible. La misma calle a la que luego se le pide confianza institucional, moderación y respeto.