Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
La fiscal Susana Gisbert, especializada en delitos de odio, fue señalada con nombre, apellidos y rostro en un canal donde la turba digital responde con amenazas y acoso.
El 3 de abril de 2025, el Tribunal Supremo seguía “pendiente de resolver” si debe investigar a Luis ‘Alvise’ Pérez por injuriar y amenazar a la fiscal Susana Gisbert. Mientras tanto, él continúa parapetado tras su aforamiento como eurodiputado y sus casi 700.000 seguidores en Telegram. El juzgado de València que recibió la denuncia de la fiscal remitió en febrero una exposición razonada al alto tribunal, después de que Alvise difundiera fotos suyas y llamara a “buscar su identidad”.
La fiscal Susana Gisbert, especializada en delitos de odio, fue señalada con nombre, apellidos y rostro en un canal donde la turba digital responde con amenazas y acoso. Y pese a ello, el Supremo sigue dudando. Pablo Llarena ha prorrogado la causa otros seis meses. Hay que “tramitar el suplicatorio”, dicen, como si el tiempo fuera neutral mientras se acumulan ataques a quienes protegen los derechos fundamentales.
Las campañas de Alvise no son errores de un particular, sino estrategias organizadas de amedrentamiento contra funcionarias públicas. Lo hizo con juezas, con diputadas, con hijas de presidentes del Gobierno, y ahora con fiscales. No es libertad de expresión, es coacción desde el poder, y el aparato judicial parece más preocupado por sus protocolos que por blindar la democracia.
El Parlamento Europeo lo ha sancionado esta semana con dos días sin dietas por ocultar ingresos. Un castigo simbólico, casi cómico, para quien ha acumulado denuncias por difundir bulos, incitar al odio y acosar a menores. Según Europa Press, también se estudia su imputación por relacionar la muerte de un joven en Sevilla con un “grupo de gitanos”, cuando la causa fue una electrocución sin implicación de terceros.
UN CASO MÁS EN UNA LISTA DE IMPUNIDAD POLÍTICA
No es un hecho aislado. Hay al menos seis causas judiciales tramitadas contra Alvise por delitos que van desde la financiación ilegal hasta la incitación al odio. Pero desde que obtuvo escaño en Europa, las causas se amontonan en el Supremo sin que ninguna avance con decisión. La Fiscalía ya alertó de que recibió 100.000 euros en efectivo del empresario cripto Álvaro Romillo para su campaña a cambio de futuras leyes favorables. Pero aquí no pasa nada.
eldiario.es detalla otras causas: por difamar a un diputado del PSOE en León, por amenazar a una jueza en Sevilla, por promover disturbios en Ferraz, por difundir audios confidenciales del caso Kitchen y por acosar a una hija del presidente Sánchez. Una tras otra, todas pendientes. Todas aplazadas. Todas “en valoración”.
La ultraderecha ha aprendido que puede acosar sin consecuencias mientras se envuelve en la bandera de la libertad de expresión. Pero si una activista migrante, una periodista crítica o una defensora de derechos humanos se atreve a decir verdades incómodas, la justicia actúa con insólita rapidez. Basta recordar el caso de la tuitera Cassandra o de raperos condenados por letras que ni soñaban con el alcance de Telegram.
No hay simetría en la aplicación de la ley. No hay neutralidad institucional. Hay una tolerancia estructural al discurso de odio si quien lo emite lo hace con corbata, es blanco, hombre, y dice representar al “pueblo español”.
Susana Gisbert denunció porque sabía que callar es dejar vía libre. Porque ha visto de cerca lo que pasa cuando la justicia no protege a sus propias defensoras. Porque sabe que ser fiscal especializada en delitos de odio es hoy un blanco preferente del neofascismo digital. ¿Qué mensaje lanza el Supremo al tardar más de un año en decidir si siquiera debe investigarlo?
El canal de Telegram de Alvise no es una red social cualquiera: es una cloaca de desinformación, de propaganda, de acoso. Y él la gestiona, alimenta y monetiza. Que se abra una investigación pericial para determinar su responsabilidad no es solo “razonable”: es una urgencia democrática.
España no puede permitirse que un eurodiputado aforado ampare campañas de hostigamiento contra las y los jueces, fiscales o periodistas que no se pliegan a su discurso. No mientras quienes lo sufren sigan recibiendo amenazas. No mientras el odio siga ocupando escaños y platós.
El silencio judicial siempre ha sido un mensaje. Y este grita demasiado.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
1 Comment
Deja una respuesta Cancelar la respuesta
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir
Por eso es aforado,y que vamos a decier dd EU,la ultraderecha,camp a sus anchas…