Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
La nostalgia por el “orden” dice más de quien la pronuncia que del mundo que describe
Durante semanas, Europa se ha entregado a un lamento casi ceremonial por la supuesta muerte del orden mundial. Columnistas, analistas y dirigentes se rasgan las vestiduras ante el “nuevo desorden” inaugurado por Donald Trump. El tono es elegíaco, como si antes del trumpismo el planeta hubiera funcionado conforme a la diplomacia, el derecho internacional y los derechos humanos. Como si el multilateralismo hubiese sido algo más que un decorado útil. Como si la ONU hubiera sido un árbitro y no, demasiadas veces, un notario impotente.
La expresión de moda en 2026 es “nuevo desorden mundial”. La repetición es tan insistente que termina por parecer un consenso. Pero ese consenso es local. Geográficamente localizado. Se escucha con fuerza en Europa y en algunos países del norte global. Para buena parte del resto del planeta, ese orden al que ahora se rinde homenaje nunca fue tal cosa. Fue una secuencia de excepciones, suspensiones y violencias selectivas. Un orden que funcionaba mientras no te tocara.
EL ORDEN QUE NUNCA FUE UNIVERSAL
Conviene hacer memoria. En su primer año de mandato, Trump ha respaldado sin fisuras a Israel en el genocidio contra la población palestina, ha bombardeado Irán, ha intervenido en Venezuela y ha llegado a amenazar con la anexión de territorio europeo. El caso de Groenlandia es nuevo por su audacia y por el destinatario, no por el método. La coerción como política exterior no la inventó Trump.
Estados Unidos acumula más de 150 intervenciones militares en el siglo XX y cerca de 50 en lo que va del siglo XXI, según recuentos académicos y enciclopédicos ampliamente citados. Guerras abiertas, invasiones, bombardeos selectivos, apoyo a golpes de Estado, financiación de ejércitos irregulares, secuestros, torturas y cárceles secretas. No hay administración estadounidense que no haya contribuido a esa lista, incluidas las consideradas “progresistas”. También la de Barack Obama.
El matiz que introduce Trump es el desparpajo. Hace lo mismo, pero sin disimulo. Sin el lenguaje técnico del humanitarismo armado. Sin el barniz retórico de la defensa de la democracia. Donde antes había comunicados, ahora hay amenazas. Donde antes se hablaba de “estabilidad regional”, ahora se habla de anexión. El fondo es el mismo. La forma ha cambiado.
Durante décadas, Europa observó ese despliegue desde una distancia cómoda. A veces participó. Otras miró hacia otro lado. Ese fue el verdadero privilegio europeo: vivir en un mundo que parecía ordenado porque el desorden se exportaba. Porque las bombas caían lejos. Porque las sanciones asfixiaban economías ajenas. Porque las víctimas tenían pasaporte equivocado.
Por eso aquí se hablaba de reglas, mientras en otras latitudes se hablaba de supervivencia. El orden mundial era, en realidad, un orden para algunos.
CUANDO EL DESORDEN LLAMA A LA PUERTA DE EUROPA
La escena de manifestantes en Nuuk protestando contra Estados Unidos en marzo de 2025 tiene un valor simbólico que incomoda. Groenlandia no es Irak ni Afganistán. Es territorio vinculado a Dinamarca, miembro de la Unión Europea y aliado fiel de Washington. Cuando la amenaza se dirige a casa, el vocabulario cambia. De pronto, la ley del más fuerte deja de ser una abstracción geopolítica y se convierte en una preocupación doméstica.
Estados Unidos desprecia a una Unión Europea que, durante años, aceptó un papel subalterno. Una Europa dispuesta a humillarse un poco más a cambio de estabilidad. La novedad no es el autoritarismo estadounidense. La novedad es que ya no se disfraza y que el destinatario no es siempre el sur global.
Cabe preguntarse si aquel supuesto orden no incubó el desorden actual. Si la normalización de la violencia selectiva, del doble rasero jurídico y del cinismo diplomático no preparó el terreno para que hoy se prescinda incluso de las formas. Si el problema no es que el orden se haya roto, sino que nunca fue compartido.
Europa descubre tarde que las reglas que toleró como excepción pueden convertirse en norma. Descubre que el derecho internacional que relativizó puede ser ignorado sin consecuencias. Descubre que la alianza no protege cuando el poder decide otra cosa.
El desorden no ha empezado ahora. Lo que ha empezado es el fin de la ilusión de inmunidad.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
‘MANGOS’, parte 8 | el peligro que se viene
Durante años nos vendieron Silicon Valley como un laboratorio de futuro. Jóvenes brillantes, garajes, innovación, camisetas negras, discursos sobre conectar a la humanidad y mejorar el mundo. La postal era limpia. La realidad, bastante más sucia. Detrás de cada promesa había concentración. Detrás de cada aplicación gratuita, extracción de datos. Detrás de cada “nube”, centros de datos, contratos, energía, agua, minerales, trabajadores y trabajadoras precarizadas, lobbies y dependencias públicas cada vez más profundas.
Ahora esa vieja maquinaria entra en una fase más peligrosa. Los MANGOS —Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX— no quieren dominar solo una red social, un buscador, un sistema de satélites, una nube o un modelo de inteligencia artificial. Quieren colocarse en todos los puntos por los que tendrá que pasar la economía digital de la próxima década. Chips, datos, cómputo, aplicaciones, satélites, sistemas operativos, distribución, defensa, publicidad, centros de datos y modelos generativos. El menú completo.
Y eso cambia la escala del problema.
‘MANGOS’, parte 7 | Google: la inteligencia artificial que no necesita pedir permiso porque ya vive en tu móvil
Google lleva años vendiéndose como una puerta al conocimiento. Una caja blanca. Un logo simpático. Una promesa infantil de acceso universal a la información. Durante mucho tiempo funcionó. Buscar algo en Internet era “googlearlo”, como si una empresa privada hubiera conseguido convertirse en verbo sin que eso pareciera un problema político. Y ahí empezó todo. Cuando una compañía logra confundirse con una acción cotidiana, ya no compite en un mercado. Organiza el mercado.
Ahora Google forma parte de los MANGOS, el nuevo club de gigantes tecnológicos que aspiran a dominar la inteligencia artificial: Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX. Es, junto a Meta, una de las supervivientes del viejo bloque de las GAFAM. No ha llegado a esta fase desde fuera. No es una recién llegada con hambre de disrupción. Es una de las corporaciones que ya moldeaban Internet antes de que ChatGPT encendiera la fiebre global el 30 de noviembre de 2022.
Su ventaja es brutal. Google no necesita convencer a medio mundo de entrar en su ecosistema porque medio mundo ya vive dentro. El buscador, Gmail, YouTube, Maps, Android, Chrome, Google Docs, la nube, la publicidad. Una arquitectura entera de dependencia cotidiana. La inteligencia artificial no aterriza ahí como un producto nuevo, sino como una capa añadida sobre una infraestructura existente. Gemini no tiene que llamar a la puerta. La puerta es suya.
‘MANGOS’, parte 6 | Nvidia: la fábrica de picos de la fiebre del oro de la inteligencia artificial
Toda fiebre del oro necesita una mentira y una verdad. La mentira es que cualquiera puede hacerse rico si corre lo bastante rápido. La verdad es que casi siempre ganan quienes venden las herramientas. En la inteligencia artificial, esa empresa se llama Nvidia.
Mientras OpenAI, Anthropic, Google, Meta y SpaceX compiten por modelos, asistentes, plataformas, satélites y relatos de futuro, Nvidia ocupa un lugar más frío y mucho más decisivo: el hardware. Los chips. La base material. Sin sus procesadores, no hay entrenamiento masivo de modelos, no hay centros de datos a escala, no hay carrera por la IA generativa, no hay promesa de automatizarlo todo. Hay discursos, sí. Hay presentaciones. Hay CEOs hablando de cambiar el mundo. Pero falta la máquina.
Por eso Nvidia forma parte de los MANGOS, el nuevo acrónimo que agrupa a Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX como las empresas llamadas a dominar la cadena de valor de la inteligencia artificial. Su papel es distinto al de las demás. No necesita llegar directamente a 3.500 millones de usuarios activos como Meta. No necesita tener la aplicación más conocida como OpenAI. No necesita controlar Android como Google ni lanzar satélites como SpaceX. Nvidia está antes. Más abajo. En el sótano real del sistema.
Y quien controla el sótano controla el edificio.
Vídeo | Más de 1.000.000 de personas han visto nuestra denuncia ‘Fábrica de obediencia’
Dicen que una bandera arcoíris “adoctrina” a la infancia. Pero meter a menores bajo una carpa para que lloren, griten, se arrodillen y aprendan obediencia lo llaman “avivamiento”.
Estrenamos nuevo reportaje de Spanish Revolution: “Tras la Nakba”, segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”.
La historia de Palestina no empezó el 7 de octubre de 2023. Y tampoco terminó en 1948 con la Nakba. Después vino 1967, la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, los checkpoints, los asentamientos, el muro, el bloqueo y una maquinaria de control que…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir