Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
«No estamos ante una incoherencia. Estamos ante una gramática del privilegio«.
Por Javier F. Ferrero
Hay silencios que no son ausencia de palabras, sino presencia de un orden. El de Isabel Díaz Ayuso ante el caso de acoso denunciado en Móstoles no es un despiste, ni una torpeza política, ni una contradicción coyuntural. Es algo más sofisticado y, por eso mismo, más inquietante: un silencio con arquitectura.
Hace apenas dos meses, en diciembre de 2025, Isabel Díaz Ayuso utilizó el pleno de la Asamblea de Madrid para cargar contra el PSOE por las denuncias de acoso que afectaban a Francisco Salazar, exasesor del presidente del Gobierno. No existía entonces denuncia judicial. No se habían presentado pruebas documentales. Había, únicamente, el testimonio de dos trabajadoras de La Moncloa. Para Ayuso y para la dirección del PP fue suficiente. El acoso era incuestionable, estructural, moralmente evidente. Dudar de la palabra de las mujeres equivalía a ser cómplice. La presunción de inocencia quedó suspendida en nombre de una indignación selectiva, y el PP se erigió en guardián repentino de un feminismo que hasta ese momento había despreciado.
Hoy, febrero de 2026, el escenario es otro y, sin embargo, la lógica es la misma. La denunciante es una mujer. Se llama exconcejala del Partido Popular en Móstoles. El denunciado es Manuel Bautista, alcalde del municipio y dirigente del PP madrileño. Esta vez no hablamos solo de testimonios. Hay nueve correos electrónicos enviados directamente a Isabel Díaz Ayuso, hay reuniones con Alfonso Serrano y Ana Millán, hay un escrito de 20 páginas remitido al Comité Nacional de Derechos y Garantías del partido, hay frases literales reconocidas por la propia cúpula regional que describen el patrón clásico del acoso sexual seguido de represalias laborales. Pero ahora el acusado ya no es un adversario político. Es un cargo del PP. Y entonces el acoso deja de ser evidente, se vuelve confuso, sospechoso, incómodo. Entonces aparece la palabra fetiche del poder cuando se siente amenazado: “montaje”.
No estamos ante una incoherencia. Estamos ante una gramática del privilegio.
El Partido Popular ha desarrollado, con precisión quirúrgica, una doctrina variable del acoso. Una teoría cuántica de la víctima: existe o no existe según quién ocupe el centro del encuadre. Cuando el foco apunta hacia fuera, la víctima es sagrada. Cuando apunta hacia dentro, se convierte en ruido. En estorbo. En riesgo reputacional.
La exconcejala de Móstoles hizo lo que se le pide siempre a las mujeres cuando denuncian: acudir a los cauces internos, no judicializar, no hacer ruido, confiar en la organización. Lo hizo durante ocho meses. Y recibió a cambio el viejo catecismo patriarcal, actualizado en clave institucional: piensa en tu familia, no te expongas, no denuncies, no dañes al partido. El amparo pasa por callar. El cuidado, por desaparecer.
Ayuso no la recibió. Pero sí recibió al alcalde denunciado cinco días después de uno de esos correos. No es un gesto menor. Es una escena perfectamente legible: el poder siempre encuentra agenda para sí mismo.
Después vino el archivo. Sin entrevista personal. Sin escuchar a testigos. Sin activar el protocolo que el propio PP dice tener. Y, como colofón, la filtración de correos y datos personales. La revictimización como mensaje disciplinario: a quien rompe el silencio, se le expone.
Ayuso ha dicho que se trata de un caso “fabricado contra el PP”. La frase no es nueva. Forma parte de su léxico político desde que la realidad dejó de serle favorable. Todo lo que la incomoda es una conspiración. Todo límite es una operación. El Estado de derecho solo es legítimo cuando apunta en otra dirección.
Hay aquí un juego de palabras inevitable. Presunción de inocencia, sí. Pero también presunción de poder. Esa certeza íntima de que las reglas no están hechas para quien gobierna, sino para quien estorba. Que la moral es un instrumento retórico, no un principio. Que el feminismo sirve para golpear, no para sostener.
Lo verdaderamente disruptivo de este caso no es la hipocresía, ya conocida, sino la naturalidad con la que se ejerce. Sin rubor. Sin matices. Como si el silencio fuese una política pública.
Y quizá lo sea. Porque lo que Ayuso defiende no es a un alcalde concreto, sino un modelo: uno en el que el poder se protege a sí mismo, incluso cuando para hacerlo tiene que convertir a una mujer en daño colateral.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir