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El movimiento de protesta cuenta con la simpatía del 70% de franceses, pero Macron aún no hizo ninguna cesión a las reivindicaciones
La reforma de las pensiones de Emmanuel Macron ha desatado una ola de protestas en toda Francia. La última manifestación, llevada a cabo el pasado jueves, fue tan multitudinaria como hasta ahora, pero aún más reivindicativa, y contó con momentos de tensión y violencia. Ni los sindicatos ni la oposición, a los que se han sumado otras reivindicaciones como las estudiantiles, tienen intención de levantar la presión sobre el presidente francés para que retire la ley que aumentará la edad de jubilación de los 62 a los 64 años.
El pasado jueves, hubo choques entre algunos manifestantes y la policía en París y otras ciudades, y episodios como el incendio en la entrada del Ayuntamiento de Burdeos o el asalto a edificios institucionales de ciudades como Lorient y Nantes empañaron el carácter pacífico del movimiento. Estos incidentes, obra de una minoría, hicieron un flaco favor a los sindicatos, que durante meses se han esforzado por mantener la paz en las marchas y lo han logrado. Sin embargo, sirven a los manifestantes tanto como llamada de atención a nivel internación como llamada a la acción de las compañeras y compañeros.
#ReformesDesRetraites L’entrée de la mairie de #Bordeaux en feu pic.twitter.com/i2AffFVGzd
— Rue89 Bordeaux (@Rue89Bordeaux) March 23, 2023
Éxito de afluencia
A pesar de que las cifras del Ministerio del Interior y las del sindicato CGT sobre el número de manifestantes son muy distantes, ambas coinciden en un punto: la protesta fue un éxito de afluencia, de las mayores desde que el Gobierno presentó la ley en enero. El ministerio contabilizó 1,08 millones de manifestantes de toda Francia, la cuarta mayor convocatoria de las nueve últimas. La CGT cifró la asistencia en 3,5 millones, la mayor junto a las del 7 de marzo.
El movimiento de protesta cuenta con la simpatía del 70% de franceses, y la respuesta de Macron a la manifestación del pasado jueves no ayudó a calmar los ánimos. El presidente no hizo ninguna cesión a las reivindicaciones, y su entrevista televisiva del miércoles fue vista como un intento de desactivar el movimiento sin hacer concesiones importantes.
Macron y el Capitolio
El presidente equiparó las acciones violentas con el asalto trumpista al Capitolio de Washington en enero de 2021 o a la irrupción de una muchedumbre en el Congreso en Brasilia el pasado enero. “Cuando Estados Unidos ha vivido todo lo que ha vivido en el Capitolio, cuando Brasil ha vivido lo que ha vivido”, dijo, “hay que decirlo claramente: respetamos, escuchamos, intentamos avanzar por el país, pero no podemos aceptar ni a los facciosos ni las facciones”.
Además de las manifestaciones, se han declarado en huelga sectores clave como la energía, los transportes o la educación. La jornada de paros y manifestaciones coincide con la presencia de Macron en el Consejo Europeo de Bruselas. Las ocho anteriores no lograron disuadir al presidente francés en su empeño por reformar el sistema de pensiones. Pero la del jueves tenía algo distinto. Era la primera después de unos días en los que las manifestaciones han abocado a Francia a una crisis política y social cuyo único antecedente reciente es la revuelta de los chalecos amarillos en 2018.
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