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¿Cómo es que Mahmoud, de 17 años, a 320 metros del lugar donde hubo un intercambio de disparos, esperando que cesaran los sonidos de tiroteo, recibió un disparo letal desde un vehículo militar israelí aproximadamente a 100 metros de distancia?
Si alguna vez se ha dudado de la existencia de David contra Goliat en pleno siglo XXI, lo ocurrido en Cisjordania se presenta como un macabro recordatorio. «El año 2022 fue el más letal para los niños palestinos en Cisjordania en los últimos 15 años», denuncia HRW. El dato, aterrador en sí mismo, adquiere dimensiones aún más inquietantes al saber que 2023 está cerca de superar este ominoso récord. A fecha de 22 de agosto, las fuerzas israelíes habían asesinado al menos a 34 niños palestinos.
Lo anterior no es una cifra sin rostro. Estamos hablando de Mahmoud al-Sadi, de 17 años, quien encontró la muerte mientras caminaba hacia su escuela cerca del campo de refugiados de Jenin. Las fuerzas militares israelíes justificaron su muerte alegando que realizaban redadas de arresto en el campamento. ¿Cómo es que Mahmoud se encontró a 320 metros del lugar donde supuestamente hubo un intercambio de disparos, esperando que cesaran los sonidos de tiroteo, sin armas ni proyectiles, y aun así recibió un disparo letal desde un vehículo militar israelí aproximadamente a 100 metros de distancia?
Por si eso fuera poco, casos similares se repiten: Mohammed al-Sleem, de 17 años, recibió un disparo en la espalda mientras huía; Wadea Abu Ramuz, también de 17, fue asesinado tras lanzar piedras y fuegos artificiales. En todos estos incidentes, las fuerzas israelíes dispararon a las partes superiores de los cuerpos de las y los jóvenes, sin emitir advertencias o utilizar medidas menos letales como gas lacrimógeno o balas recubiertas de goma.
¿CUÁNDO SERÁ SUFICIENTE?
El diario israelí Haaretz informó que «desde diciembre de 2021, a los soldados se les permite disparar a los palestinos que están huyendo si previamente lanzaron piedras o cócteles molotov». Pero el uso excesivo de la fuerza no es algo nuevo. Ha sido una constante por décadas. Las cifras hablan por sí solas: entre 2017 y 2021, menos del uno por ciento de las quejas sobre violaciones de las fuerzas militares israelíes contra las y los palestinos, incluidos asesinatos y otros abusos, resultaron en acusaciones. Es evidente la ausencia de justicia y equidad en la región.
Bill Van Esveld, director asociado de derechos de la infancia en Human Rights Watch, declaró: «Las fuerzas israelíes están matando a niños y niñas palestinas que viven bajo ocupación con una frecuencia cada vez mayor». Pero, ¿cómo es posible que estos hechos sigan ocurriendo sin una respuesta global contundente? La respuesta puede estar en la impunidad con la que actúan las fuerzas israelíes, respaldada por la inacción de sus aliados y la falta de respuesta adecuada de organismos internacionales.
EL SILENCIO ENSORDECEDOR
El contexto en el que ocurren estos asesinatos es desolador: las autoridades israelíes están cometiendo crímenes contra la humanidad, en forma de apartheid y persecución contra las y los palestinos, incluidos los niños y niñas. Y a pesar de que el Secretario General de la ONU tiene el mandato de listar anualmente a las fuerzas militares y grupos armados responsables de graves violaciones contra niños y niñas en conflictos armados, Israel nunca ha sido incluido. Entre 2015 y 2022, la ONU atribuyó más de 8,700 bajas infantiles a las fuerzas israelíes.
La estigmatización vinculada a la «lista de la vergüenza» del Secretario General es considerable. Aquellos mencionados deben crear y llevar a cabo un plan de acción para reformas con el fin de ser retirados de la lista. Pero, si Israel nunca ha sido incluido, ¿cuál es el motivo? Quizá su amistad basada en el interés de Estados Unidos tenga algo que ver.
Es nuestra responsabilidad denunciar y cuestionar. Las vidas de las y los jóvenes palestinos no son meras estadísticas. Cada número tiene un nombre, una familia y sueños truncados. Es imperativo que las y los líderes mundiales actúen. Es hora de que la impunidad termine. Es hora de justicia.
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