Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El fanatismo antiinmigrante de la Casa Blanca convierte los campos de Estados Unidos en un desierto laboral. Y ahora los mismos agricultores republicanos lloran en sus redes
LA COSECHA DEL CINISMO
La escena es casi poética. Filas interminables de fresas pudriéndose en el suelo de California. Tomates que nunca verán una ensalada. Lechugas que se marchitan en cajas vacías. Y, al fondo, un agricultor republicano, gorra MAGA en la cabeza, que entre sollozos ante la cámara de Fox News balbucea: “No encontramos trabajadores”. No es que no los encuentren. Es que su presidente se los ha llevado en furgones del ICE.
Donald Trump lo ha tenido que admitir, aunque sin perder el tono de bulo permanente que ya es marca de la casa. En su red Truth, el emperador del muro ha escrito que “los agricultores y los sectores del ocio y la hotelería” están “perdiendo trabajadores valiosos”. Y no, no es culpa de Biden ni de “los criminales”, como desliza en su mensaje paranoico. Es el resultado previsible de una política basada en el odio y la estupidez.
Durante meses, las redadas se han intensificado: agentes persiguiendo jornaleras y jornaleros en los campos de California, detenciones masivas en plantas cárnicas de Nebraska, operativos en tiendas, bodegas y cualquier rincón donde las manos migrantes sostienen el tejido económico del país. ¿El saldo? Decenas de miles de empleos esenciales destruidos. Hectáreas enteras sin recoger. Camiones vacíos. Precios en alza.
Las cifras son elocuentes. Según el Centro de Estudios Migratorios de Nueva York, hasta 8,3 millones de personas sin papeles sostienen el 5,2% de la fuerza laboral de Estados Unidos. En algunos sectores, son la columna vertebral: el 19% en jardinería, el 17% en agricultura, el 13% en construcción. Sin ellas y ellos, la economía no es solo más injusta: es inviable.
CUANDO EL ODIO SALE CARO
El drama no se queda en los campos. En los supermercados, los estantes empiezan a vaciarse. Los precios suben. La hostelería, el ocio, la construcción… todos los sectores que Trump pretende “proteger” están pagando el precio de su guerra irracional. Mientras tanto, los agricultores que aplaudieron el discurso antiinmigrante ven ahora cómo su negocio se desploma.
El cinismo es monumental. Esos mismos sectores —la agroindustria de California, los hoteleros de Florida, los constructores de Texas— han financiado y sostenido durante años el proyecto político de Trump. Han cerrado los ojos mientras sus propias plantillas eran criminalizadas. Ahora se quejan en entrevistas, entre lágrimas y sombreros de cowboy, de que no encuentran quien recoja sus productos.
El presidente juega su papel con descaro. Tras provocar la crisis, promete “cambios” para “proteger a los agricultores”, como si no supiera que es su propia política la que los ha condenado. Y mientras se jacta de haber “sacado criminales”, deporta a quienes han pagado 89.900 millones de dólares en impuestos en 2023. Sí, los criminales que sostienen las cuentas públicas, la hostelería, las cosechas y las viviendas.
El espectáculo es obsceno. Un gobierno que necesita la migración para sobrevivir, pero que la persigue como chivo expiatorio de cada discurso electoral. Una élite empresarial que necesita mano de obra barata, pero que financia el odio que la expulsa. Y una base de votantes que quiere fresas baratas y hoteles limpios, pero que celebra las redadas con banderas y cerveza en mano.
Mientras tanto, en los puentes fronterizos como el de Paso del Norte, miles de deportados vuelven a cruzar hacia México. Mujeres, hombres, niñas y niños. Gente que trabajaba, pagaba impuestos, criaba familias. Personas a las que el trumpismo ha reducido a un eslogan racista.
¿Quién recoge ahora tus fresas, Trump? La pregunta no la lanzan solo los activistas. La formulan, a gritos, los propios campos vacíos, los agricultores en quiebra, los supermercados desabastecidos. Porque el odio, además de inmoral, es profundamente estúpido. Y en este caso, se paga en tomates podridos, camas sin hacer y salarios envenenados por el racismo.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Xbox despide a 3.200 personas: el riesgo era de los jefes, la factura es de la plantilla
Xbox acaba de confirmar la mayor reestructuración de su historia. El 6 de julio, Asha Sharma comunicó a la plantilla que la división reducirá aproximadamente 3.200 puestos durante el año fiscal 2027, con 1.600 despidos inmediatos y cuatro estudios saliendo de Xbox hacia nueva gestión. Microsoft, en paralelo, recorta unos 4.800 empleos en total, alrededor del 2% de su plantilla global. No es una anécdota. Es una purga empresarial envuelta en lenguaje de consultora.
La frase oficial es casi una confesión: “nuestro negocio hoy no es saludable”. La dirección reconoce márgenes entre 3 y 10 veces inferiores a los de negocios comparables, una base instalada menor, costes más altos y una apuesta por Game Pass, el modelo multiplataforma y una cartera más amplia de contenidos que “no creció al ritmo esperado”. Dicho sin barniz corporativo: los jefes imaginaron una máquina de crecimiento infinito, compraron estudios, multiplicaron equipos, alargaron inversiones y ahora explican que se equivocaron. Pero quienes salen por la puerta no son quienes vendieron la fantasía. Son trabajadoras y trabajadores que hicieron exactamente lo que les dijeron.
Sony quiere matar el disco: juegos digitales para ricos y propiedad de mentira
Sony ya ha puesto fecha al entierro del formato físico. En su propia web de PlayStation avisa de que, desde enero de 2028, los nuevos juegos lanzados para PlayStation se podrán comprar en PlayStation Store y en tiendas, pero solo en formato digital. Los discos de juegos publicados antes de esa fecha seguirán funcionando, sí. Ese matiz importa. Pero el camino está marcado: el futuro que Sony quiere vender no cabe en una estantería, cabe en una cuenta, en una contraseña, en un servidor y en unas condiciones de uso que casi nadie lee porque están escritas precisamente para que casi nadie las lea.
La compañía lo presenta como adaptación al consumo. Reuters informó el 1 de julio de que Sony dejará de producir discos físicos para los nuevos lanzamientos de PlayStation desde enero de 2028, en un giro que llega después de que cerca del 80% de sus ventas completas de juegos en el año fiscal 2025 fueran digitales. La cifra parece aplastante. Lo digital ya domina. Pero una cosa es que millones de personas compren digital porque es cómodo, porque hay rebajas puntuales o porque las empresas empujan el mercado hacia ahí; otra muy distinta es convertir esa tendencia en una jaula.
Organizaciones sociales señalan a Indra por engordar con el negocio de la guerra
La campaña Desarmando Indra llevó el 30 de junio a la Junta General de Accionistas una denuncia incómoda: la empresa crece mientras crecen el rearme, las fronteras militarizadas y el genocidio contra el pueblo palestino. INDRA, BENEFICIOS Y ARMAS: EL NEGOCIO QUE SIEMPRE ENCUENTRA PRESUPUESTO…
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir