Las trabajadoras y trabajadores del Hospital de La Princesa vuelven a la calle para denunciar el deterioro planificado de la sanidad pública en Madrid.
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Este martes, 3 de febrero de 2026, a las 12:00 horas, las trabajadoras y trabajadores del Hospital Universitario de La Princesa, junto a asociaciones vecinales de los distritos de Salamanca, Chamartín y Ciudad Lineal, vuelven a concentrarse frente al centro sanitario. No es una movilización aislada ni simbólica. Es la segunda protesta en menos de dos meses, tras la celebrada el 4 de diciembre de 2025, y responde a un problema que no solo persiste, sino que se agrava. La crisis de las urgencias no es coyuntural. Es estructural. Y tiene responsables políticos claros.
Desde hace años, el personal sanitario advierte de una degradación sostenida del servicio de urgencias, marcada por la falta de recursos, la sobrecarga asistencial y decisiones de gestión que priorizan el maquillaje estadístico frente a la atención real. La reforma superficial de la sala de espera, presentada como solución, no ha abordado ninguno de los problemas de fondo. Cambiar paredes no cura sistemas enfermos. Mientras tanto, pacientes y personal siguen pagando el precio.
EL COLAPSO COMO MODELO DE GESTIÓN
Las urgencias de La Princesa funcionan hoy bajo una lógica de parcheo permanente. Falta personal médico, faltan enfermeras y enfermeros, faltan celadoras y celadores, faltan técnicos y técnicas. Falta también equipamiento moderno y suficiente. Y falta, sobre todo, voluntad política para afrontar un modelo que empuja a la sanidad pública al límite para justificar después su externalización.
La negativa de la dirección del hospital a reunirse con las trabajadoras y trabajadores y con sus representantes sindicales es un síntoma grave. No hay diálogo porque no hay intención de corregir el rumbo. El resultado es una atención cada vez más precaria, con tiempos de espera inasumibles, pacientes hacinados y profesionales exhaustos. La sobrecarga no es un accidente, es una estrategia.
La situación no se limita a La Princesa. Forma parte de un patrón que atraviesa toda la sanidad madrileña desde hace más de una década. Recortes encubiertos, infrafinanciación crónica y una apuesta clara por derivar recursos públicos al sector privado. Cuando la sanidad pública se deteriora, el negocio privado florece. No es casualidad. Es política sanitaria convertida en mercado.
LA PRIVATIZACIÓN COMO HORIZONTE
El deterioro de las urgencias también tiene consecuencias humanas directas. Profesionales quemadas y quemados, con contratos precarios y ratios imposibles. Pacientes atendidos en condiciones indignas. Familias desesperadas. La salud no puede gestionarse como una empresa de bajo coste.
Las trabajadoras y trabajadores denuncian además la falta de inversión en equipamiento de última generación, el déficit de personal en todas las categorías y una organización del trabajo que prioriza la contención del gasto sobre la calidad asistencial. El discurso oficial habla de eficiencia. La realidad es recorte.
En este contexto, la privatización deja de ser una amenaza futura para convertirse en un proceso en marcha. Primero se degrada el servicio. Luego se presenta la sanidad privada como solución inevitable. La “marca blanca” sanitaria de Madrid funciona así desde hace años. Y La Princesa no es una excepción, sino un ejemplo más.
La concentración del 3 de febrero de 2026 no pide privilegios. Exige algo mucho más básico. Una sanidad pública, universal y digna. Exige que se escuche a quienes sostienen el sistema cada día. Exige que se ponga fin a un modelo que desprecia tanto a profesionales como a pacientes.
Mientras Ayuso presume de “gestión”, las Urgencias del Hospital La Princesa colapsan: falta de personal, riesgo para pacientes y parches cosméticos en lugar de soluciones reales.
— Spanish Revolution (@Spanish_Revo) February 2, 2026
📍 Martes 3 de febrero · 12:00
✊ Concentración en defensa de la sanidad pública.
Basta de… pic.twitter.com/zOeEzDm2TK
Porque defender las urgencias es defender el derecho a ser atendidas y atendidos con dignidad, y porque una sanidad que se vacía no se pierde por error, se pierde por decisión política.
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