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Convertir una tragedia en un ejercicio de propaganda es una forma más de violencia institucional
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La comparecencia de Alberto Núñez Feijóo en la comisión del Congreso sobre la DANA no fue un ejercicio de rendición de cuentas. Fue una operación política basada en la distorsión de los hechos, la omisión interesada y la repetición de bulos ya desmontados por la justicia. Cuando el barro aún no se ha secado en muchas casas y las víctimas siguen esperando respuestas, el líder del PP optó por una estrategia vieja: negar la evidencia, señalar a otras instituciones y reescribir la realidad.
No se trató de errores puntuales ni de interpretaciones discutibles. Lo que se escuchó fue un relato que choca frontalmente con los autos judiciales, con los datos oficiales y con los testimonios de las propias personas afectadas. La verdad ya está escrita en documentos públicos, pero Feijóo decidió ignorarla.
RESPONSABILIDADES QUE NO SE PUEDEN BORRAR
Feijóo insistió en que “faltó información” por parte de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) y de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). No es una afirmación neutra. Es una acusación directa que busca desplazar la responsabilidad política de la Generalitat Valenciana. El problema es que esa tesis ha sido desmentida de forma contundente por la justicia.
La jueza de Catarroja y seis magistradas y magistrados de la Audiencia de Valencia han dejado por escrito que la Generalitat dispuso de información “más que sobrada”. Las alertas de la AEMET fueron claras, reiteradas y emitidas con antelación suficiente. No hay ambigüedad posible. Los datos estaban ahí. Lo que falló no fue la información, sino la reacción política.
También es falso que la CHJ no avisara al CECOPI. Existen correos electrónicos y mensajes oficiales que acreditan avisos constantes, incluidos los datos del sistema SAIH, actualizados cada cinco minutos, sobre el aumento de la pluviometría en el barranco del Poyo y el río Magro el 29 de octubre. La jueza lo dejó claro en un auto: no se puede responsabilizar a un organismo de que otras administraciones no consultaran los datos, no los analizaran o no actuaran en consecuencia.
Feijóo no puede desconocer estas resoluciones. Las conoce. Y aun así, optó por repetir un relato que ya ha sido jurídicamente desmontado. No es ignorancia, es cálculo político.
VÍCTIMAS, BULOS Y CIFRAS QUE DESMIENTEN EL RELATO
El dirigente del PP también recuperó uno de los bulos más difundidos tras la catástrofe: que la delegada del Gobierno, Pilar Bernabé, afirmó que la DANA terminaría a las 18:00 horas. No es cierto. Lo que dijo en la radio autonómica aquella mañana fue que la alerta roja estaba prevista hasta esa hora, pero que podía prolongarse, como ocurrió. La jueza ha descartado en varias ocasiones cualquier imputación contra Bernabé. El bulo sigue circulando porque hay quien lo alimenta.
Más grave aún es la afirmación de que el Gobierno no ha invertido “ni un euro” en infraestructuras. Los datos oficiales, recogidos en la web Infodana y nunca desmentidos, dicen lo contrario. 152 millones de euros ya ejecutados en reparación de carreteras, muchas de ellas municipales. 1.745 millones de euros concedidos para infraestructuras en 78 municipios, en ayudas que no deben devolverse. Negar estas cifras no es una opinión. Es mentir con números que están publicados.
Feijóo también aseguró haberse reunido con “todas las víctimas que han querido”. Tampoco es cierto. El 14 de marzo, una representación de la Asociación Víctimas de la DANA 29-O, que agrupa a la mayoría de personas damnificadas, acudió a la sede del PP en la calle Génova 13. No fueron recibidas por nadie. Fueron desalojadas por 14 agentes de la UIP. Desde entonces, ningún dirigente del PP se ha puesto en contacto con ellas.
Decir que se escucha a las víctimas mientras se las expulsa de una sede política es una forma especialmente obscena de cinismo.
La comparecencia de Feijóo no aclara nada. Confirma algo peor. Una derecha que, incluso ante una catástrofe con víctimas mortales, sigue utilizando la mentira como herramienta política y el dolor ajeno como munición partidista.
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