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Cuando la mentira y el negacionismo logran algo insólito: unir a las dos bancadas en rechazo al secretario de Salud de Trump.
EL ATAQUE A LOS CDC Y EL ASCENSO DEL NEGACIONISMO DESDE EL GOBIERNO
Robert F. Kennedy Jr., secretario de Salud de la administración Trump, ha conseguido una proeza política extraña en un país fracturado: demócratas y republicanos, enemigos habituales, se han unido en su contra. El motivo es su política antivacunas, su desprecio abierto a la ciencia y la colocación de figuras negacionistas en los principales organismos sanitarios. El 4 de septiembre de 2025, en el Comité de Finanzas del Senado, ambas bancadas le dedicaron una reprimenda pública sin precedentes.
La chispa fue su decisión de destituir a Susan Monarez, directora de los CDC, después de que esta se negara a avalar cambios en la política de inmunización que consideraba “contrarios a la ciencia”. Monarez ha demandado a Kennedy, apoyada por nueve exdirectores de los CDC, desde la era de Jimmy Carter, que firmaron una carta de respaldo.
Kennedy lleva meses dinamitando consensos: canceló 500 millones de dólares en investigación sobre ARN mensajero, limitó las recomendaciones sobre refuerzos de la covid y sustituyó al comité asesor de inmunización por perfiles abiertamente antivacunas. Ese comité se reunirá los días 18 y 19 de septiembre, con capacidad de alterar el calendario nacional de vacunación.
La ola negacionista ya tiene efectos tangibles. Florida ha eliminado la obligatoriedad de vacunar a los niños para acudir a clase y cadenas de farmacias han dejado de ofrecer dosis en más de una docena de Estados. Mientras tanto, Kennedy acusa a los CDC de las 1,2 millones de muertes por covid en el país y desprecia estudios como el publicado en The Lancet, que calcula que las vacunas salvaron 14 millones de vidas en el mundo.
REPÚBLICANOS INCÓMODOS, DEMÓCRATAS EN BLOQUE Y UNA SOCIEDAD EN RIESGO
El apoyo ciego de Trump a Kennedy obliga a muchos senadores republicanos a elegir entre su líder o la ciencia. Y lo que quedó claro en el Senado es que nadie quiere cargar con la etiqueta de antivacunas.
El senador Bill Cassidy, médico y republicano por Luisiana, fue tajante: “Estamos negando vacunas a la gente”, reprochó a Kennedy. Cassidy había sido, irónicamente, quien dio el voto decisivo para su confirmación, tras prometerle que no impediría el acceso ciudadano a las dosis. Otro republicano, John Barrasso, también médico, alertó de la alarma social que generan los brotes de sarampión y el caos en los organismos de salud.
La foto política es inédita: senadores demócratas y republicanos unidos contra un secretario de Salud designado por Trump. Lo hacen por miedo a una catástrofe sanitaria, por el peso de la evidencia científica o simplemente por el coste electoral de asociarse al negacionismo. Pero lo hacen.
El problema es que, mientras tanto, Kennedy sigue en su cargo, amenazando con despedir a más personal del CDC y prometiendo desmantelar décadas de políticas de salud pública. Una cruzada ideológica que erosiona la confianza ciudadana, mina la prevención y deja la puerta abierta a nuevas epidemias.
La pandemia dejó una lección grabada en la piel de millones: la desinformación mata. Hoy, el secretario de Salud de EE. UU. es la encarnación de esa amenaza. Y frente a él, demócratas y republicanos, al fin, coinciden.
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