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La rentabilidad por encima de la salud no es una anomalía, es un plan político
El escándalo del Hospital de Torrejón ha dejado al descubierto algo más que un abuso empresarial. Ha desnudado un modelo sanitario que se aplica sin decir su nombre.
UNA FILOSOFÍA DE GESTIÓN BASADA EN EL BENEFICIO, NO EN LA SALUD
La grabación del 25 de octubre es inequívoca. El CEO de Ribera Salud, Pablo Gallart, ordena a una veintena de directivos aumentar las listas de espera y descartar procesos no rentables. No lo dijo en voz baja. No fue un lapsus. Fue una instrucción. El objetivo era mejorar los beneficios de un hospital que, sobre el papel, es público.
El resultado fue inmediato. Cuatro directivos que usaron el canal ético para denunciar estas prácticas fueron despedidos. Entre ellos, la gerente del centro, Pilar Navarro. Ella presentó una denuncia interna el 22 de octubre. Dos días después, fue cesada. La empresa intenta ahora resguardarse tras una auditoría interna que promete aclararlo todo. Pero la filosofía ya quedó anotada.
El analista Javier Aroca lo dijo con precisión en Hoy por Hoy. No estamos ante el exceso de un ejecutivo nervioso. Estamos ante la expresión descarnada de un modelo sanitario privatizado que necesita transformar pacientes en líneas de beneficio.
Lo que sucede en Torrejón no puede entenderse de manera aislada. No es un desliz. Es doctrina.
EL MODELO AYUSO Y LA RED DE PRIVATIZACIÓN DEL PP
Aroca conecta las piezas sin rodeos. Este modelo no nació ahora. Es heredero del modelo Alzira, aquel laboratorio valenciano que convirtió la asistencia sanitaria en un negocio replicable. Y es el mismo que la Comunidad de Madrid ha refinado hasta convertirlo en identidad política.
La trampa es conocida. Los gobiernos autonómicos del PP anuncian orgullosos que aumentan el presupuesto sanitario. Ocultan que ese aumento engorda las cuentas de hospitales privados. Ocultan que la lista de espera es una herramienta política. Ocultan que el deterioro del sistema público no es un accidente, sino una estrategia.
Aroca lo resume así:
“Incentivan a que la gente desconfíe de la pública y huya a la privada.”
No se necesita mucha imaginación. Si te intentas hacer una mamografía y te dicen “hoy no”, “mañana tampoco”, “el mes que viene ya veremos” y, mientras tanto, te notas un bultito, la pregunta se responde sola. Es un mecanismo perverso que aprovecha el miedo. Y el miedo es rentable.
Tampoco ocultan su otro gran incentivo: la explotación laboral. El beneficio no solo se obtiene gestionando la lista de espera. También exprimiendo a las y los profesionales sanitarios, recortando tiempos, plantillas y condiciones.
Ese es el ecosistema que Aroca describe como “la perversión del sistema privado”. Un sistema que, según él, quienes lo defienden no explican con franqueza. Porque quizá la ciudadanía sí es madura para elegir, pero necesita información completa.
Y la información completa es esta: Torrejón no es un caso. Torrejón es el plan.
Aroca remata con un desafío político que Ayuso y Moreno Bonilla nunca aceptarán:
“Si defienden la sanidad privada, que lo digan abiertamente y que luego los ciudadanos elijan.”
El problema es que, si lo dicen, dejan de poder presentarse como salvadores del sistema público. El negocio funciona mejor cuando se esconde.
La grieta que abrió Torrejón ya no se cierra.
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