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Cinco meses después, la sociedad valenciana grita «Mazón Dimissió» ante la indiferencia del president ante 228 muertes evitables.
València volvió a llenarse este sábado de rabia y dignidad. Más de 25.000 personas exigieron en las calles la dimisión inmediata del presidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, por su nefasta gestión de la DANA que asoló la provincia el 29 de octubre de 2024, dejando un saldo trágico de 228 víctimas mortales. La sexta manifestación en tan solo cinco meses revela una sociedad en duelo, cansada del cinismo político y harta de discursos vacíos y medidas insuficientes.
Bajo el lema claro y contundente «Mazón Dimissió», más de 200 entidades entre asociaciones vecinales, plataformas ciudadanas, sindicatos y colectivos de víctimas se movilizaron para denunciar la incompetencia institucional y la falta absoluta de responsabilidad del gobierno autonómico. La marcha recorrió lugares emblemáticos de València como la calle de la Paz o la plaça de la Mare de Déu, exigiendo justicia para las víctimas y castigo político para quienes, como Mazón, parecen más interesados en mantener el poder que en asumir sus responsabilidades.
En primera línea de la protesta caminaban familias devastadas por la tragedia. Rostros rotos por el dolor, como el de Toñi García, que perdió a su marido e hija, o Ernesto Martínez, que vio morir a su hermana y sobrina. La solidaridad ciudadana se manifestó en aplausos continuos y en consignas como «València no te quiere» o «Mazón a la prisión», mensajes contundentes que reflejan la desesperación de quienes se sienten abandonados por quienes debían protegerlos.
Durante la protesta, Anna Oliver, presidenta de Acció Cultural del País Valencià (ACPV), leyó los nombres de las víctimas, incluyendo también a los dos trabajadores fallecidos durante las tareas de reconstrucción, poniendo rostro y nombre a una tragedia que muchos quisieran olvidar, pero que la sociedad valenciana mantiene viva por puro sentido de justicia y dignidad.
LA INDECENCIA DE UN PRESIDENTE AUSENTE
Mientras València lloraba la pérdida de cientos de personas y la ciudadanía demandaba justicia, Carlos Mazón decidía pasar el día de la catástrofe en un restaurante, cuya fama circunstancial, generada por tan lamentable elección, terminó provocando incluso una avalancha turística morbosa. Que los carteles del restaurante tuvieran que ser retirados por turistas haciéndose selfis es un fiel reflejo del grotesco espectáculo mediático que acompaña la desidia de Mazón.
Lejos de asumir su responsabilidad y atender la emergencia con diligencia y humanidad, el presidente valenciano exhibió durante meses una actitud de indiferencia insultante, alimentando con ello la indignación social que ahora lo señala directamente como principal responsable político de las muertes y la desprotección que sufrieron miles de familias valencianas.
Las entidades convocantes destacaron en la manifestación el esfuerzo titánico y desinteresado del personal sanitario, de emergencia y reconstrucción, trabajadores y trabajadoras que actuaron con valentía pese a la precariedad, el abandono institucional y el desprecio de las autoridades autonómicas. Es precisamente este personal el que encabeza con orgullo y dolor cada manifestación, evidenciando que la solidaridad y la ética siguen vivas en la sociedad civil, frente al vacío moral y político del presidente Mazón.
La crisis provocada por la DANA expone claramente los límites y la crueldad inherente al modelo político neoliberal que encarna Mazón. Su gestión de la emergencia, marcada por el abandono de las responsabilidades públicas esenciales y la primacía de la imagen y el beneficio privado, no solo es negligente, sino criminal.
Por eso, más allá de las pancartas y las consignas, la protesta ciudadana exige un cambio radical en las prioridades políticas: que la vida humana esté por encima del marketing, que la prevención y la protección sean más importantes que la propaganda. València lo tiene claro: Mazón debe dimitir por respeto a las víctimas, por responsabilidad política y porque la dignidad de una sociedad no puede soportar tanta vergüenza institucional.
Mazón tiene una deuda imposible de saldar: 228 vidas perdidas por su incompetencia y cinismo. La ciudadanía valenciana no lo olvidará jamás.
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7291+228=7519,más metro de Valencia,etc.,etc ,ppartido manchado con las manos de sangre.