‘MANGOS’, parte 4 | Sam Altman y OpenAI: la promesa de cambiar el mundo también quería factura
OpenAI no inventó la inteligencia artificial. Conviene recordarlo, porque el relato de Silicon Valley siempre funciona igual: borra décadas de investigación pública, trabajo universitario, avances colectivos y financiación estatal para colocar en el centro a un fundador, un escenario, una presentación y una marca. La historia se reduce a un producto. El producto se reduce a un CEO. Y el CEO, si la bolsa acompaña, acaba convertido en profeta.
Sam Altman ocupó ese papel con una habilidad notable. OpenAI, fundada en 2015, lanzó ChatGPT el 30 de noviembre de 2022 y cambió de golpe la conversación tecnológica mundial. En cinco días alcanzó un millón de usuarios. En dos meses, cien millones. Ninguna herramienta digital había llegado tan rápido a esas cifras en la historia de Internet. Era útil, era sorprendente, era accesible. También era una demostración brutal de poder: una empresa privada podía poner en manos de medio planeta una tecnología capaz de escribir, resumir, traducir, programar, simular conversaciones y alterar industrias enteras antes de que las instituciones hubieran terminado siquiera de entender el fenómeno.
Ahí nació la fiebre. Y con ella, los MANGOS: Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX, el nuevo bloque de empresas que aspiran a dominar la cadena de valor de la inteligencia artificial. OpenAI es, en buena medida, la responsable de que ese club exista. No porque tenga todas las piezas. No fabrica los chips como Nvidia. No controla Android como Google. No tiene la red social planetaria de Meta ni los satélites de SpaceX. Pero encendió la mecha. Hizo que la IA dejara de ser una promesa de laboratorio y se convirtiera en producto de masas.
El problema es que la historia no acaba en la fascinación. Empieza ahí.
‘MANGOS’, parte 1 | El nuevo club de tecnoligarcas que quiere controlar el mundo https://spanishrevolution.net/mangos-parte-1-el-nuevo-club-de-tecnoligarcas-que-quiere-controlar-el-mundo/
‘MANGOS’, parte 2 | Musk y SpaceX: el magnate que quiere poner la inteligencia artificial en órbita
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‘MANGOS’, parte 3 | Zuckerberg y Meta: la inteligencia artificial como red social obligatoria
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‘MANGOS’, parte 3 | Zuckerberg y Meta: la inteligencia artificial como red social obligatoria
Mark Zuckerberg lleva dos décadas vendiendo comunidad mientras construye dependencia. Primero fue Facebook, aquella promesa universitaria de conexión global que terminó convertida en una de las mayores máquinas de extracción de datos, atención y publicidad de la historia. Después llegaron Instagram y WhatsApp. Luego el metaverso. Ahora la inteligencia artificial. Cambia el envoltorio, cambia la palabra de moda, cambia el decorado de la presentación. El mecanismo sigue siendo el mismo: ocupar la conversación humana y convertirla en negocio.
Meta forma parte de los MANGOS, el nuevo acrónimo que agrupa a Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX como las empresas llamadas a dominar la era de la IA. No porque todas tengan exactamente el mismo papel. No porque todas estén igual de avanzadas técnicamente. Meta entra en ese club por una razón más cruda: controla uno de los canales de distribución más grandes del planeta.
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‘MANGOS’, parte 2 | Musk y SpaceX: el magnate que quiere poner la inteligencia artificial en órbita
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Elon Musk ha entendido mejor que nadie una verdad obscena del capitalismo contemporáneo: ya no hace falta demostrar que una empresa funciona, basta con convencer al mercado de que algún día será imprescindible. La rentabilidad puede esperar. Las pérdidas se maquillan con épica. Los agujeros contables se tapan con cohetes, frases grandilocuentes y promesas de futuro. Y los inversores, encantados, compran el relato como si compraran un billete de lotería hacia Marte.
La salida a bolsa de SpaceX este junio fue una escena perfecta de esa época. Durante sus primeros días en los parqués, la compañía espacial de Musk llegó a superar en cotización a Amazon, una de las máquinas de hacer dinero más grandes de la historia. El contraste es brutal. Amazon ingresó el año pasado 625.000 millones de euros y obtuvo alrededor de 68.000 millones de beneficio neto. SpaceX facturó unos 17.000 millones de euros y registró pérdidas netas de 4.250 millones. En cualquier economía mínimamente racional, la comparación provocaría sonrojo. En esta, provoca euforia bursátil.
‘MANGOS’, parte 1 | El nuevo club de tecnoligarcas que quiere controlar el mundo
Durante años nos acostumbraron a escuchar GAFAM como si fuera una palabra técnica, casi neutra. Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft. Sonaba a mercado, a innovación, a empresas modernas con oficinas de cristal y discursos sobre conectar el mundo. La realidad era bastante menos amable: eran corporaciones privadas colocando sus manos sobre la comunicación, el comercio, los sistemas operativos, la publicidad, la nube y la vida cotidiana de miles de millones de personas.
Ahora llega otro nombre. MANGOS.
Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX. Seis gigantes, o aspirantes a gigantes absolutos, situados en el centro de la nueva economía de la inteligencia artificial. No estamos hablando de empresas que venden aplicaciones. Estamos hablando de compañías que quieren convertirse en la carretera, el peaje, el coche, el combustible y la policía de tráfico de la era digital.
Te contamos todo en este reportaje en 8 partes.
Venezuela tiembla y la infancia vuelve a pagar la factura de un mundo indecente
Las vías para colaborar son claras. Se puede donar en la página de Save the Children, rellenando el formulario. También por Bizum, utilizando el código ONG 13132 con el concepto Terremoto Venezuela. Por teléfono, en el 900 37 37 15, gratuito, de lunes a viernes de 9 a 21h. Y por transferencia o ingreso en cuenta bancaria, indicando como concepto Terremoto Venezuela + DNI/NIE.
Las cuentas habilitadas son estas: Santander ES13 0049 0001 5224 1001 9194, CaixaBank ES89 2100 1727 1202 0003 2834 y BBVA ES83 0182 5502 5800 1002 0207.
También se puede entrar directamente aquí: https://www.savethechildren.es/donacion-ong/terremoto-en-venezuela-2026-fr-di
La Ilustración Oscura: el manual de instrucciones del capitalismo cuando ya no necesita fingir democracia
Desde 2020, esta corriente ha ganado visibilidad en el clima cultural de la derecha radical. Y desde 2024 y 2025, con el regreso del trumpismo institucional y la entrada de figuras tecnológicas en el centro del poder, dejó de ser una rareza de internet para convertirse en una sombra bastante concreta. No hace falta que cada político ultra haya leído a Yarvin. De hecho, probablemente muchos no han leído casi nada. Basta con que el ecosistema circule. Basta con que la idea infecte: democracia igual a decadencia, Estado social igual a parasitismo, igualdad igual a mediocridad, derechos igual a obstáculo.
Ese es el método. Primero se degrada la palabra democracia. Luego se ridiculiza lo público. Después se presenta a las instituciones como una conspiración de burócratas. Más tarde se promete una “limpieza” del Estado. Y al final aparece siempre el mismo beneficiario: el capital concentrado. La Ilustración Oscura no quiere liberar a nadie; quiere liberar al dinero de cualquier límite democrático.
Trump y la coartada perfecta: quizá nunca sepamos quién mató a más de 175 niñas y docentes en Irán
Donald Trump ha encontrado una fórmula obscena para hablar de una escuela de niñas destruida en Irán: quizá nunca se sepa quién tuvo la culpa. Así. Como si más de 175 menores y docentes muertos fueran un problema técnico, una interferencia en el radar, una mala tarde de burocracia militar. Como si una escuela no fuera una escuela. Como si una niña muerta bajo los escombros pudiera archivarse bajo la categoría cómoda de “confusión”.
Trump dice que quizá nunca se sepa quién fue responsable del ataque contra una escuela de niñas en Irán que mató a más de 175 menores y docentes.
Cepeda reconoce la victoria de De la Espriella: Colombia entra en cuatro años de oscuridad
Cepeda aceptó el resultado “como un acto de responsabilidad democrática” y para contribuir a “la convivencia, a la paz y al diálogo”. Ahí hay una diferencia esencial. La izquierda, incluso derrotada por menos de un punto, elige sostener el suelo democrático. La ultraderecha, cuando pierde, suele acusar fraude, señalar enemigos internos, inventar conspiraciones y convertir la derrota en gasolina para el odio. Lo hemos visto demasiadas veces. En Estados Unidos, en Brasil, en Europa, en todas partes donde el trumpismo ha dejado su peste política.
Aceptar una derrota no significa bendecir el proyecto ganador. No significa silencio. No significa resignación. Significa reconocer una cifra y prepararse para defender todo lo que esa cifra amenaza. Porque De la Espriella no llega solo. Llega con una cultura política detrás, con una red internacional detrás y con un programa de restauración autoritaria que no necesita esconder demasiado sus intenciones.
Venezuela tiembla: dos terremotos, edificios caídos y un país obligado a sobrevivir otra vez
Venezuela sufrió este 24 de junio dos golpes sísmicos consecutivos que han sacudido no solo la costa central del país, sino también la idea miserable de que las tragedias naturales llegan a territorios neutros. No llegan a territorios neutros. Llegan a ciudades con edificios envejecidos, servicios públicos castigados, familias empobrecidas, hospitales al límite y barrios donde la vida cotidiana ya era una prueba de resistencia antes de que el suelo empezara a moverse.
El primer terremoto fue registrado por el Servicio Geológico de Estados Unidos a las 18:04, con una magnitud de 7,2, cerca de San Felipe, en el estado de Yaracuy, a unos 280 kilómetros al oeste de Caracas. Casi inmediatamente después, un segundo terremoto, todavía más fuerte, golpeó la misma zona: magnitud 7,5, con epicentro cerca de Yumare. Antes, las primeras mediciones hablaron de 7,1 en las inmediaciones de Morón, en Carabobo. Las cifras se revisan, sí. Pero la destrucción no espera a que los organismos técnicos terminen de ajustar decimales.
Colombia ante el negocio de la guerra: puerta abierta al militarismo de De la Espriella
Colombia vuelve a mirar al abismo con una mezcla conocida: miedo, promesas de mano dura y una derecha que vende la guerra como si fuera una política pública. En el Putumayo, junto a la frontera con Ecuador, un centenar de guerrilleros de la Coordinadora Nacional de Combatientes espera desde el 14 de junio en un centro instalado por el Gobierno de Gustavo Petro. Ya entregaron las armas. Lo hicieron sin un marco legal sólido, sin garantías claras y con un calendario político encima: el 7 de agosto tomará posesión Abelardo De la Espriella, presidente electo de extrema derecha, abogado penalista de 47 años y nuevo apóstol de la guerra sin cuartel.
La escena es cruel. Un proceso de paz que no termina de cerrar nada deja a gente armada en transición, a territorios abandonados y a un Estado incapaz de sostener lo que promete. Petro llegó al poder en 2022 con la bandera de la “paz total”. La idea era ambiciosa, quizá necesaria, pero acaba su mandato sin acuerdos definitivos y con varios grupos armados más fuertes que al inicio. El ELN conserva control en zonas de frontera con Venezuela. Las disidencias de las antiguas FARC han crecido. Y el secuestro, que parecía una herida en retirada, vuelve a rondar los 350 casos al año.
La derecha ya tiene su relato servido: la paz fracasó, entonces toca plomo. Simple. Brutal. Falso. Porque el fracaso de una política de paz mal ejecutada no convierte la guerra en una solución inteligente. La convierte, como tantas veces, en el refugio de quienes no saben gobernar otra cosa que el miedo.
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Más de medio millón de personas ya han visto nuestro vídeo sobre cómo los centros de datos de la IA nos están dejando sin agua
Más de medio millón de personas han visto ya nuestro vídeo sobre el verdadero coste de los centros de datos de la inteligencia artificial. Más de medio millón. Y no lo han visto porque el asunto sea una curiosidad tecnológica ni porque les interese saber cómo funciona un servidor. Lo han visto porque cada vez más gente entiende que esa cosa aparentemente abstracta llamada IA tiene una existencia muy física: edificios gigantescos, subestaciones eléctricas, tuberías, kilómetros de cableado y millones de litros de agua desapareciendo dentro de sistemas de refrigeración.
La respuesta al vídeo confirma algo que las grandes tecnológicas preferirían seguir escondiendo detrás de anuncios llenos de palabras como innovación, progreso y futuro. La preocupación es real. La gente sabe que no estamos hablando de una nube mágica flotando sobre nuestras cabezas, sino de una industria pesada que quiere apropiarse de recursos públicos para alimentar negocios privados. Y quiere hacerlo deprisa, antes de que las comunidades entiendan qué les están plantando al lado de casa.
Nuestro vídeo reúne las advertencias de Erin Brockovich, la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, un exboxeador estadounidense, Alexandria Ocasio-Cortez y Naciones Unidas. Personas con trayectorias, ideologías y responsabilidades muy distintas. Todas están mirando hacia el mismo lugar. Todas están viendo cómo la expansión descontrolada de los centros de datos amenaza el agua, dispara el consumo eléctrico y concentra todavía más poder en manos de un puñado de corporaciones.
Xbox despide a 3.200 personas: el riesgo era de los jefes, la factura es de la plantilla
Xbox acaba de confirmar la mayor reestructuración de su historia. El 6 de julio, Asha Sharma comunicó a la plantilla que la división reducirá aproximadamente 3.200 puestos durante el año fiscal 2027, con 1.600 despidos inmediatos y cuatro estudios saliendo de Xbox hacia nueva gestión. Microsoft, en paralelo, recorta unos 4.800 empleos en total, alrededor del 2% de su plantilla global. No es una anécdota. Es una purga empresarial envuelta en lenguaje de consultora.
La frase oficial es casi una confesión: “nuestro negocio hoy no es saludable”. La dirección reconoce márgenes entre 3 y 10 veces inferiores a los de negocios comparables, una base instalada menor, costes más altos y una apuesta por Game Pass, el modelo multiplataforma y una cartera más amplia de contenidos que “no creció al ritmo esperado”. Dicho sin barniz corporativo: los jefes imaginaron una máquina de crecimiento infinito, compraron estudios, multiplicaron equipos, alargaron inversiones y ahora explican que se equivocaron. Pero quienes salen por la puerta no son quienes vendieron la fantasía. Son trabajadoras y trabajadores que hicieron exactamente lo que les dijeron.
Sony quiere matar el disco: juegos digitales para ricos y propiedad de mentira
Sony ya ha puesto fecha al entierro del formato físico. En su propia web de PlayStation avisa de que, desde enero de 2028, los nuevos juegos lanzados para PlayStation se podrán comprar en PlayStation Store y en tiendas, pero solo en formato digital. Los discos de juegos publicados antes de esa fecha seguirán funcionando, sí. Ese matiz importa. Pero el camino está marcado: el futuro que Sony quiere vender no cabe en una estantería, cabe en una cuenta, en una contraseña, en un servidor y en unas condiciones de uso que casi nadie lee porque están escritas precisamente para que casi nadie las lea.
La compañía lo presenta como adaptación al consumo. Reuters informó el 1 de julio de que Sony dejará de producir discos físicos para los nuevos lanzamientos de PlayStation desde enero de 2028, en un giro que llega después de que cerca del 80% de sus ventas completas de juegos en el año fiscal 2025 fueran digitales. La cifra parece aplastante. Lo digital ya domina. Pero una cosa es que millones de personas compren digital porque es cómodo, porque hay rebajas puntuales o porque las empresas empujan el mercado hacia ahí; otra muy distinta es convertir esa tendencia en una jaula.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
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