Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Una comunidad académica agotada planta cara al desmantelamiento lento, metódico y perfectamente calculado
LA UNIVERSIDAD PÚBLICA, A RAS DE SUELO
La Ciudad Universitaria amaneció convertida en una estampa que decía más que cualquier discurso institucional. Frío. Silencio. Aulas vacías. Y en medio de esa quietud, un mensaje contundente: la universidad pública madrileña está siendo sacrificada en nombre de un modelo que antepone balances a derechos.
La primera de las dos jornadas de huelga convocadas por plataformas estudiantiles y sindicales evidenció lo que lleva años gestándose. Una infrafinanciación crónica que ha empujado a los seis campus públicos de la región a un punto de degradación tan visible que incluso quienes intentan justificar lo injustificable han dejado de saber dónde mirar.
Los piquetes informativos —apenas una treintena de personas según EFE y una veintena de estudiantes según Europa Press— no representaban falta de apoyo sino agotamiento acumulado. Repartieron octavillas, pegaron carteles, denunciaron que lo que Ayuso llama “modernización” es, en realidad, la antesala de un modelo empresarial donde la autonomía universitaria es tratada como obstáculo.
Las consignas, repetidas sin estridencias, marcaron el tono del día:
Ayuso, escucha, la uni está en lucha.
Si nos roban el futuro, a la huelga general.
En la UPM, la pancarta más repetida resumió el estado del sistema: La uni se cae.
Isabel González, profesora de la Escuela de Arquitectura, lo dijo con precisión quirúrgica: el borrador filtrado de la LESUC es un ataque flagrante. No por lo que promete, sino por lo que oculta: un Consejo Social reforzado para intervenir desde fuera, un presupuesto incapaz de cubrir necesidades básicas, y un deterioro físico que se ha convertido en símbolo político. Ascensores que no funcionan, baños inutilizados, laboratorios sin materiales, aulas sin asientos suficientes. El día a día de profesoras, profesores, estudiantes y personal técnico que llevan años sosteniendo instituciones abandonadas.
La Complutense se convirtió en epicentro de la respuesta: alrededor de 300 estudiantes pasaron la madrugada del 25 al 26 encerrados preparando materiales y organizando charlas. La misma universidad que hace semanas pidió un préstamo de 34,5 millones a la Comunidad para poder pagar el déficit. Su rector ha asegurado que las nóminas “no están en riesgo”. Que la frase exista ya debería ser una alarma por sí misma.
CGT informó de un 100% de seguimiento en el campus de Somosaguas. Un dato que desmonta cualquier intento de minimizar la protesta. Pero el Gobierno madrileño eligió el relato más cómodo: negar la legitimidad del malestar, reafirmar su propia versión de los hechos y acusar a la comunidad universitaria de protestar contra quien supuestamente la financia.
EL RELATO OFICIAL Y LA REALIDAD DE LOS PASILLOS
El consejero Emilio Viciana salió al paso con un discurso sin matices. Defendió que la Comunidad destinará 1.239,7 millones en 2026, un aumento de 75,3 millones respecto al año anterior. Un 6,5% que, presentado como generosidad, oculta lo esencial: no compensa la inflación, no revierte los recortes acumulados y no cubre el coste real de mantener la calidad docente e investigadora.
La cifra más repetida por el Ejecutivo —un 26% de incremento acumulado en los fondos desde que Ayuso es presidenta— no responde a la pregunta fundamental:
¿Por qué entonces las universidades se endeudan, se deterioran y pierden capacidad investigadora?
La respuesta está en las condiciones, no en el número. En la infrafinanciación estructural. En los edificios que literalmente se caen. En el profesorado precarizado con contratos asociados que impiden estabilidad y dedicación plena. En los laboratorios que no pueden impartir prácticas. En quienes trabajan en condiciones impropias de un sistema que presume de excelencia mientras se hunde en burocracia y abandono.
La estrategia política del Gobierno regional se completó con una maniobra ya habitual: desviar el foco hacia el “cupo independentista”, acusando al Gobierno central de restar 170 millones anuales a las universidades madrileñas. Una cifra útil para el debate partidista, irrelevante para explicar por qué los pasillos siguen llenos de goteras.
Sobre la LESUC, la promesa de un “modelo de financiación plurianual, revisable y adaptado” suena más a promesa que a garantía. La comunidad universitaria no protesta por deporte: protesta porque lleva años constatando que bajo cada reforma presentada como modernizadora se esconde una nueva vuelta de tuerca privatizadora.
El Gobierno asegura que “no va a dejar caer” a ninguna universidad.
La realidad es que algunas ya están cayendo.
Y lo están haciendo en silencio, entre ascensores que no funcionan, laboratorios vacíos y aulas saturadas.
Porque cuando una sociedad permite que su conocimiento se convierta en mercancía, acepta también que su futuro se venda al mejor postor.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Netanyahu ya no disimula: Gaza se ocupa por porcentajes
Netanyahu ya no disimula. Gaza se está ocupando por porcentajes: primero el 52%, luego el 60%, ahora ordena avanzar hasta el 70% y, cuando el público le pide el 100%, responde con una broma: “vayamos en orden”.
Eso no es seguridad. Es desposesión administrada. Es convertir un alto el fuego en una coartada para encerrar a 2,1 millones de personas en cada vez menos territorio, mientras el mundo finge sorpresa ante una estrategia que lleva meses desplegándose delante de todos.
Cuando un Gobierno habla de ocupar Gaza por fases, ya no estamos ante una guerra: estamos ante un plan.
👉 El artículo completo puede leerse en el primer comentario.
Y si quieres ayudarnos a seguir haciendo periodismo que no baja la cabeza:
donorbox.org/aliadas
Contra el racismo institucional: Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le contestó con una palabra incómoda, pruebas
Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le ha contestado con lo único que desmonta la propaganda: pruebas. Y no las había. Ni de que la sanidad fuera a hundirse, ni de que la educación fuera a reventar, ni de que Madrid fuese a convertirse en una especie de apocalipsis administrativo por regularizar a personas migrantes.
El truco es viejo y miserable: primero deterioran lo público y luego culpan a quienes llegan buscando derechos, trabajo y una vida posible. No era gestión. Era racismo institucional con membrete oficial.
El artículo completo puede leerse en el primer comentario 👇
Y si queréis ayudarnos a seguir haciendo periodismo que no agacha la cabeza: Donorbox.org/aliadas
Aimar Bretos toma ‘Hoy por hoy’ mientras la SER intenta vender normalidad donde huele a crisis
La SER intenta vender como relevo natural lo que suena demasiado a operación de poder.
Aimar Bretos asumirá Hoy por hoy el 31 de agosto, tras la salida de Àngels Barceló después de 21 años en la cadena y 7 al frente del programa. El problema no es Bretos. El problema es ese viejo truco de llamar “pluralidad” a lo que muchas veces significa presión editorial, ajuste interno y disciplina empresarial.
Porque cuando una periodista sale así, cuando compañeras y compañeros lamentan públicamente las formas, cuando la plantilla tiene que defender su profesionalidad, la palabra independencia empieza a sonar menos a principio y más a decorado.
A lo que llaman relevo quizá haya que llamarlo por su nombre: una operación de despacho con música de sintonía.
👉 Artículo completo en el primer comentario.
💥 Puedes ayudarnos a seguir haciendo periodismo incómodo en Donorbox.org/aliadas.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete a Silicon Valley en el corazón de Defensa
Defensa entregó a una empresa nacida en el ecosistema de la CIA una pieza sensible de la inteligencia militar española, sin publicidad, con una sola oferta y bajo una capa de secreto que huele demasiado a negocio blindado.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete el tecnofascismo en Defensa
Mientras nos hablan de modernización, eficiencia y seguridad, el Estado español abre la puerta de su inteligencia militar a una de las empresas más vinculadas al negocio global de la vigilancia, la guerra y el poder algorítmico. Te lo contamos en #ReportajesSR. Presentado por Patricia Salvador.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir