Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
La falsa muerte de Daniel Hernán Huerta fue una operación de daño contra personas trans y queer convertida en escaparate editorial.
LA MUERTE INVENTADA COMO ARMA POLÍTICA
Hay líneas que no se cruzan. O no deberían cruzarse. Fingir un suicidio durante horas, envolverlo en un comunicado familiar, señalar a personas trans y queer como responsables y terminar reapareciendo con un libro en la mano no es una “performance”. No es una provocación intelectual. No es una gamberrada de redes. Es convertir una tragedia social en munición política y en reclamo comercial.
El comunicado falso apareció fechado el 22 de mayo. En él se atribuía la supuesta muerte de Daniel Hernán Huerta a una campaña de acoso procedente del ámbito queer. Se hablaba de “catorce años” de hostigamiento. Se señalaba a colectivos concretos. Se usaba el suicidio, una de las realidades más delicadas y devastadoras que puede atravesar una familia, como martillo contra quienes ya viven bajo sospecha permanente. El texto fue reproducido públicamente el 23 de mayo en Indymedia, como procedente del Instagram de La Rosa Negra.
No era solo un falso anuncio de muerte. Era un relato cerrado. Había víctima, culpables y moraleja. Y la moraleja era la de siempre: las personas trans y queer como monstruo moral, como amenaza, como masa fanática capaz de empujar a alguien al abismo. La extrema derecha cultural no necesita pruebas cuando tiene un cadáver simbólico sobre la mesa. Y aquí, durante unas horas, tuvo uno fabricado.
Después vino la resurrección. El 24 de mayo, Daniel Hernán Huerta reapareció en vídeo diciendo que estaba vivo. Según publicó La Nación, el vídeo fue difundido en Instagram de La Rosa Negra y en cuentas de X. Aparecía con un ejemplar de Desqueerizar el anarquismo y habló de “muerte social” o “muerte simbólica”. La frase final, recogida por el medio, era casi obscena por su teatralidad: “Estoy vivo, estoy vivo, estoy vivo”. Vivo, sí. Pero con demasiada gente utilizada como atrezo de una campaña miserable.
El libro existe. No hablamos de una sombra. La ficha de La Rosa Negra Ediciones presenta Desqueerizar el anarquismo. Contra el relativismo posmoderno, firmado por Daniel Hernán Huerta, en preventa, a 12 euros, con aproximadamente 300 páginas, dentro de la colección En La Llaga y con ISBN 978-84-946886-8-3. La propia descripción pregunta si es posible criticar la “ideología transgenerista y queer” más allá de la extrema derecha. Pues vaya manera de demostrarlo: con una falsa muerte usada para señalar a personas trans y queer como responsables de un suicidio que no existía.
Y ahí está el enlace que se difundió después:
No hace falta adornarlo mucho. Cuando alguien juega con el suicidio para promocionar un libro, el problema no es solo ético. Es político. Porque el suicidio no es un recurso narrativo para vender preventas. No es una metáfora barata. No es una estrategia de visibilidad para colocar un ensayo en la conversación pública. Es una herida real. Lo saben las familias. Lo saben las y los profesionales de salud mental. Lo sabe cualquiera que haya tenido cerca una pérdida así.
LOS ALTAVOCES DEL BULO Y LA IMPUNIDAD DEL ODIO
La maquinaria funcionó como funcionan estas cosas: rápido, sucio y con una seguridad moral insultante. Lucía Etxebarria, Juan Soto Ivars, Paula Fraga y José Errasti aparecieron entre quienes difundieron o comentaron la supuesta muerte, según las capturas aportadas y medios que han recogido la amplificación del caso. Diario Red publicó el 25 de mayo que perfiles del feminismo tránsfobo y de la extrema derecha tragaron el falso suicidio y lo usaron para criminalizar al colectivo LGTBIQ+.
Aquí conviene ser muy precisos. No hay prueba pública, por ahora, de que esas personas supieran de antemano que el suicidio era falso. Eso debe investigarse, no insinuarse alegremente. Pero sí hay algo evidente: difundieron, comentaron o alimentaron un relato no verificado que señalaba políticamente a personas trans y queer como responsables de una muerte. Y eso ya es gravísimo. No por error. Por el patrón.
Porque esta gente no se limitó a decir “qué tragedia”. No. El falso comunicado sirvió para cargar contra Irene Montero, contra el activismo queer, contra quienes defienden derechos trans, contra toda una constelación de personas convertidas otra vez en chivo expiatorio. La muerte inventada pasó a ser prueba definitiva de una tesis previa. La tesis estaba escrita antes del cadáver. Solo necesitaban el cadáver.
Y cuando el cadáver resultó ser propaganda, empezó el repliegue táctico. Algún borrado. Alguna disculpa. Alguna cara de sorpresa. Pero la pregunta sigue ahí, clavada: quién pidió perdón a las personas trans y queer señaladas durante horas como responsables de un suicidio falso. Quién asumió que había participado en una lapidación digital basada en una mentira. Quién explicó a sus seguidores y seguidoras que habían sido arrastrados a una campaña repugnante.
No basta con decir “me lo creí”. Las y los periodistas, escritoras, escritores, docentes, tertulianas y opinadores con miles de seguidores tienen responsabilidad. Más aún cuando el relato encaja demasiado bien con sus obsesiones. Si una historia sirve perfectamente para odiar al enemigo de siempre, se verifica el doble. No la mitad. El doble.
La cuestión de fondo no es solo Daniel Hernán Huerta. Es el ecosistema. Una red donde la atención vale más que la decencia. Donde el dolor ajeno se empaqueta. Donde el suicidio se transforma en teaser. Donde un libro a 12 euros puede acabar rodeado de una campaña de señalamiento contra personas vulnerables. Donde se puede construir una “muerte” durante 24 horas y luego llamarla muerte simbólica, como si las palabras no dejaran heridas.
Esto no fue un debate sobre teoría queer. Tampoco una disputa intelectual dentro del anarquismo. Fue otra cosa. Más fea. Más vieja. Fue el uso de una mentira para reforzar una cruzada. Fue propaganda con olor a necrológica. Fue marketing vestido de duelo. Fue una demostración brutal de hasta dónde puede llegar la necesidad de atención cuando se junta con odio político.
Y si fingir una muerte para vender un libro no convierte a alguien en un cadáver moral, entonces ya hemos perdido demasiadas palabras por el camino.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir